Si soplaba de Tramuntana, nos íbamos yendo hacia Punta Galinda; si rolaba a Llebeig (cosa frecuente varias veces en la misma mañana en esa zona), ibamos hacia el Cap de Tramuntana de la Dragonera. Con suerte volvíamos con unos cuatro quilos de pescado. Los días que menos conseguíamos "al manco tapar es cul de sa sanaia".
Hoy en día se sale con lanchas de 200 CV para ir deprisa a todos los agujeros conocidos y por conocer para pescar esto, y esto, y aquello. Por no decir de la histeria colectiva que se desata con los raones. Ya por no hablar de los que andan por ahí con sondas que permiten verles el jeto a los peces.
Creo que lo que era un entretenimiento y una afición, en la que la noche anterior preparabas “es sorell i el salaves”, porque es un cebo barato y que funciona; para la que bastaban cinco litros de gasolina, un bocata de sobrasada y/o unas quelitas, se ha convertido en un fenómeno parecido al fútbol, según la definición de Santiago Segurola: en los 80 había hinchas, hoy en día hay consumidores.


