La cosa es seria. La ignorancia no es ningún mérito político, aunque ahora sean muchos los que creen que carecer de los conocimientos más básicos no es un hándicappara ser líder político. Vamos a ver. Nuestra salud mental está en juego.
¿Por qué hemos tenido que sufrir a un Matas que quería poner la más grande de las óperas en medio de la bocana del puerto de Palma? ¿Por qué hemos tenido que padecer que un conseller de Educación (nada menos) recomendara a Bauzá que recibiera a un promotor inmobiliario que quería convertir el Moll Vell en un parque temático con campito de golf incluido?
Ya sólo por estas dos abominables ocurrencias, Matas y el conseller, los dos nuevos calatravos, tendrían que haber sido juzgados por peligrosidad pública. Pero no, se fueron a casa como dos grandes diseñadores incomprendidos. Así no nos puede extrañar que pase lo que pasa. Por ejemplo, en el Ayuntamiento de Ibiza, donde sus ediles son objeto de chirigotas por su comparsa carnavalesca defendiendo que la marina del puerto sea un gran aparcamiento subterráneo y un gran paseo público. Vamos a ver, ¿no hay ninguna alma caritativa que les informe que los puertos se construyen para atracar barcos? ¿Nadie que les recuerde que los ayuntamientos no tienen competencias portuarias y que sus sesiones sobre estos asuntos, bla, bla, bla, es inútil palabrería? Parece que no.
Al igual que Alianza Mar Blava, asociación política también ibicenca, que no contenta con apropiarse del éxito de la repulsa a las prospecciones, cuya protesta fue iniciada por los hoteleros, no por sus miembros, que estuvieron muy calladitos cuando las aprobó Zapatero, ahora anuncian su petición para que se anule todo el ruido del tráfico marítimo entre el Levante peninsular y las Baleares, sin que quede muy claro que es lo que pretenden con esta nueva panacea ambiental.
¿Acaso la interrupción de la navegación y la incomunicación de las islas? ¿Quizá la vuelta de los grandes paquebotes a vela? No lo sabemos, excepto que ya cuentan con el apoyo de los autodenominados políticos progresistas que, como sabemos, reaccionarios, quieren que regresemos a un pasado ecologístico que no existió nunca. O sea, más bla, bla, bla, sin concreción alguna. Pero sigamos.
Ahora, como novedad, el Govern nos informa que «más de 4.000 personas están en lista de espera para conseguir amarre» y que «la Conselleria de Mobilitat» está «elaborando una radiografía de los puertos para descongestionar la situación». Tiene narices la cosa. A estas alturas el Govern se entera de lo que todos sabemos desde hace veinte años. Que en cuestión de amarres, hay más demanda que oferta. Lo asombroso, es que no encuentre solución alguna para solventar el asunto, ni siquiera la más lógica: construir más amarres. Y ya no hay problema o como mucho ya lo será menos y reduce la lista de espera. Pero el Govern no está por la labor de ampliar un poco cada puerto. Ah, no, esto es pecado mortal. Bla,bla,bla. Así que me pregunto que es lo quieren radiografiar.
¿Acaso la locura de los peticionarios? Si no quiere construirlos, y no quiere, ¿a qué viene pues que el Govern nos informe de un problema que no sabe resolver y que para solucionarlo bastan tan solo dos neuronas, una para sumar y otra para restar? ¿Carece de ellas? Lo dicho, no nos los merecemos.

