Todos ustedes tuvieron la oportunidad de leer el pasado mes en este periódico el largo artículo, a página completa, firmado por Antoni Noguera, teniente de alcalde de Modelo de Ciudad, Urbanismo y Vivienda del Ayuntamiento de Palma. Un auténtico panfleto político, en mi opinión, en el que el ilustre regidor y próximo alcalde no sólo no desvanece la desconfianza creada por su sectario apoyo a la plataforma de protesta «Al Molinar, Port Petit», sino, que tambiénpresume de «moderar» el proceso de gentrificación en el que está inmerso este popular barrio palmesano. Además de, claro está, perseverar en sus prejuicios ideológicos hacia el Club Marítimo del Molinar y contra los clubes náuticos en general. Pero vayamos por partes.
El término gentrificación es un neologismo, o si se prefiere, barbarismo, que procede del inglés «gentrification» y que, en urbanismo, viene a significar elitización residencial. O sea, desplazamiento de antiguos vecinos por nuevos vecinos de rentas más altas. Dicho más claro: ciudadanos humildes que se ven expulsados de su barrio por la revalorización de los alquileres y los pisos. Lo que no es otra cosa que la tan conocida y consentida especulación inmobiliaria. Que era, recordemos, la que yo criticaba en mi anterior artículo puntualizando que la acusación especuladora de «Al Molinar, Port Petit» no tenía que ir dirigida a los socios del club y los viejos vecinos del barrio, sino a quienes, recién llegados a él, han comprado a bajo precio en búsqueda del beneficio de un posterior encarecimiento de la zona que el Ayuntamiento de Palma nunca se ha preocupado de impedir ni de controlar.
Al respecto, el regidor Noguera no nos puede mentir. Desde hace veinte años a Cort solamente le ha interesado renovar el antiguo arrabal a través de la rehabilitación y la reconstrucción, sin importarle falsear el patrimonio urbanístico que tenía esta popular barriada de trabajadores. O sea, echar a los pobres de sus casas. Esconderlos en suburbios del interior. Impedirles que estén en primera línea de mar. El más paradigmático ejemplo del cambio de modelo de ciudad que promocionan el señor Noguera y sus aláteres de «Al Molinar, Port Petit». Ahí están las fotografías en las que puede verse cómo ha cambiado y se sigue cambiando sin moderación alguna la antigua fisonomía urbanística del barrio. Todo su skyline, reponiendo nuevas fachadas, sumándole áticos y añadiendo mucha obra nueva.
Pero si esto ya es mucho, no menos lo es intentar desviar la debida vigilancia sobre este proceso para acusar a los socios del club marítimo de especular con los amarres y su pequeña ampliación. Esto es ya pérfida falsedad. Noguera sabe que tanto la APB como PortsIB establecen en cada concesión una escala de máximos precios por esloras y espejo de agua. También sabe que la Agencia Tributaria de Baleares publica anualmente en el BOIB el listado del valor real de los amarres de todos los puertos deportivos de Baleares como principal referente oficial de cortapisa especulativa en el sector. Así que el regidor de Urbanismo no puede justificar ni defender las atrevidas imputaciones realizadas por «Al Molinar, Port Petit» contra el club marítimo. Y menos cuando se hacen desde la ignorancia. Por lo que tampoco estaría de más que el teniente de alcalde, siendo, como es, miembro del consejo de administración de la APB, les informara de que toda la costa del Molinar, hasta Ciudad Jardín, es, por ley, zona de navegación y obra portuaria.
Y para acabar. Llama enormemente la atención que ya que «Al Molinar, Port Petit» le preocupa tanto el supuesto daño que supondría la pequeña ampliación del club al entorno marino, no haya protestado nunca, ni una sola vez siquiera, por los vertidos diarios de los tres emisarios submarinos municipales que cada día contaminan y arrasan toda la flora y la fauna marina del litoral del Molinar. Cosa esta, que por si sola, les roba toda credibilidad.


