Mientras que la mitad de la flota, aquellos que pretenden ganar la regata, gastarán cerca de cuatro millones de euros, barco incluido, y el resto de participantes no bajan del millón a base de alquilar barcos más antiguos, nuestro compatriota Didac Costa apenas cuenta con 300.000 euros, que ha conseguido a través de créditos y ayudas de amigos: todo lo demás, y para superara este reto casi inhumano, lo debe poner él: coraje, ilusión, afán de superación, y un poco de locura.
A los españoles nos cuesta más que a nadie sacar adelante proyectos deportivos que no tengan al fútbol como protagonista. Por poner un ejemplo: si en el popular ciclismo, de gran seguimiento en nuestro país, solo contamos con un equipo protour, es lógico que en nuestra actividad de mar, tan maltratada por la clase política, sea endiabladamente difícil conseguir ayudas, dado, además, el nulo seguimiento que se hace de las regatas oceánicas en los medios de comunicación.
Recuerdo, con bochorno y tristeza, la implicación política en una de las ediciones de la Globe cuando J.L.Ugarte participó en 1992 con su barco BBK Euskadi-Europa 92, en clara alusión a que el país vasco era Europa pero no España.
Por eso, cuando llegamos a Les Sables, comprobamos los fastos que había montado el Gobierno Vasco con políticos y enormes carpas donde se repartían catálogos del Pais Vasco escritos en euskera, francés e inglés, sin que apareciese el español por ningún lado. Algo surrealista que tuvo perplejos a los organizadores galos, y que provocó que mi mujer y yo nos quejáramos al equipo del marino español, obteniendo como respuesta que, solo respetando las estrictas condiciones del Gobierno Vasco habían logrado obtener el dinero necesario para comprar el velero y participar en la prueba. Vamos, clase política nacionalista en estado puro.
Sin embargo, cuando diferentes colectivos del País Vasco pidieron el preciado premio Príncipe de Asturias para el navegante vasco, argumentando que había terminado tan durísima regata con más de 60 años, lo que seguramente era muy merecido, nunca se le concedió, pues, en las altas esferas del deporte español y entre los navegantes que nos sentimos orgullosos de representar a nuestra nación seamos catalanes, vascos, mallorquines o extremeños, había un gran malestar por esta forma repugnante de actuar del Gobierno Vasco, que se aprovechó de un acontecimiento deportivo internacional para hacer daño a nuestro país y reivindicar derechos que, en todo caso, debía exponer en otros foros.
Sí, amigos esta, entre muchas otras, es la triste historia de nuestros héroes; hombres y mujeres que deben luchar contra los idiotas, los corruptos y toda la banda de restriega patrias que caben en nuestra geografía nacional. Pero el abandono también lo han sentido muchos otros grandes deportistas, entre ellos Mireia Belmonte, Carolina Marín o Javier Fernández, nuestro extraordinario patinador, por solo citar a unos pocos. Por eso, Didac al menos contará con el apoyo y el reconocimiento de toda la gran familia de la mar, y así se lo haré llegar en Francia, además de prometeros una larga entrevista para Gaceta.


