En un viaje reciente a Japón tuve la fortuna de emprender amistad con un español, zaragozano por más señas, afincado en Tokio y empleado en SEGA, y con sendas mujeres japonesas, una de ellas funcionaria de la Administración nipona, también residente en la capital y, la otra, diseñadora y empresaria radicada en la ciudad de los kimonos, Kioto. De la conversación con estas nuevas relaciones pude asentar los conocimientos acerca de la sociedad heredera del Imperio del Sol Naciente que había adquirido con lecturas previas.
Durante mi periplo de tres de semanas por el archipiélago nipón deduje sin dificultad que la sociedad japonesa es extremadamente patriarcal y jerárquica. De hecho, según supe, en Japón existen diferentes fórmulas para dirigirse en el ámbito social y laboral a un inferior, a un igual y a un superior jerárquico. También supe, por observación en los onsen y tertulia en alguna que otra velada de inmersión en templos, ryokan y en mi habitación del Hyatt de Tokio, que la incorporación de las mujeres a la vida empresarial y laboral nipona no ha sido nada fácil.
En una sociedad tan conservadora como para provocar la enfermedad de una princesa por los motivos que trascienden a la prensa occidental (haber parido una hija en lugar de un varón como heredero al trono) resulta complicado que converjan el protocolo, tan estricto, asentado por tradición en todos los estamentos y las nuevas costumbres sociales que emanan de esa tecnología de ciencia ficción que invade hasta los cuartos de baño.
Hombres y mujeres en Japón apenas socializan entre sí fuera del ambiente de trabajo. Esta es una realidad que pude constatar y que ha derivado en vagones de tren y metro estrictamente para mujeres, así como espacios reservados en el andén exclusivos para féminas que pretenden prevenir el acoso (el toqueteo, vamos) que se da en los espacios públicos multitudinarios.
.s1En este contexto, no es extraño que la propia naviera NKY haya divulgado como un acontecimiento de carácter histórico que, por fin, una mujer asciende al rango de capitán en la compañía.
La oficial de cubierta Tomoko Konishi se convirtió el pasado mes de abril en la primera mujer que ha ascendido al grado de capitán en la historia de la prestigiosa naviera NYK. Konishi empezó a trabajar en la NYK en 2004 después de graduarse en el Instituto Nacional de Tecnología, Toba College, en la prefectura de Mie. Desde entonces, ha trabajado a bordo de buques portacontenedores, transportistas de automóviles y camiones y portadores de GNL, entre otros, como oficial femenina.
En 2004, NYK se convirtió en la primera compañía oceanográfica japonesa en aceptar a mujeres como oficiales y desde entonces su número ha seguido aumentando aunque lentamente: de los 560 oficiales solamente 14 son mujeres. Fundada hace 132 años la Nippon Yusen Kabushiki Kaisha (NYK) es una de las compañías de transporte líderes en el mundo. A finales de marzo de 2016, el Grupo NYK operaba 821 buques en alta mar, así como flotas de aviones y camiones. La flota marítima de la compañía incluye 377 graneleros, 119 transportistas de automóviles, 99 buques portacontenedores (incluidos los semi-contenedores), 68 transportistas de GNL, 68 buques tanque, 47 buques de madera, un crucero y 42 buques más (incluidos los buques de carga multipropósito y de proyecto).
Los ingresos de NYK en el año fiscal 2015 superaron los $ 22 mil millones y, como grupo, NYK emplea a más de 34.000 personas en todo el mundo. NYK tiene su sede principal en Tokio y sedes regionales en Londres, Nueva York, Singapur, Hong Kong, Shanghái, Sídney y Sao Paulo, según datos proporcionados por la propia compañía a través de su web. La naviera NYK Line, que forma parte del grupo NYK, está representada en España por la firma Combalía Agencia Marítima.

