El biólogo Xavier Pastor (Palma, 1950) sigue siendo uno de los grandes referentes del ecologismo en España a pesar de que, a sus 69 años y tras decenas de miles de millas navegadas por todos mares del mundo, está apartado de la primera línea. Lo primero que dice, a modo de advertencia, es que no tiene animadversión por el sector náutico y que se enorgullece de su familia de marinos y marineros. Su padre, Javier Pastor Quijada, fue uno de los grandes defensores del patrimonio marítimo de Baleares y su hermana Elena, también bióloga, sigue vinculada profesionalmente al mar. «Todos siempre de alguna manera u otra hemos estado relacionados con los océanos». En su recuerdo quedan sus combativas y espectaculares campañas al frente del GOB Mallorca, Greenpeace España –que él mismo fundó– u Océana, entidad de la que fue director ejecutivo. En esta entrevista dice hablar en nombre propio. Lo hace con tono pausado y no rehúye ningún tema.
Pregunta.– ¿Qué le parece el decreto de la posidonia que aprobó el Govern la pasada legislatura?
Respuesta.– Me parece muy bien aunque reconozco que al principio no se le dio demasiada importancia a los vertidos, no se abordó cómo debería haberse hecho y aquí las asociaciones de navegantes y los clubes han jugado un papel fundamental para que se haya puesto sobre la mesa de debate este problema que se tendrá que solventar.
P.– ¿Cómo es que posible que el Govern haya puesto en marcha el decreto sin una cartografía de la posidonia para que los navegantes sepan exactamente dónde no deben fondear?
R.– Si hubieran esperado a tener todos los fondos cartografiados, el decreto no se hubiese aprobado en una o dos legislaturas. La situación era lo suficientemente urgente como para legislar y ya se han ido incorporando algunas correcciones. Estoy seguro de que se acabarán cartografiando los fondos. Una cosa fuerza la otra.
P.– Pero el decreto ignora el asunto de los vertidos de aguas residuales.
R.– Efectivamente, lo ignora bastante. La gravedad de los vertidos de aguas residuales mal depuradas se ha multiplicado en los últimos años por la masificación de turistas y el aumento poblacional. Baleares fue líder en la depuración de aguas en las décadas de los 60 y 70. Los hoteleros impulsaron la construcción de estas instalaciones, conscientes de que sin aguas limpias no hay sector turístico
P.– ¿Por qué las entidades ecologistas y proteccionistas de Baleares han sido tan poco beligerantes con los vertidos de aguas mal depuradas?
R.– A veces se nos escapan temas por falta de capacidad, pero no hay ninguna razón oculta. Se puede aceptar la crítica de que los vertidos de aguas mal depuradas al mar no ha sido una prioridad en ninguna de nuestras campañas. Sin embargo, no es cierto que no se haya hecho nada al respecto. Recuerdo que ya a mediados de los ochenta taponamos el emisario de aguas fecales de Andratx y pusimos una querella criminal al alcalde. Al cabo de seis meses la localidad tenía una depuradora.
P.– ¿Le parece que la judicialización del caso los vertidos de Emaya era necesaria?
R.– Lo siento por las personas que se verán investigadas e imputadas porque creo que son decentes y se preocuparon por esta cuestión. Si hay que presionar a la administración para que castigue el delito ecológico, que está para defender el medio ambiente y a los ciudadanos, lo creo necesario. Ojalá no se hubiese llegado a este punto.
P.– Hablemos de pesca, un asunto que usted conoce muy bien. Se ha ampliado el Parque de Cabrera pero, al crecer, se ha generado un conflicto de competencias por la gestión de este espacio (entre Gobierno central y autonómico). ¿Cómo se debería resolver este problema imprevisto?
R.– Es lamentable que un proceso que había ido tan bien se encuentre en esta situación. El Parque Nacional de Cabrera debe ser uno, no dos. Tiene que tener una sola dirección que coordine dos administraciones. Desde el órganismo autónomo Parques Nacionales del Gobierno central se deben facilitar una buena parte de los recursos y la gestión debe ser coordinada y compartida, pero bajo la dirección del Govern balear. Este conflicto se tiene que resolver para evitar que su evolución sea favorable a sectores que preferirían que no existiera el parque en vez de dar continuidad ecológica a este espacio.
P.– Los pescadores recreativos dicen que la ampliación prohíbe su actividad pero permite la profesional, que, a su juicio, es mucho más perjudicial.
R.– Creo que los pescadores recreativos no sólo no se ven perjudicados, sino beneficiados por esta medida, porque pescan a una distancia y profundidad que no alcanza las zonas protegidas. Hoy en día la visión de los pescadores recreativos se ve afectada por un sector nuevo, el chárter deportivo de pesca de altura (peces espada, túnidos…), con el que se hace un negocio importante. En Cabrera se ha evolucionado mucho porque al principio no se iba a permitir ningún tipo de pesca, aunque pronto se vio que con los pescadores profesionales en contra no hubiera habido parque. Los parques y las reservas protegen a las flotas artesanales, que son sanas y viables, además de su papel etnológico y cultural. A estos pescadores se les debe exigir a cambio que cumplan estrictamente con la normativa.
P.– Siguiendo con el asunto de la pesca. ¿Es, a día de hoy, sostenible? En caso de hacer una reducción, ¿debería afectar a la pesca profesional, a la recreativa, a ambas?
R.– La pesca en el Mediterráneo no es sostenible porque el 90-92 por ciento de sus stocks pesqueros están sobreexplotados o en los límites de su explotación. Aun así en Baleares, sin llegar a ser óptima, es donde mejor se encuentra. Los distintos gobiernos autonómicos han gestionado bien la actividad pesquera, siempre con bastante sentido común. Aquí quiero destacar la labor del jefe del servicio de pesca, Antoni Grau, muy respectado por los pescadores y cuyas medidas, como la veda a la pesca del raor o la llampuga, han sido todo un éxito. Creo que hay que ser muy restrictivos con lo que se pesca por persona y día, porque el gran problema es la masificación. Un solo pescador no hace daño, pero sí pueden llegar a hacerlo miles de barcos dedicados a la pesca recreativa.
P.– Con la Punta de Sa Creu, la de Tagomago y la de la Illa de L’Aire en Menorca, en total hay 11 reservas marinas en Baleares. ¿Son suficientes estos espacios de protección para conservar los ecosistemas marinos?
R.– Estamos llegando un nivel muy bueno en Baleares, que está en primera línea de conservación del territorio marino, sobre todo en aguas autonómicas. Un 40 por ciento de la superficie marina bajo la gestión del Govern cuenta con algún tipo de protección. Convendría añadir Es Vedrà y, sobre todo, la Serra Nord, aunque, por ahora, poco se puede avanzar dado que son aguas estatales. Además de crear nuevas reservas, habría que afinar las existentes, unificar normativa e incluso ampliar las áreas de protección integral. Hay algunas reservas que funcionan muy bien (El Toro o Cala Rajada) y otras no tanto (Bahía de Palma, Migjorn y Norte de Menorca).
P.– ¿Hasta qué punto el turismo de cruceros puede suponer un problema ambiental?
R.– Es un problema de salud pública porque así los demuestran los estudios que se han realizado, aunque en Mallorca tenemos un régimen de vientos que lo atenúa. Recuerdo que cuando me hicieron responsable en Europa de Océana, dedicada a la lucha por la conservación de los océanos, había en marcha una campaña para conseguir que los cruceros implementaran la depuración de aguas residuales y yo me preguntaba entonces por qué se preocupaban por un asunto que me parecía tan pequeño en comparación a los vertidos nucleares o industriales, contra los que yo había estado trabajando hasta entonces. Luego estudié y me informé mejor del problema. Volvemos a lo de antes: un crucero no hace daño, pero cinco monstruos atracados en el puerto de Palma, sí.
P.– ¿Son fiables esos estudios que sitúan a los cruceros como grandes fuentes de contaminación? La CLIA lo niega, dice que son los buques menos contaminantes del mundo.
R.– Los informes sobre emisiones están suficientemente medidos y documentados. Creo que las grandes empresas de cruceros están adoptando el papel de primero negar que su actividad esté causando un daño y luego compararse con otros para demostrar que éstos son peores. No soy capaz, sinceramente, de establecer si son más contaminantes los cruceros que los ferris o los barcos de mercancías.
P.– ¿Qué le parece que la Autoritat Portuaria de Balears vaya a construir un dique semisumergido de 57 x 12 metros frente a la bocana del Club Marítimo del Molinar sin un informe previo de su impacto ambiental?
R.– Considero una barbaridad que la legislación permita realizar obras sin un informe medioambiental, particularmente si el responsable es la administración pública. Un error que debería corregirse. De todas formas, los efectos del cambio climático están aquí: habrá más temporales, cada año se incrementará la subida del nivel mar… y la gente que vive en zonas donde las casas están a ras del agua, como ocurre en otros lugares como Holanda y Nueva York, tiene que asumirlo. Todo lo que se hacen son parches que sólo pueden atenuar una evidencia como el cambio climático.
P.– En el tema de los plásticos, se ha apostado por el reciclaje y la recogida. ¿Se debería prohibir su uso? ¿Qué medidas realistas se podrían tomar?
R.– Creo que los plásticos de un sólo uso se debería prohibir totalmente, aunque esta medida es la fácil y la rápida. La tendencia tendría que ser reducir la fabricación y venta de plásticos en origen y paralelamente incrementar la investigación para encontrar materiales que los sustituyan. Es una problemática que se ha acelerado en los últimos cinco años, incluyendo los que se presentan como biodegradables, que no hacen más que dividir el plástico en micropartículas.
P.– El profesor Carlos Duarte asegura que, aun siendo un problema muy grande, los plásticos no son el peor enemigo al que se enfrentan los océanos. ¿Está de acuerdo?
R.– Si hace diez años me hubiesen pedido un listado de los problemas más graves que sufren los mares, hubiera hablado de los vertidos nucleares e industriales desde las costas y de los barcos, las aguas residuales urbanas, especialmente, en el norte de África y en el Mediterráneo, y la sobreexplotación pesquera, por citar algunos. Los plásticos estarían en el sexto o séptimo punto. En cambio, hoy en día los situaría entre las tres grandes preocupaciones. Es un problema muy serio sobre todo para la fauna que vive en los océanos.
P.– Para terminar, ¿qué le parece que la lucha contra el cambio climático y el movimiento ecologista global se haya personalizado en la adolescente Greta Thumberg?
R.– Tengo sentimientos encontrados al respecto. Siempre se necesita una figura que se convierta en un símbolo para liderar los cam- bios. Hace 40 años cuando empezamos a hablar de cambio climáti- co, lluvia ácida o el agujero de ozono hubo mucha burla. Al final, no se ha descubierto nada que no se dijera entonces. Thumberg ha conectado con un grupo de edad al que ya no llegamos y está bien que las nuevas generaciones digan «ahora nos toca a nosotros».


