¿Fue el rescate del Súper Servant 4 una operación contemplada dentro de los pliegos de servicios que ofrece el Puerto de Palma a las navieras o fue un salvamento en toda regla? Esta es la cuestión que debe dirimir el Juzgado Permanente de Cartagena después de que la empresa Remolcanosa, que opera bajo licencia de la Autoridad Portuaria de Baleares (APB), y la Corporación de Prácticos de Palma hayan presentado un parte de asistencia al entender que la labor desarrollada por sus profesionales y medios técnicos evitó el hundimiento del mercante que el pasado 8 de junio quedó escorado sobre su lado de estribor en el Muelle de Poniente de puerto de Palma, con doce embarcaciones de lujo sobre su cubierta.
Un portavoz autorizado de Remolcanosa confirmó ayer domingo a Gaceta Náutica la interposición del “parte de asistencia” ante el Juzgado de Cartagena, que ha ordenado la inmovilización preventiva del buque. Hoy ha hecho lo propio una fuente oficial de la Corporación de Prácticos. Ambas entidades creen que, visto lo sucedido, no cabe duda de que hubo peligro de hundimiento y, por tanto, se dio una situación en la que tanto los remolcadores como los prácticos asumieron funciones que no corresponden a un servicio portuario convencional. Esto da derecho, según las leyes marítimas, a obtener un “premio por el salvamento”. Ni unos ni otros han querido concretar la cantidad reclamada, que, en caso de que la justicia acepte su pretensión, será “un porcentaje de lo salvado”, es decir, del valor del buque, de su carga millonaria e incluso del combustible que llevaba en sus depósitos en el momento del rescate. En medios portuarios se habla de varios millones de euros, pero de momento ninguna fuente oficial ha ratificado la cantidad.
Remolcanosa remarca que sus embarcaciones estuvieron empujando el lado de estribor del Súper Servant 4 durante más de un día, “con los motores al 100%”, para mantenerlo a flote. Sostiene que sin esta intervención, de la que hay sobradas pruebas gráficas (fotografías y vídeos), es probable que el mercante se hubiera ido a pique. Los prácticos, por su parte, aducen que sus profesionales dirigieron la operación de rescate a bordo del barco a petición de su capitán. El primer práctico accedió al buque desde el mar cuando la tripulación ya lo había abandonado y, de acuerdo con la Corporación, “puso en peligro su vida”, ya que en ese momento existía riesgo real de zozobra.
La Corporación de Prácticos ha explicado que la inmovilización decretada por la titular del Juzgado Permanente de Cartagena es “garantizar el resultado del procedimiento” y ha añadido que, al tratarse de una “naviera seria”, cabe esperar que el Super Servant 4 retome su marcha a no mucho tardar. “Por nuestra parte tratamos de ayudar para que el buque salga cuanto antes”, ha indicado el portavoz de los prácticos. Otras fuentes han señalado que la partida del barco es “inminente”, señal de que estaría próximo el depósito de la fianza y el levantamiento de las medidas cautelares.
El Super Servant 4, de 169 metros de eslora, quedó escorado durante un día y medio sobre su lado de estribor tras sufrir un apagón cuando procedía a sumergir su cubierta principal, donde estaban estibadas las embarcaciones, mediante el rellenado de sus tanques de lastre. Un fallo en el sistema eléctrico evitó, al parecer, que se cargara el depósito de babor, lo que provocó la escora.
El operativo de salvamento, formado por dos remolcadores, varios buzos y un buque de rescate de Sasemar (entidad que no ha reclamado), consiguió adrizar la nave al final de la tarde del 9 de junio. La carga apenas sufrió daños, según las primeras estimaciones de los peritos destacados en el lugar del suceso por las aseguradoras de los yates para vigilar las labores de rescate.
El Super Servant 4, consignado por el empresario y vicepresidente de la Autoridad Portuaria de Baleares (APB) Miguel Puigserver, enarbola bandera de las Antillas holandesas y su tripulación es ucraniana. Zarpó el pasado 20 de mayo del puerto de Le Marin, situado en la isla francesa de Martinica, y tras pasar por Fort Lauderdale (Florida) arribó el 8 de junio a Palma con una carga de doce de yates. Seis de ellos se debían descargar en el puerto mallorquín y el resto en la ciudad italiana de Génova. Además, en Palma tenía que cargar otras cuatro embarcaciones con destino de vuelta al Caribe.

