José Linares: “Seguir en regata no fue valentía, sino una inconsciencia”
El patrón del CN Sa Ràpita afronta la segunda etapa de la Mini Transat tras la experiencia del tramo entre Les Sables d’Olone y La Palma: “Había infravalorado la dureza del océano”

El patrón del CN Sa Ràpita afronta la segunda etapa de la Mini Transat tras la experiencia del tramo entre Les Sables d’Olone y La Palma: “Había infravalorado la dureza del océano”

Linares a bordo del Vamos, vamos, el Mini con el que cruzará el océano de este a oeste a partir del 29 de octubre.  Foto: Carlos Hellín / Recblau

A José Linares no le ha gustado nada el enfoque que algunos medios (incluida Gaceta Náutica) han dado a la primera etapa de la Mini Transat, entre Les Sables d’Olone y Santa Cruz de la Palma. El patrón mallorquín del ‘Vamos, vamos’ no cree que se deba calificar de “valiente” ni “audaz” a Melwin Fink, el patrón alemán de 19 años que decidió seguir adelante cuando los demás paraban por consejo de la organización tras el anuncio de un frente con vientos de 50 nudos y olas de seis metros. Opina que fue una “inconsciencia” y no debería ser objeto de elogio. Linares afirma que al joven teutón “se le apareció la Virgen” y que quienes obraron bien fueron los navegantes que, siguiendo instrucciones de la dirección de regata, antepusieron la seguridad de la flota a la competición. “¡Pero si hasta hubo un barco que terminó contra las rocas!”, exclama el navegante mallorquín por teléfono desde el Real Club Náutico de Santa Cruz de la Palma, donde el próximo 29 zarpará la segunda etapa de la Mini Transat con destino a Guadalupe.

Te ha molestado mucho que se diga que la organización ha castigado a los “valientes” por compensar con 24 horas a los que os parasteis.

Es que no es verdad. No es valentía, es una inconsciencia. Imagínate que, después del aviso de la organización, todos hubiésemos decidido seguir adelante. Imagínate lo que hubiera supuesto un rescate de 90 barcos. De hecho, había un acuerdo de la flota para refugiarse en puerto y luego ir organizando las salidas de una manera más o menos ordenada para que la regata no se desvirtuara, aunque no se cumplió. Lo que hizo Fink no es ilegal ni van contra las reglas, pero no me parece ético.

¿Qué ocurrió exactamente en esas horas en las que hubo que tomar la decisión de seguir o parar?

Ha habido, a mi juicio, algunos errores de la organización desde el principio. Nos retrasaron la salida por el paso de un frente. La segunda noche en el mar nos dieron aviso de otro frente con vientos de 25 nudos y rachas de 35, pero la realidad resultó que hubo entre 45 y 50 y un mar enorme. Yo empecé a tener averías. Se me rompió la caña a la altura de Gijón. La tarde del tercer día nos pasaron un tracker con un parte de 50 nudos y olas de seis metros. Yo pensé: “Si con la previsión de 25 nudos del día anterior se me ha empezado a desmontar el barco, lo que se viene encima es mucho más duro”. Es cuando la dirección de regata nos dijo que los barcos que estuvieran en Finisterre norte tenían que parar en puerto, y los que navegaran más al sur, a la altura de Oporto, decidieran si seguían o no. A partir de estas instrucciones, opté volver atrás 25 millas y refugiarme en Coruña. Lo hice por responsabilidad, no porque no sea “un valiente”. Hay veces en que la competición pasa a un segundo plano.

Linares, hoy mismo en la cubierta del Vamos, vamos, en el puerto de La Palma.

Aquí se ha discutido mucho si la organización fue clara o no en sus instrucciones.

La organización no fue clara, de eso no hay duda, y algunos consideraron que valía la pena jugársela. El jurado internacional ha reconocido, de hecho, que las indicaciones daban lugar a confusión, pero la manera de resolver el caso ha sido igual de injusta. ¿De qué sirve que den 24 horas si has estado parado 36 pensando que era lo correcto y lo que te habían mandado? Luego hay que tener en cuenta que, a pesar del acuerdo entre patrones, algunos decidieron zarpar por su cuenta, sin respetarlo. Mi impresión es que a la organización sólo le ha preocupado dejar abierta la regata para la segunda etapa. El jurado podría haber consultado los trackings de los barcos y buscar una solución más ecuánime.

Al margen de polémicas, has llegado a Santa Cruz de La Palma y te queda aún todo el Atlántico por delante. ¿Qué balance haces de esta primera parte de esta experiencia oceánica?

Te seré muy sincero. Había infravalorado la dureza del océano. Llegué a La Palma con el barco muy tocado y una pala de timón rota. Los ‘minis’ no están hechos para ceñir, mucho menos rachas de 45 nudos. He dado pantocazos que parecía que iban a desmontar el mástil. Ha sido una primera etapa muy dura y, por lo que parece, el cruce del Atlántico no será nada fácil. Hay una baja presión en medio del océano que está desplazando el anticiclón y nos obligará a bajar mucho al sur. Pero, bueno, aún faltan unos días para la salida y hay que estar pendientes de los partes.

¿Cómo está siendo la espera en Santa Cruz de La Palma? ¿Os está afectando mucho la erupción del volcán?

En esta parte de la isla no tenemos sensación de peligro. Hace unos días nos acercamos en coche a ver la erupción y es brutal lo que está saliendo. Sí está llegando a puerto mucha ceniza. Creo que tendremos bastantes problemas, porque, aunque intentamos cubrir las piezas más sensibles, se cuela por todo. Temo que afecte al funcionamiento de las poleas y los winches. Ya doy por hecho que tendré que desmontarlos antes de zarpar, pero estoy esperando a que falte menos para la salida para que no sea en vano.

¿Podrás tener el barco a punto el 29?

Sí, sí, esta escala en La Palma ha sido larga, pero para mí ha sido como una gincana. He viajado a Palma para arreglar algunas piezas averiadas. Zarparé con el barco en buenas condiciones.

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