Una deuda eterna con sus reyes
El apoyo de Juan Carlos I y Felipe VI, la labor persistente del RCNP y el soporte de los sucesivos patrocinadores han permitido el crecimiento de la Copa del Rey durante cuatro decenios

El apoyo de Juan Carlos I y Felipe VI, la labor persistente del RCNP y el soporte de los sucesivos patrocinadores han permitido el crecimiento de la Copa del Rey durante cuatro decenios

La Copa del Rey Mapfre es la gran regata que hoy disfrutamos por varias razones. Una de ellas es la labor sostenida que ha llevado a cabo el Real Club Náutico de Palma desde su creación en 1982, tras el éxito cosechado por el extinto Campeonato Internacional de Mediterráneo. No es fácil organizar un acontecimiento de esta dimensión durante 40 años, y aún menos mantener tanto tiempo una constante línea ascendente. 
 

El RCNP, cuyo derecho a pervivir en su actual concesión portuaria ha sido puesto en duda por instancias estatales tan elevadas como ignorantes de la realidad náutica, debería tener garantizada su existencia en atención casi exclusiva a su papel como entidad rectora de la Copa del Rey y al consiguiente desarrollo de la vela que ello ha propiciado en España. Cabría agregarle, además, su indudable aportación al deporte de base y a la cultura de la mar en Mallorca, donde sus siglas son asimiladas al prestigio y la excelencia.

No cabe duda de que sin un club de la talla del RCNP, difícilmente hubiera alcanzado la Copa su dimensión actual. Pero para que algo así se haga realidad hace falta, amén de esfuerzo, persistencia y buen trabajo, un fuerte empujón inicial. Y seamos realistas: esta historia jamás se hubiera escrito sin el apoyo y la generosidad del Rey Juan Carlos I y del conjunto de la Familia Real hacia la ciudad de Palma y su club.

Todo el beneficio que genera esta regata, tanto el económico –los cerca de 18 millones de deja anualmente en forma de impacto directo– como otros menos tangibles pero tan o más importantes –la difusión planetaria de la imagen de Mallorca como destino de la náutica deportiva–, tiene su origen en una elección hecha hace cuatro décadas por el hoy Rey Emérito, cuando quiso que sus vacaciones mallorquinas coincidieran con la organización de una regata de alto nivel donde poder disfrutar de su gran afición por la mar. Si esto no hubiera ocurrido, aceptémoslo, hoy no estaríamos celebrando ningún cumpleaños ni gozando del inmenso privilegio que supone ser anfitriones de la Copa del Rey.

Manuel Nadal, ex director general de Deportes en los primeros años de la autonomía y actual comodoro del Club de Mar Mallorca, fue uno de los testigos directos de los bordos iniciales de aquella regata llamada a ser la más grande de Europa, cuya dirección ejerció de 1986 a 1989. Recuerda que la Copa del Rey había surgido como sucesora del Campeonato Internacional del Mediterráneo celebrado en la Bahía de Palma en 1981 bajo la organización conjunta del Club de Mar y el Real Club Náutico de Barcelona (RCNB). 

Entre 1982 y 1986, explica Nadal, la organización de la Copa del Rey recaía todavía en el Real Club Náutico de Palma y el de Barcelona. A partir de ese último año, el RCNP asumió el control total del acontecimiento y se incorporó al patrocinio la empresa Puig a través de la marca Agua Brava. «Aquello supuso un salto cualitativo, pues nos permitió organizar la regata con total libertad y un soporte económico sólido, además de contar con la experiencia de un socio experto en promoción y relaciones públicas».

En los años sucesivos se produjeron dos hechos importantes, en distintos campos: «Por un lado, conseguimos la colaboración institucional del Ayuntamiento de Palma, lo cual afianzó definitivamente la Copa del Rey. Por otro, en el apartado técnico, pasamos del sistema de medición IRC al entonces emergente IMS. La decisión fue controvertida, pero nos abrió la puerta a la participación internacional del más alto nivel. Los medios de que dispusimos y el magnífico equipo humano del RCNP nos permitió organizar una regata con criterios modernos y en la línea de las que entonces eran las mejores competiciones de vela de Europa».

Los años de Nadal como director estuvieron salpicados de anécdotas. De entre las muchas que se acumulan en su memoria, hay una que da idea de la relevancia alcanzada en muy pocos años por la Copa del Rey. La regata se había hecho tan grande que el Royal Ocean Racing Club convocó al equipo organizador a una reunión en Londres. «Querían que cambiáramos las fechas de nuestra Copa del Rey para que no le hiciera sombra a su Admiral’s Cup, que entonces era la regata más famosa del mundo».

Emilio Feliu, juez internacional de regatas y socio de Real Club Náutico de Palma, ha vivido todas las ‘copas’ desde 1982 y conoce como pocos su proceso evolutivo. Custodia libros, revistas y prendas relacionadas con la regata como auténticos tesoros. Miente al decir que le falla la memoria. En absoluto es así. Recuerda nombres, fechas y episodios de cuando, en su condición de comodoro del club, ejercía de embajador de la Copa del Rey. «Entonces trabajaba como técnico en muchas competiciones internacionales y aprovechaba los viajes para hacer publicidad de la regata. Me llevaba los folletos en una maleta y los repartía por todos los clubes a donde iba».

En los primeros 80 había otras competiciones con más prestigio y solera. Los referentes, incluso para los promotores de la Copa del Rey, eran la Admiral’s Cup y la Sardinia Cup. Con la perspectiva que da el paso del tiempo, Feliu cree que el gran mérito de la Copa  fue, durante el primer tercio de su historia, escalar e imponerse a todas esas regatas que ya existían. «No es obra de una sola persona, sino de un esfuerzo conjunto en el que estuvieron implicados el club, los patrocinadores y, por supuesto, la Familia Real». 

Jorge Forteza, comodoro actual del RCNP, recalca esto último. «Ha habido ediciones en las que han participado el Rey Juan Carlos, el entonces príncipe Felipe y las infantas Elena y Cristina. Su apoyo ha sido y sigue siendo fundamental. Por otro lado, no creo que haya otro club con un nivel de compromiso como el nuestro, capaz de organizar una regata tan exigente en todos los aspectos».

Jaime Carbonell, veterano director del Real Club Náutico de Palma, coincide plenamente con lo apuntado por Nadal, Feliu y Forteza referente al papel de los dos reyes, Juan Carlos y Felipe, y trae el recuerdo del desaparecido Jaime Enseñat, alma mater de la Copa del Rey y, en general, de la vela balear. «Los cambios de formato siempre han sido un quebradero de cabeza para el comité organizador de la Copa. A don Jaime, que fue muchos años el máximo responsable técnico, le preocupaba mucho este asunto. La presión era fuerte y las discusiones sobre la conveniencia de un sistema u otro para poder mantener la regata en la élite mundial eran largas», explica Carbonell, convencido de que, más allá de las opiniones personales, la historia demuestra que el RCNP «ha acertado en su decisiones».

Evoca también la figura de don Marcial Sánchez-Barcaiztegui, contralmirante de la Armada y presidente de la Comisión Naval de Regata, en la que se formaron regatistas de la talla de Iñaki Catañer, Antonio Piris, Nacho Postigo, Pepe Ribes, Agustín Zulueta, Bubi Sansó, Pachi Rivero o el propio Jorge Forteza. «La Marina de Guerra jugó un papel fundamental en los primeros años de la Copa del Rey. Don Marcial fue quien predispuso la participación del Rey Felipe a bordo del Sirius II  y posteriormente del Aifos. Seguro que nuestro monarca guarda unos grandes recuerdos de aquellos tiempos en que, siendo aún muy joven, navegaba bajo el mando del contralmirante».

Manu Fraga, actual director deportivo del RCNP y de la Copa del Rey, es consciente de la «responsabilidad» que conlleva estar al frente de la organización de una regata histórica. «Llegué a Mallorca hace más de 20 años y la he vivido intensamente desde diferentes posiciones, incluso como regatista. Miras atrás, escuchas lo que cuentan todos los veteranos, y te das cuenta de dos cosas: por un lado, las diferentes revoluciones que se han vivido en la vela de crucero y que la Copa ha sabido asumir; y, por otro, el esfuerzo que supone mantenerse en la cresta de la ola. Esa es la principal función de quienes nos hemos ido sucediendo en los puestos de responsabilidad de la regata: no perder el rumbo. Lo que hoy requiere, si cabe, más trabajo que nunca, dada la velocidad a la que ocurren las cosas».   

Fraga está de acuerdo con lo dicho por todos los que le han precedido en la palabra, pero señala que, si bien en los aniversarios existe la tendencia a hablar de los orígenes, no hay que olvidar que la Copa del Rey «lleva 14 años recibiendo el soporte de Mapfre». Avisa de que lo que va a decir suena a tópico, pero es «una realidad como un templo: nada de esto sería posible sin  la implicación de nuestro patrocinador principal; por favor, apúntalo». Escrito queda.

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