El Club Marítimo de Mahón (CMM) vivió a finales del mes de agosto una de las mejores ediciones de la Copa del Rey de Barcos de Época. Las instituciones y los participantes en la competición, que reunió a medio centenar de barcos de 11 países, fueron unánimes elogiando la organización de la regata, cuyo impacto económico directo ronda los dos millones de euros en menos de una semana. Sin embargo, la realidad es que tanto este acontecimiento internacional (uno de los cinco mejores del Mediterráneo) como el resto de la labor social y deportiva que desarrolla el CMM desde hace más de 100 años en el Muelle de Levante del puerto de Mahón están en peligro. La razón: el club no tiene amarres. Antonio Hernández, presidente de la entidad, no oculta su preocupación: «Nos están expulsando».
Pregunta.– ¿Cuál es la situación actual de la concesión del club?
Respuesta.– La situación es que el Club Marítimo de Mahón no tiene hoy ninguna concesión. Sabemos que hemos ganado el concurso de los cuatro pantalanes situados frente a la sede social y de la explanada de vela, pero de momento no nos los han adjudicado. Nos han dicho que tendremos los amarres «más pronto que tarde», pero la realidad es que en este momento no disponemos de un solo amarre.
P.– ¿Significa esto que, en cuanto se produzca esta adjudicación, el club volverá a ser igual que antes del concurso amañado de Trapsayates hace más de una década?
R.– No, qué va. Los pantalanes que hemos ganado –en un concurso al que, por cierto, sólo nos presentamos nosotros porque las bases exigían una elevada inversión en deporte y actividad social– son una parte de los que tuvimos en su día. Suman 165 amarres para barcos de entre 8 y 15 metros.
P.– ¿Y el resto?
R.– Estos salieron a otro concurso al que nos presentamos, pero que ha ganado una empresa de Ibiza. Los estuvimos gestionando hasta el 30 de julio, en que arriamos la bandera del Club Marítimo de Mahón y entregamos las llaves. Me gustaría remarcar que nosotros cumplimos y nos hemos ido en cuanto ha terminado nuestra autorización de ocupación temporal, cosa que, por lo visto, no hacen siempre algunas de las empresas con las que nos obligan a competir.
P.– Ha dicho nos «obligan a competir». ¿A qué se refiere?
R.– A que los clubes somos entidades sin ánimo de lucro y nuestros competidores son empresas mercantiles. La desigualdad es obvia.
P.– La empresa que se ha adjudicado los amarres a los que se refiere es Tanit Port Ibiza. ¿En qué les ha superado?
R.– En una oferta económica basada en un cálculo de ingresos que en nuestra opinión es temerario. Han presentado unas tarifas de 7 euros por metro cuadrado y día. Los que conocemos el puerto de Mahón sabemos que es una barbaridad. Veremos cómo lo hacen para cuadrar las cuentas en invierno.
P.– ¿Por qué peligra la Copa del Rey de Barcos de Época?
R.– Porque muchos de los barcos que participan en esta regata no caben en los amarres que nos han de adjudicar. Este año nos han visitado siete barcos de más de 22 metros, que son los más espectaculares de la flota. Esto nos obliga a depender de terceros. En cualquier caso, me gustaría dejar claro que el Club Marítimo de Mahón está decidido a seguir organizando grandes regatas.

P.– La concesión que han ganado es por dos años, con posibilidad de prorrogarla por un año más. Eso es muy poco tiempo.
R.– Así es, pero es la política que está siguiendo ahora la Autoridad Portuaria de Baleares. Se hace muy difícil amortizar las inversiones con periodos tan cortos. También me gustaría dejar claro que, aunque vayamos a tener más amarres (en cuanto se produza la adjudicación), los ingresos del club serán menores, al ser más pequeños. Y tenemos otro problema: en 2024 expira la concesión de la gasolinera, gracias a la cual hemos podido mantener gran parte de nuestra actividad deportiva.
P.– Pinta usted un panorama poco halagüeño.
R.– Lo es, y no sólo para el Club Marítimo de Mahón. Mire lo que está pasando con los clubes de Palma e Ibiza, dos grandes instituciones de la náutica española como la nuestra. Competimos con empresas con un gran potencial económico. Es evidente que esto supone una amenaza para la náutica social e impide el acceso al mar de los residentes locales. La gente que tienen un llaüt o un pequeño velero no podrá permitírselo si no hay un cambio drástico. Ya hay muchos de estos barcos abandonados en tanques (parcelas en suelo rústico). Nos están expulsando.
P.– Proponga una solución
R.– Hay dos vías. Una, muy complicada, consistiría en cambiar la Ley de Puertos del Estado y la Marina Mercante para que reconozca la singularidad de los clubes náuticos y valore su indudable aportación social. Digo que no es fácil porque, como todo el mundo sabe, hay muchos intereses en juego. La otra vía, en mi opinión mucho más factible a corto plazo, es exigir el traspaso de las competencias de la náutica de recreo a Baleares para que a los clubes que hoy estamos bajo el paraguas del Estado se nos aplique la legislación autonómica. Para ello bastaría con cumplir la Constitución y el Estatuto de Autonomía. Es una cuestión de voluntad política.
P.– ¿Por qué sería mejor estar bajo el paraguas de esa ley regional?
R.– Porque ha permitido a los concesionarios adaptarse a sus preceptos y renovar sus concesiones por largos periodos. Todos los clubes que dependen de la comunidad autónoma tienen su futuro garantizado.
P.– ¿Es esta una guerra entre marinas y clubes?
R.– En absoluto. Los clubes y las marinas tradicionales, las que llevan toda la vida en este sector, hemos convivido durante décadas. Somos complementarios unos de las otras. El problema viene cuando una empresa recién creada, apoyada por grandes fondos y sin ninguna experiencia, se presenta a un concurso ofreciendo cantidades astronómicas. Y, por desgracia, la APB va al negocio puro y duro. El CMM no quiere administrar todo el puerto de Mahón, simplemente pide su espacio para desarrollar una importante labor de la que se beneficia la sociedad.
P.– Valore y justifique esa labor
R.– El Club Marítimo de Mahón invierte 500.000 euros en actividad deportiva y social. Promover el deporte de alto nivel supone, además de la contratación de personal especializado, la compra y renovación permanente de material. Gracias a esto, cada año pasan por nuestras escuelas más de 800 jóvenes. Otro capítulo de nuestro compromiso es la organización de regatas, como la Copa del Rey de la que hemos hablado al principio de esta entrevista. Esto es lo que hacemos los clubes. La situación a la que nos han llevado es lo suficientemente grave como para que estemos más unidos que nunca. Tenemos que reivindicar lo que somos y meter presión. Si no, desapareceremos.


