Un submarino de película que pudo protagonizar su propia tragedia
El puerto de Mahón acoge hasta el domingo el Tramontana, escenario de la película "Navy Seals, comando especial", que estuvo a punto de hundirse con su tripulación en 2008

El puerto de Mahón acoge hasta el domingo el Tramontana, escenario de la película «Navy Seals, comando especial», que estuvo a punto de hundirse con su tripulación en 2008

Uno de los protagonistas de la película 'Navy Seals, comando especial', que contaba en su reparto con Charlie Sheen, entre otros, visita estos días Mahón. Se trata del submarino Tramontana de la Armada española, el S-74, que permanecerá hasta el domingo en Menorca. Sin embargo, su participación en la producción estadounidense no es más que una anécdota menor si tenemos en cuenta que este buque estuvo a punto de protagonizar una auténtica tragedia en 2008.

El Tramontana es el cuarto submarino de la clase Agosta de la Armada, junto al Galerna, el Siroco y el Mistral. Tiene casi 70 metros de eslora, fue construido en los astilleros Bazán, en Cartagena, y entró en servicio en 1985. Su vida activa debería haber terminado junto al resto de sus compañeros de clase hacia 2015, pero el retraso de la llegada de los nuevos submarinos S-80, a los que se sigue esperando hoy en día, hace que hayan prorrogado su vida marinera.

Aparte de su incursión en el cine, el Tramontana ha tenido una vida repleta de aventuras. Participó en la famosa recuperación del islote Perejil en en 2002 y también fue parte de la operación internacional Unified Protector en 2011 para evitar la llegada de armas y mercenarios a Libia de acuerdo con la resolución 173 de la ONU.

Sin embargo, el día que pudo marcar el destino del Tramontana y podría haber acabado con su nombre en la lista de tragedias marítimas españolas fue el 13 de diciembre de 2008. Ese día pudo irse al fondo del mar con toda su tripulación formada por más de sesenta hombres.

El S-74 navegaba ese día cerca de Cabo Tiñoso, a unas 15 millas de Cartagena para realizar pruebas de mar después de haber efectuado reparaciones. Estaba efectuando inmersiones a diferentes cotas para comprobar la estanqueidad. Cuando se encontraba a 300 metros de profundidad, la máxima a la que tiene permitido sumergirse en tiempos de paz, se abrió una vía de agua en la mismísima cámara de mando a través de un pasacasco, una pieza troncocónica de aluminio por la que pasa un cable desde el exterior.

El agua helada entraba a muy alta presión y originó una neblina que prácticamente impedía la visión y comenzó a provocar cortocircuitos en los dispositivos de navegación que dejaron de funcionar correctamente, dificultando mucho la maniobra.

Resultó decisivo el entrenamiento de la tripulación y destacó en especial el papel del sargento Carlos Losana y del cabo primero y timonel  Juan Carmona. La nave soltó los lastres de 15 toneladas que solo se dejan caer en caso de extrema urgencia para volver más rápido a la superficie. Carmona tiró de los mandos para poner el submarino a subir a 25 grados, pero no respondían correctamente y, aunque al principio la inclinación positiva llega a 10 grados, va cayendo hasta quedar en 5. Cuatro eternos minutos fueron necesarios para que el Tramontana llegara a la superficie con el cabo Carmona aferrado al timón hasta que la nave salió a flote.

El S-74 quedó inmovilizado durante una larga temporada y los otros tres submarinos de la clase S-70 fueron sometidos a completas revisiones, cada uno de ellos lleva 90 pasacascos, para garantizar que no se volviera a repetir la misma y potencialmente mortal incidencia.

 

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