➡️ Las campos de fondeo se han convertido en un auténtico marrón para Ports IB, que recibe, por un lado, la presión del sector para instaurar una tarifa de residente (lo cual parece bastante lógico, teniendo en cuenta que los barcos de base ya pagan sus tasas) y, por otro, el de la Comisión de Medio Ambiente, que reduce el número de boyas y parece no estar por la labor de facilitar su puesta en marcha. En mi modesta opinión, los navegantes locales no debieron asumir jamás la regulación y haberse mantenido fort i no et moguis en su reivindicación del libre fondeo. Todos ellos saben que la posidonia es solo una excusa para entorpecer la actividad náutica. Espero que hayan aprendido la lección para lo que se les viene encima, que no es poco.
➡️ El sumario del caso Puertos, cuyo secreto se levantará antes de tres meses, no investiga únicamente concesiones de puertos deportivos, sino de otros servicios portuarios que han generado pingües beneficios a determinados empresarios. El asunto del duty free parece bastante serio, a tenor de los indicios reseñados por la juez en su último auto. Habrá que ver si las estimaciones del fisco se corresponden, efectivamente, con la supuesta doble contabilidad de la empresa sospechosa de haber defraudado importantes cantidades en impuestos. Del montante real dependerá si los hechos son calificables como delito. En cualquier caso, la adjudicación está también bajo sospecha.
➡️ Las navieras que operan en Mallorca –de las que literalmente depende la supervicencia de la isla– tienen que pagar desde este mes la mordida verde de la Unión Europea por las emisiones de sus barcos. Mallorca ha quedado fuera de la exención prevista para los territorios insulares de menos de 200.000 habitantes. No hace falta ser muy listo para saber que el sobrecoste terminará asumiéndolo el cliente final. Y digo que es una ‘mordida’ porque no existe hoy alternativa a los combustibles fósiles que utilizan los buques mercantes.


