El presidente de la Confederación Española de Asociaciones de Clubes Náuticos (CEACNA), Miquel Suñer, no pudo asistir al XIX Simposio de Clubes Náuticos celebrado la pasada semana en Bilbao por razones personales. Sin embargo, el discurso que había preparado para la apertura de una de las mesas de debate fue leído por uno el presidente de la Asociación Catalana de Puertos Deportivos, Albert Beltrán, y se convirtió en la comidilla del congreso.
En él denunció sin ambages ni medias tintas los nulos avances en la defensa de los clubes náuticos a pesar de lo que calificó de "colosal despliegue retórico" por parte de los dirigentes políticos y de Puertos del Estado. Lamentó el hecho de que algunos clubes como el Molinar de Levante o el Náutico de Ibiza se hayan quedado por el camino y emplazó a los responsables del Ministerio de Transportes a cumplir los pactos alcanzados en anteriores simposios. "Cumplamos todos nuestra palabra y tengamos la fiesta en paz".
Este es el texto íntegro de la intervención de Miquel Suñer:
Llevo 30 años acudiendo a los simposios organizados por nuestro querido amigo Víctor Montero y otros organizados por nuestra confederación de clubes náuticos, a cada uno más interesante.
En ellos siempre hemos tratado el problema de la renovación de las concesiones, pero seguimos estando en la misma tesitura que el primer día. A pesar del colosal despliegue retórico al que hemos asistido, no hemos avanzado nada. Seguimos encallados en la misma losa.
Entretanto, hemos visto cómo algunos clubes náuticos se han quedado por el camino. Sólo en Baleares, han perdido sus instalaciones cuatro entidades pioneras de la náutica recreativa, tres de ellas centenarias… Porque, no lo olvidemos, la primera piedra de este sector hoy boyante la pusimos nosotros: los clubes.
Hace un año, tras el último Congreso, pensé que habíamos encontrado una solución definitiva al problema. La propuesta que dio nombre al “pacto de La Palma” parecía contar con el soporte de los representantes de las instituciones oficiales, sus servicios jurídicos y los políticos que nos acompañaron en aquel encuentro.
Les recuerdo que entonces acordamos que, una vez pasadas las elecciones, nos sentaríamos alrededor de una mesa para establecer qué características definen la singularidad de los clubes náuticos y qué modificaciones legislativas debían abordarse para garantizar su supervivencia frente a los modelos especulativos que, por desgracia, vemos florecer especialmente en los puertos estatales. ¿Alguien se acuerda de ello?
Pues les diré una cosa: a pesar de mi menguante memoria, yo sí me acuerdo.
Recuerdo que todos coincidimos en que éramos conscientes de la labor insustituible que realizan los clubes náuticos en el ámbito del deporte, la vertebración social y el fomento de la cultura marítima.
También me acuerdo de que establecimos unos criterios generales para distinguir a los clubes náuticos de las mercantiles que pretenden hacerse pasar por ellos.
Seguro que se acuerdan muchos de los aquí presentes del valor que coincidimos en otorgarle a datos como:
- El número socios
- Los amarres menores de 12 metros
- El perfil social del usuario
- Las inversiones acumuladas en el espacio público
- Los cánones desembolsados
- La inversión histórica en deporte, personal formativo, entrenadores y monitores.
- Las licencias de vela y piragüismo
- Los alumnos de las escuelas de mar
- Las regatas organizadas.
- Y el palmarés acumulado en competiciones nacionales, internacionales y en Juegos Olímpicos
¿Recuerdan que llegamos a la conclusión de que, para ser justos y defender el interés general, todo esto debía ponerse encima de la balanza de los procesos de renovación o licitación?
¿Recuerdan que se habló también de reconocer el fondo de comercio de las marinas ya existentes, expuestas, al igual que los clubes, a la presión de empresas oportunistas de nuevo cuño y carentes de toda experiencia en la gestión del espacio público?
Yo sí lo recuerdo. De eso hace un año y, sin embargo, aquí seguimos, embarrancados, como les decía, en la misma roca burocrática de siempre.
Me pregunto si, después de este congreso que hoy comienza, conseguiremos ponerle de una vez el cascabel al gato o simplemente hemos venido aquí, a esta preciosa ciudad de Bilbao, a hacer turismo y a intercambiar tarjetas.
Ya para terminar, permítanme que les diga dos cosas:
Una: que los ribereños no estamos dispuestos a renunciar, bajo ningún concepto, a nuestro derecho a disfrutar del mar. No vamos a permitir que se gentrifiquen nuestros puertos.
Y dos: no olviden que, al contrario de lo que ocurre con nuestros competidores, los clubes náuticos estamos respaldados por una inmensa masa social que, por respeto a nuestros acuerdos y a la buena fe de las negociaciones, no hemos ni siquiera intentado movilizar de momento.
Cumplamos todos nuestra palabra y tengamos la fiesta en paz.
Muchas gracias.


