Acercarse al mar requiere educación
El verano se salda con demasiados accidentes que se podrían haber evitado con sentido común

El verano se salda con demasiados accidentes que se podrían haber evitado con sentido común

Nadie podrá negarle a Gaceta Náutica la oportunidad de convocar el pasado mes de abril el Primer Foro de Seguridad en la Náutica de Recreo, cuyas conclusiones coinciden desgraciadamente con muchas de los accidentes que se han registrado este verano y que se podrían haber evitado siguiendo los consejos del manual que hemos repartido en todos los puertos de Baleares.

Hace años que venimos mostrando nuestra preocupación por la ausencia de una cultura náutica que priorice la seguridad, especialmente durante la temporada alta, cuando las aguas de Baleares soportan la presión de 35.000 embarcaciones. El mar es un medio hostil al que, según hemos intentado sintetizar en el titular de nuestra portada, hay que ir siempre con el máximo respeto. Eso significa no sólo actuar con arreglo a la ley, sino mostrar en todo momento una actitud educada con el resto de usuarios.

La educación y el sentido común son la mejor receta para prevenir accidentes, la mayoría de los cuales ocurren por exceso de confianza o cosas tan simples como no airear la cabina (12 incendios desde que empezó el verano), no vigilar el horizonte durante la navegación (la tragedia mortal de Cala Bona y el hundimiento del Tomalu), no buscar un refugio seguro ante los reiterados avisos de una DANA (Formentera), navegar a velocidades inadecuadas en puertos y zonas compartidas con bañistas, buceadores o pescadores con la maniobra restringida, o ponerse al mando de un barco bajos los efectos del alcohol, algo que es moneda común.

Estamos hablando de actitudes básicas que no requieren grandes conocimientos y que salvan vidas y bienes; hablamos de respeto al mar y a las personas. Cada verano que la náutica protagoniza las páginas de sucesos –y ya van unos cuantos–, el sector sufre un inmenso daño reputacional.

El incivismo no forma parte de la cultura marinera, dos de cuyas principales características son la solidaridad y la prudencia. La gente de mar –la de verdad– hará bien en desmarcarse claramente de quienes no respetan ciertas normas elementales de convivencia y en reconocer que tenemos un problema con la seguridad que afecta gravemente a la imagen de los aficionados a la náutica de recreo en su conjunto.

Existe el peligro real de que los políticos se sientan interpelados por la alarma social fruto de los últimos sucesos y adopten medidas restrictivas que serán para todos. Ahí tienen que estar muy atentos los representantes sectoriales, y no dejarse arrastrar por la corriente y el relato habitual de quienes sencillamente odian la actividad náutica por considerarla suntuaria.

Hay que, por supuesto, poner orden en determinadas cuestiones como el consumo de alcohol al timón, la limitación de la velocidad cerca de la costa o el alquiler sin titulación. Todas estas cuestiones ya se pusieron sobre la mesa durante el foro de Gaceta Náutica y no hay que esperar más para abordarlas con rigor y profundidad. Lo que no se debe permitir es que la inseguridad marítima sirva de pretexto para impedir un uso racional y sostenible del litoral, como de hecho ya están reclamando algunos colectivos nauticófobos. Mucho ojo.

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