El nuevo puerto de Palma no será cómo tú quieres
Lo coherente es saber ceder cada uno un poco, entender a los otros y buscar el bien común, un nuevo puerto de Palma que no será precisamente como tú quieres, pero que será mejor para todos

Lo coherente es saber ceder cada uno un poco, entender a los otros y buscar el bien común, un nuevo puerto de Palma que no será precisamente como tú quieres, pero que será mejor para
todos

El puerto de Palma ha visto pocos cambios desde su fundación por parte del cónsul romano Quinto Cecilio Metelo en el 121 a.C. Los romanos amarraban entonces donde hoy está el Teatro Principal, remontando a remo La Rambla, que en aquellos años era la desembocadura de Sa Riera y era navegable para los barcos de poco calado.

Seguramente ya entonces hubo discrepancias sobre donde sacar a tierra sus barcos para repararlos, que fue lo primero que ordenó Quinto Cecilio Metelo al culminar la conquista de la isla. Se han encontrado evidencias de aquellas reparaciones en distintos puntos del centro de la ciudad, en especial en la zona de la Plaza Weyler.

Con la reparación de barcos nacieron las primeras carpinterías, cordeleros, veleros y herreros, que supusieron el origen económico de una ciudad que era poco más que un campamento militar. Esos primeros gremios dedicados a la reparación naval seguramente generaron las primeras riquezas, los oficios y la cultura del trabajo y el esfuerzo. Aunque apostaría que competían cada uno por su espacio en la zona litoral.

Han pasado casi dos mil años y seguimos igual, discrepando sobre la reordenación del puerto de Palma en el siglo XXI. Cada colectivo, cada gremio, vela sólo por sus intereses.

  • Las navieras actuales protestan con el objetivo último de tener cada una su estación marítima, y que no quepa otra que les haga la competencia.
  • Los pescadores luchan por sobrevivir en un mundo que no los entiende, pero quiere gambas en la paella.
  • Las marinas intentan que nos les ahoguen con más y más tasas, normativas y luchas titánicas entre ellos mismos por hacer la mejor oferta pecuniaria.
  • Los vecinos del Paseo Marítimo piden tranquilidad en la calle y grandes aparcamientos subterráneos. Los bares y restaurantes quieren más movimiento.
  • Los chárter buscan su reconocimiento portuario para combatir el enorme y cada año mayor intrusismo ilegal.
  • La industria de la reparación pide conservar su superficie de varada y la lógica estabilidad a largo plazo que les permita reinvertir y contratar más personal, además de la lógica coherencia técnica en su ubicación.
  • Los amarristas particulares de gestión directa solicitan más eslora en la “náutica social” y más amarres para la enorme lista de espera.
  • Los clubes náuticos claman por un justo y merecido reconocimiento a su labor, algo tangible que les garantice al menos la “existencia”, que no es pedir mucho, creo.

Así hasta 65 entidades se han reunido en los últimos meses con la Autoridad Portuaria, cada uno con sus reivindicaciones.

En conclusión, que con la nueva reordenación del puerto de Palma todos parecen un poco descontentos, cuando en realidad deberían estar más que satisfechos.

Se escucha a todos, se estudia, se debate, se opina y se aporta, que no es poco. Claro que nadie alcanzará sus objetivos al 100% con la nueva propuesta, es imposible satisfacer completamente a tantos y tan variados colectivos. Por eso, lo coherente, lo lógico, es saber ceder cada uno un poco, entender a los otros y buscar el bien común, un nuevo puerto de Palma que no será precisamente como tú quieres, pero que será mejor para todos.

Las líneas maestras del nuevo puerto

El presidente de la APB Javier Sanz presentó públicamente las líneas maestras de la reordenación prevista del puerto de Palma. Sin entrar en temas técnicos -todavía no es el momento-, quiso explicar el porqué de esta reordenación, básicamente bajo la premisa de “no romper la cadena de suministros”. La llegada casi a la misma hora de los ferrys que traen la mercancía a la isla y la confluencia de tráfico rodado es la razón por la que se “dispersan” las estaciones marítimas. La consecuencia de eso hace que se tenga que reubicar la industria de la reparación, alejándola de la ciudad para evitar una “visión de plásticos” y para recuperar un espacio privilegiado para el ciudadano, el Moll Vell.

De lo explicado por el presidente se desprenden una serie de cuestiones claves. No se aumenta al tamaño del puerto, es decir, su perímetro es el mismo. Harán falta cinco o seis años para finalizar las obras. Está acabando el periodo de participación ciudadana para aportar sugerencias o ideas. En octubre se empezará a definir ya el proyecto técnico.

Concretando un poco más, dijo que se creará una escuela municipal de vela, un edificio para estudios de FP náutica, una nueva sede para el Instituto Español de Oceanografía, uno para el SOCIB y un museo marítimo que reivindique los oficios y embarcaciones tradicionales.

En cuanto a la saturación aseguró que «la congestión compromete la competitividad del destino y afecta la rentabilidad social». Esto se ha convertido en un problema prioritario para los ciudadanos de Mallorca. Por ello, la APB quiere que la reforma del puerto responda a esta «tendencia global».

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