Pedrete se corona como marino al mando del Arcángel bajo la atenta mirada de Mrs. Sanders

Pedrete se corona como marino al mando del Arcángel bajo la atenta mirada de Mrs. Sanders

Otro día os contaré qué hacía el Arcángel en Espalmador, cómo llegó allí, recogió a Mrs. Sanders (1) y acabó en el puerto de Argel. Hoy me centraré en lo que pasó entre y entre, la singladura desde la playa de s’Alga y la comandancia de Marina en Palma.

El sol estaba todavía lejos de alcanzar el horizonte cuando a bordo de la fina goleta se cerraron las escotillas y la lumbrera, izaron mayor, trinquete, trinquetilla y foque y, finalmente, se recogieron 30 metros de cadena y el ancla de cepo. A bordo se encontraban Bermudo, su inseparable Pedrete, Dominique, el marinero francés de nervudos brazos, y la señorita Sanders, a la cual habían recogido en la isla.

El día distaba mucho de ser un día de verano a pesar de ser mediados de junio. Unas nubes proyectaban sus sombras sobre otras dando un tono fantasmagórico al amanecer, el viento rizaba el mar, que tenía una ola cruzada. Se dobló la punta des Far d’en Pou y se puso rumbo a Mallorca. El viento y la mar complicaban el andar del velero. Los tres adultos se turnaban cada hora a la caña para mantener la concentración al máximo, era de vital importancia llegar en el menor tiempo posible. Al mediodía Dominique bajó a la cabina a preparar un trempó, Bermudo se dispuso a tomar una recta de altura si se lo permitían las nubes y la señorita Sanders cedió el gobierno a Pedrete.

-Pedrete, hoy es muy importante andar fino a la caña. No podemos arribar ni un solo grado y acabar haciendo bordos frente a Santa Ponça. Debemos entrar en la bahía con lo que quede de embat.

-¡Sí, señorita. Sanders!

-Siéntate a sotavento, así podrás ver el grátil del foque y la trinquetilla, no dejes que flameen ni un instante. Desde aquí puedes ver el compás, pero estate atento a las sombras, el sol debe darte siempre en la mejilla derecha. Además, debes pasar las olas sin dar pantocazos, no queremos parar el barco. Mete caña y arriba para subir y bajar las olas. Ahora todo a la vez.

El niño se sintió abrumado por todo lo que tenía que controlar, parecía que nunca había navegado antes. Por si fuera poco, Bermudo dejó el sextante por un momento y se dirigió a él.

-Pedrete, todo esto ya lo haces cuando regateas con el Chato, pero hoy navegas solo. Tú serás el rival más duro para ti mismo. Piensa sólo en el barco, ¡hazlo correr!

Y así durante una hora y otra de regalo y ver Mallorca en el horizonte y poder emproar claramente hacia el faro de Cala Figuera Pedrete creció una barbaridad, de un tembloroso control de la caña a una seguridad total pasando cada ola, atento al viento como se iba abriendo a estribor, siempre de ceñida rabiosa. Tratando de tú a tú a los tres adultos a bordo del Arcángel. Dejando atrás las regatas con los botes. Todo un mando de todo un barco, responsable de todo. Pidiendo que halaran las escotas para llevar el barco más rápido, exprimiendo hasta la última gota del viento para amarrar ya casi de noche en el muelle de Comandancia. Pedrete ya era mayor (aunque esa noche durmió como un bebé).

(1) Léase The Getaway, junio 2019, Gaceta Náutica

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