Con cualquier marino profesional o amateur de alta formación náutica con el que hablas de accidentes en la mar, la mayor parte de ellos señalan al fuego como la causa más aterradora, de las muchas situaciones complicadas que la gente de mar nos podemos encontrar en nuestras navegaciones. Y, sí, es cierto, los incendios en los barcos de recreo prácticamente te incapacitan para salir airoso de ellos, pues la mayoría están construidos con fibras, maderas y materiales que pueden arder con suma facilidad. Sin embargo, los barcos de motor son más propensos a padecer estos accidentes, ya que sus sistemas y motores son mucho más sofisticados que en los veleros, extendiéndose sus cableados y circuitos con mayor complejidad.
A lo largo de estos últimos cincuenta años de desarrollo de la náutica de recreo, estos accidentes han ido en aumento de una forma alarmante, multiplicando por diez los sucesos causados por el fuego. La razón es simple: se han incorporado a las embarcaciones un sinfín de aparatos electrónicos dotados de complejas estructuras de cableado para darles servicio. Y lo que hace la navegación más confortable, se vuelve contra nosotros cuando no están bien montados y diseñados, o los cables utilizados no son los adecuados en grosor y resistencia.

Incendio de un velero en Grecia.
Sé, por propia experiencia, que a los marinos veteranos no nos hacen falta tantas cosas para navegar, y preferimos simplificar la electrónica en aras de la seguridad. Lo que no tiene discusión es que, reduciendo la electricidad en nuestras embarcaciones, navegaremos más tranquilos. Pero es cierto que en esta era de tecnología desquiciada es difícil mantener principios tan sobrios. Por ello, es una cuestión de opciones, pero, sobre todo, de saber para qué queremos nuestro barco antes de llenarlo de artilugios.
En la actualidad, es difícil ver embarcaciones de recreo sin nevera, horno, piloto automático, radar, AIS y otros sistemas. Todos estos aparatos se activan por cables, circuitos y fusibles en permanente contacto con la humedad extrema y, por lo general, no se revisan nunca. Las compañías de inspección de buques se limitan a que llevemos a bordo un extintor y un cubo rojo con un cabo, cuando, si sufrimos un incendio, deberíamos contar con muchos más medios. Al no contar con ellos, las embarcaciones de recreo arden como teas, y los servicios de rescate se ven incapaces de controlar las llamas.

Las embarcaciones de fibra arden como teas, como esta en un puerto de Valencia.
En noviembre pasado, un amigo perdió su barco cuando fondeaba en una isla de Grecia. Un cortocircuito en la nevera provocó un incendio que consumió el interior del velero en pocos minutos. El grueso extintor que llevaban a bordo no sirvió, pues la madera artificial de los interiores, pegada con colas altamente inflamables, y el poliéster, se pusieron incandescentes en segundos. Sus cuatro tripulantes embarcaron en el auxiliar que tenían amarrado en la popa y pudieron ver desde la distancia cómo su velero de sesenta pies ardía. Los griegos mandaron una patrullera, pero cuando alcanzaron la rada, el velero era irrecuperable y acabó hundiéndose.
En Baleares, en agosto de 2023, un barco de motor de 30 metros con 17 personas a bordo ardió mientras estaba fondeado cerca de la costa de Formentera. Dada su gran eslora, tardó cinco horas en hundirse, sin que se pudiera esclarecer el origen del incendio.

Este yate quedo reducido a cenizas en Ibiza al no poderse controlar el fuego.
Ese mismo año, en Galicia, en la costa de Malpica, un velero de 12 metros de bandera sueca se incendió y sus cuatro tripulantes pudieron escapar a nado. Al parecer, una chispa saltó desde la potabilizadora, propagando el fuego rápidamente.
En 2021, en el puerto de Sotogrande, un velero norteamericano de 20 metros ardió en el muelle. Afortunadamente estaba vacío, y los bomberos lograron controlar las llamas hasta su naufragio. Se entabló un litigio, en el que la propiedad denunció las subidas y bajadas de tensión de la línea del puerto. El caso sigue en los juzgados.
Valencia era el puerto de atraque de dos veleros que ardieron en 2020 mientras estaban amarrados en sus pantalanes, lo que advierte del grave peligro que sufrimos los marinos responsables. Jamás dejamos conectado el cable de alimentación del puerto cuando no estamos a bordo, ya que es una de las causas principales de estos incendios. Podríamos seguir con casos similares hasta llegar a los más de cien barcos incendiados en solo diez años, sin que en ninguno se haya podido determinar el origen del fuego.

Fuego en puerto en un velero amarrado en Sotogrande.
Conclusión
En todos estos casos, los barcos se hundieron sin remisión y quedaron tan destrozados que los peritos no han podido determinar las causas exactas. No obstante, los siniestros apuntan a fallos eléctricos y electrónicos, aunque en alguno pudo haber un escape de gas. Siempre me ha parecido una malísima idea colocar barbacoas en los balcones de popa o realizar banquetes en las cocinas de los barcos. Las conducciones de las cocinas y hornos deben cambiarse cada tres años, y las mantas ignífugas, junto a potentes extintores, son imprescindibles. Si lleváis a bordo tres extintores, mejor. No dejéis jamás enchufado el barco a tierra, pues las subidas y bajadas de tensión en estas instalaciones pueden ser fatales.
Cuando fondeamos, tratemos de hacer la vida a bordo solo con las baterías y encendiendo el menor número de aparatos. Lo mismo cuando navegamos, ya que una corredera, las luces o un GPS consumen pocos amperios. Es fundamental mantener los bornes de las baterías limpios y bien apretados, ya que las vibraciones tienden a aflojarlos.
En cuanto al motor, nunca abriremos su compartimento mientras esté en funcionamiento y vigilaremos cualquier pérdida de aceite u otros líquidos. Los fumadores son un peligro en cualquier barco, al igual que almacenar gasolina, aceites y productos inflamables en los tambuchos de la cámara; en todo caso, deben estibarse en la bañera, bien sellados y con sus tapones revisados.
Si los incendios son pavorosos en los grandes barcos de transporte, que cuentan con sistemas avanzados para apagarlos y aun así fallan, en la navegación de recreo y deportiva estamos tan expuestos a este peligro que toda inversión en prevención es poca.


