No tengo ninguna novedad para comentarles hoy, Sant Jordi, día del libro. A finales de mayo voy a Madrid y pienso pasar por la librería náutica Robinson a por Tara Tari, de C. Trouchet (ed Almayer), y, posiblemente, Los astronautas del Cabo de Hornos, de N. Gray (ed. Punto Nemo Aventuras). De la autora del primer libro pueden escuchar una entrevista, para hacer boca, en el podcast A son de mar. Les hago una reseña para este verano y les animo a seguir estas dos nuevas editoriales.
Lo último que he leído de temática marinera confirma que en Gaceta Náutica somos sospechosos habituales y siempre tratamos los mismos temas. Estoy leyendo Las islas de la imprudencia, de R. Graves, y he terminado En el corazón de mar, de N. Philbrick (ed. Mondadori). Ambos comprados de segunda mano en Iberlibro, un portal de librerías de viejo donde está todo.
En el corazón del mar es un detalladísimo reportaje sobre la tragedia del Essex, un ballenero de Nantucket que fue atacado por un cachalote en el Pacífico -hundiéndolo e inspirando a Melville para Moby Dick, y las vicisitudes de la tripulación a bordo de tres balleneras tratando de llegar a tierra firme. Un drama mayúsculo con muerte por hambre y canibalismo incluido; de una chalupa sólo sobrevivieron dos, tres en otra y otros tres que decidieron quedarse en una isla desierta en medio de la más absoluta nada. Impresionantemente bien documentado. Asombroso que alguien que ha sido marinero, segundo, primer oficial y luego capitán, que pueda llevar una fragata hasta la mitad del Pacífico, no sea capaz de determinar perfectamente su posición, no sepa dónde caen las islas más cercanas y crea que los salvajes los devorarán para, finalmente, decidir que Chile es la mejor opción entre las pocas que tiene. La anti historia de la gesta William Blight tras el motín del Bounty.
Las islas de la imprudencia novela el viaje de Álvaro de Mendaña, su mujer –Isabel Barreto– y la familia de esta, más una guarnición de soldados y no sé cuántos colonos de América a las islas Salomón. Si les suena es porque han leído a Miguel Félix Chicón o han estado atentos al podcast sobre el Tornaviaje. Se me ha hecho bola pero se va animando, y no por la escritura de Graves, sino porque la historia no tiene ni pies ni cabeza: un promotor que quiere hacer su última expedición; su mujer convence al virrey de turno; su familia son unos confabuladores; el coronel es un borracho; se pierde un barco; colonizan mal una isla; rebelión, asesinatos, muerte… Una aventura de tomo y lomo que te hace ver que con un poco de orden el Pacífico hubiera sido el lago español tres siglos más y no el espejo de nuestro país. Sí, hay que leerlo para explicarnos a nosotros mismos.


