Traje de marinero en la comunión: superstición, moda y un príncipe inglés
Cómo un uniforme naval infantil se convirtió en el atuendo casi obligatorio de la primera comunión, entre tradiciones supersticiosas y tendencias impuestas desde la corte británica

Cómo un uniforme naval infantil se convirtió en el atuendo casi obligatorio de la primera comunión, entre tradiciones supersticiosas y tendencias impuestas desde la corte británica

Orión decae, Escorpio despunta y el Sol ya ha salido por el Este: la primavera ha llegado, y con ella el cruce más loco entre ropa marinera y terráqueos. Porque si la gente de la mar es tan supersticiosa que a los barcos no deben subir ni curas ni gatos, ni se puede silbar a bordo, ¿qué pensarán de que los niños se vistan de marineros para recibir la primera comunión?

Esta vez sí he juntado suficiente información. En un artículo del ABC de mayo de 2014, el —cojan aire, que el cargo es rimbombante— director del Secretariado de Catequesis de la Conferencia Episcopal Española afirma que no hay ninguna lectura religiosa en el traje de marinero, que es una moda y que la Iglesia no tiene nada que ver. Sí habla del vestido blanco y de la limpieza y pureza que representa. Está claro que nadie se acuerda de los fogoneros, los engrasadores o los que evisceraban el bacalao en Gran Sol. Pero nada de que esta tendencia se impulsó por la admiración hacia marineros y exploradores de la época, como se puede leer en otra web. Que, por otra parte, sería espectacular entrar en una capilla disfrazado de Alejandro Malaspina o de Jorge Juan, peluca empolvada en ristre.

El mismo artículo remite a otro, de 1952, donde un arzobispo ya se quejaba del lujo desmedido. No caló mucho, ya que dos años después encontramos un anuncio de Galerías Preciados con modelos de smoking, marinero, oficial de Marina, almirante y otras fantasías.

Tirando del hilo, sabemos que fue en la década de 1920 cuando se popularizó el traje de marinero como algo específico para la primera comunión. A principios del siglo XX no era común este atuendo para la eucaristía, aunque sí lo era para vestir a un niño un domingo.

Y aquí viene el salto mortal: el origen de vestir a los niños de marinerito tiene fecha y protagonista concretos. De hecho, hay hasta un cuadro. En septiembre de 1846, vistieron con una reproducción a escala a Alberto Eduardo, príncipe de Gales y con cuatro años entonces, hijo de la reina Victoria, durante un crucero por las islas del Canal de la Mancha. Winterhalter fue el pintor que inmortalizó el momento, pero fueron los grabados y las revistas de moda los que hicieron que, para 1870, el traje de marinerito fuera ya tendencia mundial.

Un apunte importante: nadie había vestido antes a un príncipe, ni a ningún niño, de marinero de guerra, porque no existía la uniformidad en las armadas. No fue hasta comienzos del siglo XIX que se estandarizó la vestimenta a bordo de los buques militares. En España, la primera reglamentación es de 1826.

¿Cómo llegó a nuestro país? Esta moda internacional coincidió con la batalla del Callao y la vuelta del almirante Méndez Núñez (1866), por lo que parece que se aprovechó la tendencia en el vestir y un cierto homenaje a nuestra Armada. Primero se impuso entre la alta sociedad y en días festivos, y luego se extendió entre toda la población y como uniforme en algunos colegios, hasta acabar siendo casi obligatorio en las primeras comuniones.

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