Marina Sanz-Martín (Albacete, 1988) trabaja como investigadora postdoctoral en el Centro Oceanográfico de Baleares, gracias a una ayuda Vicenç Mut del Govern. Actualmente impulsa el proyecto Clisssartes, financiado por Axa Fondo de investigación, en el que investiga los impactos del cambio climático en la pesca artesanal y de arrastre y la incorporación del cambio climático en el diseño de las áreas marinas protegidas.
Pregunta: ¿En qué consiste su investigación?
Respuesta: Es un abanico muy amplio sobre cómo afecta el cambio climático a nivel ecológico y cómo podemos incorporarlo a la gestión, esto último en una fase muy inicial. Actualmente en el diseño de las áreas marinas protegidas no se tiene en cuenta el cambio climático, ni tampoco en la gestión de los recursos pesqueros. El cambio climático está completamente fuera de las medidas de gestión y no se tiene en cuenta cómo responden las especies a la gestión que hacemos los seres humanos de los recursos.
P: ¿Qué efectos tiene el cambio climático en el Mediterráneo?
R: El cambio climático está introduciendo profundos cambios ecosistémicos y en la distribución de las especies. Las especies están cambiando su centro poblacional. Hay otro tipo de impactos, como la pérdida de hábitats y de la biodiversidad, que tienen consecuencias tanto para las especies que captura la pesca artesanal como de arrastre. Es decir, en algunos de los recursos biológicos de los que depende el ser humano.
P: ¿En qué se pueden concretar esos cambios?
R: En que haya especies que desaparezcan y otras aparezcan. Por ejemplo, en un reciente estudio que publicamos el año pasado, vimos que un 24% de las especies se estaban moviendo desde la zona del Delta del Ebro hacia el golfo de Alicante. Hay un número importante de especies que están cambiando su distribución.
P: ¿Y en Baleares?
R: Todavía no lo sabemos, pero son cambios que están sucediendo a escala global. Las especies se están desplazando hacia los polos y están cambiando su latitud en busca de aguas ligeramente más frías, donde el cambio climático sea más lento. Todo el sur de Baleares es una zona altamente expuesta al cambio climático. El sur de Mallorca, Cabrera, Eivissa y Formentera son zonas que presentan un cambio climático más rápido.
P: ¿Qué especies están afectadas?
R: Por ejemplo, el gerret y el jonquillo buscan aguas más frías. Otros estudios han demostrado que la llampuga está más cómoda en aguas más calientes y se está expandiendo. Hay también especies invasoras, como el cangrejo azul, que se ve beneficiado por aguas más cálidas y está aumentando en el Mediterráneo.
P: ¿Qué particularidades tiene el Mediterráneo?
R: El Mediterráneo es un ecosistema semicerrado, solo está conectado por el estrecho de Gibraltar. El intercambio de agua es menor y las especies no tienen esa capacidad de distribución. Es un callejón sin salida. Estamos viendo que el Mediterráneo oriental tiene una mayor exposición al cambio climático que el occidental. Es importante analizar la exposición al cambio climático teniendo en cuenta el comportamiento de las especies, su ecología y sus características. Como es importante analizar el impacto conjunto del cambio climático con otras presiones.
P: ¿Cómo cuáles?
R: No podemos negar que hay una intersección con otras presiones antropogénicas, como la construcción en la costa, la navegación, el turismo, el arrastre de barcos en fondos, la contaminación, los vertidos y el aumento de la entrada de nutrientes en las costas.
P: Hablamos siempre de riesgos para la naturaleza, pero ¿lo son también para el ser humano?
R: Efectivamente. Yo me centro más en el impacto ecológico y ecosistémico, pero la naturaleza proporciona un servicio a los seres humanos y que esté en riesgo implica que nuestra salud también lo está. Nuestra capacidad de adaptación al cambio climático está en riesgo, ya que una de las maneras de adaptarnos a él es consumir localmente y reducir la importación de otro tipo de productos y que producen emisiones de efecto invernadero. En la medida que los recursos de nuestro alrededor se ven mermados, disminuye nuestra capacidad adaptativa al cambio climático. Es necesario conservar la naturaleza y favorecer también que de una manera sostenible las comunidades que dependen de esos recursos naturales puedan sobrevivir.
P: La protección del Mediterráneo, ¿debe ser mayor aún?
R: Sí, sin lugar a dudas. No solamente en cuanto a la restricción pesquera, sino en todos los aspectos. Necesitamos cuidar el medio ambiente, protegerlo y fomentar su viabilidad y su éxito porque todos dependemos de él. Es fundamental que aseguremos un uso sostenible de los recursos a largo plazo y de todo tipo, no solo pesqueros, sino también de cara al turismo.
P: También trabaja en el estudio de los refugios climáticos.
R: Una de las propuestas a nivel mundial es que las zonas de protección estricta sean refugios climáticos, donde se asegure la viabilidad y el éxito de diversas poblaciones de especies. Que los esfuerzos de protección vayan dirigidos a esas zonas. Ahora estoy de estancia en la Universidad de Stanford y estamos trabajando en analizar en profundidad los procesos de identificación de refugios climáticos. También es importante asegurar una conectividad de unas áreas con otras para las especies migratorias, mediante los corredores climáticos. Se abren numerosas vías de trabajo para el futuro.
P: ¿Cómo valora la sensibilidad de los políticos hacia el cambio climático?
R: Tenemos un contexto político muy oscuro. Puedes tardar mucho tiempo en publicar un artículo, y pasa por un proceso exhaustivo de evaluación. Y claro, encontrarte con discursos negacionistas es muy tortuoso. Es muy necesario hablar de cambio climático, de sus consecuencias, hacer concienciación, divulgación. Trasladar la ciencia a la sociedad. Para mí la conclusión es que la ciencia no está llegando a la sociedad. Si tenemos ese tipo de discursos, si las personas encargadas de la gestión no incorporan perspectivas científicas, algo estamos haciendo mal como sociedad.


