Nada más misterioso que las profundidades marinas. Allí donde viven animales desconocidos y la geografía se asemeja a la de los sueños. Por eso, cuando uno de sus habitantes entra en nuestro mundo, nos produce una gran atracción y al mismo tiempo una enorme inseguridad. ¿Qué ocurre? ¿Algo va mal?
La manta (Mobula mobular) es un animal que vive en mar abierto. Tiene más de tres metros de envergadura, pesa 150 kilos y es capaz de sumergirse en picado hasta los 600 metros de profundidad. Destaca por su gran elegancia, batiendo unas enormes alas cuando nada, y tiene uno de los cerebros más grandes entre los peces. Las dificultades para estudiarla hacen que este animal aún esté envuelto en un cierto misterio.
La costa no es su hábitat natural. Sin embargo, desde el pasado mes de mayo, un número insospechado de mantas se está acercando al litoral del Mediterráneo occidental. Los casos se cuentan en Francia, Italia y España. Entran en calas cerradas, se posan en el fondo arenoso e incluso varan en las playas. Un comportamiento muy extraño que se había observado puntualmente, pero nunca con esta magnitud.
“Es una actitud que denota una patología”, explica Gabriel Morey, biólogo marino de la Fundación Save the Med, consultado por Gaceta Náutica. Los científicos están trabajando a fondo para hallar una explicación a este fenómeno, que por el momento —y a falta de tener todos los resultados de los análisis— sigue siendo un misterio. “Hay que ser cautos y no lanzar ninguna hipótesis hasta que tengamos los resultados”, prosigue Morey.
Gran parte de la preocupación científica se debe a que la manta es un animal en peligro de extinción a causa de su elevada mortalidad por la pesca. Suele observarse en el mar balear entre mediados de mayo y de agosto. En condiciones normales, se la ve en aguas abiertas, con una profundidad de 200 metros o más, donde manifiesta “comportamientos de cortejo”.

Una de las mantas fallecidas en Mallorca es trasladada a las instalaciones de Palma Aquarium para practicarle la necropsia.
Por esta época, equipos de científicos y voluntarios suelen trabajar localizándolas y, en ocasiones, les colocan una marca electrónica en el cuerpo, que permite hacer un seguimiento por satélite de sus movimientos. Bernadí Alba, presidente de la Asociación Mallorquina de pesca recreativa responsable y de la Alianza española de pesca recreativa sostenible, suele participar en estas campañas. “Son animales curiosos e inteligentes, a veces se acercan a los buceadores a uno o dos metros”.
El varamiento de mantas en las costas españolas se ha detectado en numerosos puntos de Cataluña, la Comunidad Valenciana, Murcia, Andalucía y Baleares. En Mallorca, hay cinco casos confirmados en Santanyí, Son Serra de Marina, Illetes, Playa de Palma y Estellencs. Y también hay noticia de varamientos en Menorca y Eivissa.
“Hemos recibido más de 60 llamadas en un mes”, explica Xisca Pujol, responsable de la red de varamientos de fauna marina en las Islas Baleares de la Fundación Palma Aquarium.
Sin embargo, no todas las llamadas correspondían a mantas, sino que muchas eran a causa de rayas violáceas, un animal que también está manifestando un comportamiento extraño. Es por ello que, ante el avistamiento de uno de estos peces en la costa, es de gran utilidad mandar fotos y vídeos a las autoridades responsables, para que puedan determinar qué tipo de animal es y actuar en consecuencia.
¿Qué diferencia hay? En líneas generales, las rayas son más pequeñas (de uno a dos metros), tienen la boca en la parte ventral y cuentan con un aguijón que dependiendo de la especie puede ser venenoso. En cambio, las mantas son más grandes (hasta 3,2 metros), tienen la boca en la parte anterior para filtrar el alimento y su cola es totalmente inofensiva.

Un equipo de biólogos y veterinarios atiende a la manta varada en Illetes (Calvià).
“Pedimos a la población que no actúen por ellos mismos, ya que se trata de fauna marina protegida y a veces, queriendo hacer un bien, se hace lo contrario”, explica Xisca Pujol. En caso de avistar a uno de estos animales, hay que llamar al 112, que es quien avisa a la Fundación Palma Aquarium. “No hay que tocarlos, son animales muy sensibles al estrés y se les puede causar la muerte”, abunda Gabriel Morey.
Hasta ahora, la Fundación Palma Aquarium ha podido actuar en dos casos de mantas varadas: uno en Illetes y otro en la Playa de Palma. En ambas ocasiones, después de que un veterinario hiciera una valoración, se procedió a practicarles una eutanasia dentro del agua. Una vez confirmado el fallecimiento, los cuerpos se trasladaron a las instalaciones de Palma Aquarium, donde se les practicó una necropsia y se tomaron muestras de órganos, músculos y sangre.
“Estamos en contacto con otros centros de recuperación y sabíamos que no iban a mejorar, se llevó a cabo la actuación correcta,”, explica Xisca Pujol. En otros lugares, se ha intentado “reintroducir al animal en mar abierto y ha vuelto a varar”, por lo que “no es una decisión a la ligera”, explica. En definitiva, se trata de “evitar sufrimiento” al animal, que de lo contrario hubiera muerto de hambre lentamente.
Las muestras tomadas se han enviado a diferentes laboratorios especializados tanto de la península como de otros lugares de Europa. Se trata de estudios “detallados y muy amplios” y que tardan mucho tiempo en llevarse a cabo, por lo que todavía no se dispone de los resultados. Los científicos esperan que les ayuden a resolver el misterio de los varamientos.

Gabriel Morey, biólogo marino de la Fundación Save the Med.
“Aún nos faltan piezas del puzle, seguimos investigando”, explica Xisca Pujol. Existe un grupo de trabajo que se reúne semanalmente desde hace ya más de un mes para compartir información y determinar los protocolos a seguir. En él participan biólogos, veterinarios, instituciones autonómicas y estatales… “Pocas veces habíamos visto tanta colaboración”, valora Pujol.
¿Una enfermedad? ¿Una consecuencia de las altas temperaturas del agua? Las hipótesis pueden ser diversas y los científicos no quieren desvelar ninguna. Bernadí Alba, por su parte, interpreta que “el mar nos está mandando un mensaje” y nos invita a escucharlo.


