En el paraíso donde nos ha colocado el destino, las Islas Baleares, la mar forma parte de nuestra vida: por ocio, economía, carácter y paisaje. Se está trabajando en encauzar este sector, pero sería conveniente disponer de unas líneas básicas que marquen un rumbo común. En la última Mesa Náutica se planteó la necesidad de un plan estratégico para la náutica en nuestra comunidad, un plan que dé seguridad al sector, evite tensiones sociales y mida los impactos ambientales de esta actividad. Sin datos contrastados, las opiniones pierden valor.
Este plan debería ser socio-político, ya que dejarlo todo en manos de la Administración supone correr el riesgo de que, con cada cambio de gobierno, se produzcan retrocesos como sucede en ámbitos estratégicos como la enseñanza, la justicia o la sanidad. Se trata de aunar la participación de la sociedad balear, los responsables políticos, los actores del sector náutico, los medios de comunicación y los educadores. No deberíamos ver este tipo de acciones como un freno a la náutica, sino como una orientación hacia un futuro que conjugue el respeto a nuestra sociedad y entorno con una actividad motor de la economía.
Algunas de las líneas estratégicas que deberían contemplarse son claras. En primer lugar, garantizar un acceso equitativo y fomentar la náutica social. La implicación de la ciudadanía es fundamental, y evitar que la gentrificación del mar llegue a extremos similares a los de tierra debería ser una prioridad.
En segundo lugar, debe cuidarse el medio ambiente y ordenarse el uso del litoral. Es necesario promover que la náutica y los deportes del mar sean cada vez más limpios y respetuosos, y regular actividades que, como la concentración de centenares de turistas en zonas reducidas, resultan más habituales de lo deseable.
En tercer lugar, impulsar el desarrollo económico y el empleo azul. El sector debe apostar por la excelencia y la calidad, abandonando la lógica de la cantidad. Baleares cuenta con empresas punteras y profesionales capacitados para definir un modelo basado en la innovación y la calidad.
La cuarta línea sería la digitalización y el uso de datos y tecnología. Existen herramientas como el LiDAR que permiten un control más eficiente. Sin embargo, no debe perderse el contacto humano ni la calidad en la prestación de servicios, como ha sucedido con los campos de boyas, donde la atención presencial ha sido sustituida por una gestión telemática poco práctica. También es necesario que las nuevas instalaciones mejoren en seguridad siguiendo criterios aplicados en otras zonas del Mediterráneo, donde los fondeos están preparados para condiciones exigentes.
Finalmente, la gobernanza. Los ciudadanos deben ver en este plan su enlace con el mar, y al mismo tiempo garantizarse la coordinación entre administración, sector náutico y sociedad. El momento político actual, con un Govern en el que ningún grupo tiene alergia a lo azul, es una oportunidad para impulsar este reto.
El Plan Estratégico de la Náutica en Baleares no debería entenderse solo como una hoja de ruta sectorial, sino como una oportunidad para reconectar con el mar, democratizar su acceso y garantizar un desarrollo ordenado y sostenible. El turismo muestra lo difícil que resulta reconducir un modelo cuando no se corrige a tiempo.
Ahora es el momento de construir la náutica del futuro con sentido común. Baleares ha sido pionera en el desarrollo náutico y debería serlo también en dotarse de un plan estratégico que garantice un futuro accesible para todos. Si anhelamos una mar para siempre, trabajemos para construir una náutica para todos.


