El barco era un verdadero caos, la tripulación era internacional y los tripulantes no se entendían, por lo que para las maniobras utilizaban un lenguaje de signos

El barco era un verdadero caos, la tripulación era internacional y los tripulantes no se entendían, por lo que para las maniobras utilizaban un lenguaje de signos

En el siglo pasado las regatas oceánicas eran otra cosa. Lo sé porque estaba ahí, había románticos que navegaban sin cobrar solo por el orgullo de hacerlo, proyectos de regatas alrededor mundo sin presupuesto solo con la ilusión de llegar a dar la vuelta. La Whitbread 1989-90 fue la quinta edición de la famosa regata, seis etapas largando y llegando a Southampton ganadas todas por el Steinlager2 de Peter Blake, donde hubo de todo; primeras tripulaciones femeninas, barcos rotos, tripulantes caídos al mar y otras catástrofes. 

Nosotros teníamos nuestras ilusiones y cruzábamos el Río de la Plata a Punta del Este (Uruguay), una de las etapas, con máquinas de coser y herramientas para hacer el servicio de reparación de velas. En realidad, queríamos estar en la fórmula 1 de la navegación a vela. También se agregaba a la aventura que a los extranjeros les estaba prohibido trabajar en Uruguay o sea que nuestros esfuerzos, como era costumbre, orillaban la ilegalidad, pero dentro del bullicio del puerto de los 23 barcos, con cientos de tripulantes, periodistas y curiosos, pasábamos inadvertidos.

El máximo exponente de estas férreas voluntades marineras era el barco ruso Fazisi. Era la primera vez que un yate de la USSR participaba de la whitbread. Su diseñador era Vlad Murnikov, el patrón era Aleksei Grishenko y a bordo iba como asesor el experimentado Skip Novak que había participado de las dos ediciones anteriores. «Fasizi» no es una palabra con un significado intrínseco en español, no pude saber el origen del nombre ni aún después de la larga explicación en ruso que me dio Vlad Murnikof.

Lo que al principio fue un proyecto inalcanzable para el diseñador, Gorbachov y la llegada de la Perestroika lo hicieron una realidad, que por supuesto tuvo un desarrollo azaroso. A último momento consiguieron que un Antonov 124, en ese momento el avión de transporte más grande del mundo, llevara el barco, sin terminar, hasta Southampton. El éxito de su llegada y toda la exposición mediática les hizo conseguir a Pepsi Cola como patrocinador. Entonces, el barco pudo ser terminado y el casco y velas fueron rotulados con logos gigantes del refresco yankee.

Momentos antes de la largada todo se fue a la mierda, Pepsi retiró el apoyo pero largaron igual. Increíblemente con una tripulación inexperta y el barco sin pruebas previas, terminó la primera etapa en Punta del Este en décimoprimera posición, superando a algunos de los mejores competidores del mundo.

Considerando que las casas londinenses apostaban 100 a 1 a que ni siquiera llegarían a la salida, fue un éxito increíble. Yo participé de algunas reparaciones del Fazisi y puedo asegurar que el barco era un verdadero caos, la tripulación era internacional y los tripulantes no se entendían, por lo que para las maniobras utilizaban un lenguaje de signos. Yo hablaba con un tripulante ruso que chapurreaba italiano y me contó que tenían el barco lleno de latas de conserva que habían perdido los rótulos de papel, por lo que se comía la lata que se abría, las albóndigas mezcladas con melocotón en almíbar fue el plato estrella.

Murnikov, Grishenko y Novak eran de los pocos en el Fazisi que conocían la grave situación financiera del programa. Para peor, mucho peor, el patrón  decidió colgarse de un árbol en Punta Ballena dejando una nota que no explicaba nada. Parecía que esta tragedia detendría al Fazisi, pero quizás lo que mejor saben hacer los rusos es energizarse ante la tragedia, profundamente conmocionados, de alguna manera reunieron sus últimas fuerzas para continuar el viaje por los océanos del mundo con Novak al timón. Después de esta aventura el barco tuvo muchas más donde parecía que iba a desaparecer pero nunca ocurría, varado, desaparecido en huracanes, abandonado, etc. Aún sigue vivito y coleando con estilo, como barco de alquiler, pero esto es otra historia.

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