Toni Llobet: «El dibujo es una herramienta de alfabetización naturalista»
Toni Llobet (Barcelona, 1975) es dibujante y naturalista. Su gran pasión es la divulgación de la naturaleza.

Toni Llobet (Barcelona, 1975) es dibujante y naturalista. Su gran pasión es la divulgación de la naturaleza.

El uso de herramientas digitales ha llevado a Toni Llobet a desarrollar un estilo artístico único, en el que se combinan la fotografía y la ilustración, con resultados detallistas y espectaculares. Es el autor del póster La mar de vida entregado por Gaceta Náutica el pasado mes de agosto.

Pregunta: ¿Dónde nace su vocación de naturalista?

Respuesta: Yo soy un cachorro de Félix Rodríguez de la Fuente y un alevín de Jacques Cousteau. Además, mi padre, que era de Roses, era nieto de pescadores y un hombre de mar. Tenía una barquita y salíamos con ella, por lo que tengo la cultura de que todo es pescable y consumible, en el límite de la legalidad; y de las gafas y el tubo.

P: ¿Y la vocación de dibujante?

R: Yo dibujaba mucho y mis padres me llevaron a una academia que se llamaba L’Arc, en Barcelona, donde hice clases de plástica durante siete años. Luego, a los 16 y 17 años hice unos cursos de dibujo naturalista en el Parc Natural dels Aiguamolls de l’Empordà, y el dibujante Juan Varela me abrió la puerta a la acuarela y el dibujo bien hecho.

P: ¿En qué momento la balanza se inclina hacia el dibujo?

R: Muy pronto. Suspendí el COU y me quedó un año sabático antes de poder entrar en Biología. Entonces fui de voluntario a un zoo de especies en peligro en la isla de Jersey, fundado por Gerald Durrell, básicamente a recoger caca de monos. Pero el segundo o tercer día me dijeron “¡ostras, tú sabes dibujar! ¿Por qué no haces unos paneles para la casa de los animales nocturnos?” Después me contrataron y fui dos meses a trabajar con 18 años. La vida me llevó hacia allí. Me llamó el arte.

P: ¿Y cuándo entra en contacto con el mundo de la ilustración digital?

R: Me propusieron ilustrar un CD Rom educativo sobre los ríos y entré en contacto con la familia Giribet, que son los que tuvieron el primer Macintosh, en 1984, y me dijeron «tienes que hacerlo en digital». Esto era en 1997. Fue gracias a ellos, yo no tenía ningún olfato. Es una herramienta brutal con la que tuve la suerte de entrar en contacto 10 o 15 años antes de que se democratizara.

P: Y esa ventaja le permitió ser la persona elegida para ilustrar el Handbook of the Mammals of the world, una obra de 9 volúmenes que recoge todas las especies de mamíferos del mundo. ¿Cuántos años le dedicó?

R: Unos siete u ocho años. Una locura. Era un trabajo monacal, en casa dibujando, en base a muchas referencias fotográficas. Fueron unos años muy heavys, con mucho estudio pero poco trabajo de campo.

P: También requería trabajo de investigación.

R: Sí, eso fue muy bonito. Era la transición al mundo digital y no había excesivas fotos de algunas especies. Y fuimos a los museos de historia natural de Londres y París a hacer fotos de animales. Los museos tienen una parte abierta al público y después una especie de catacumbas enormes con la temperatura y la humedad adecuadas, y allí conservan los ejemplares originales en base a los que se describieron las especies. Fue brutal tener acceso a todo eso. Eran pasillos enormes llenos de estanterías con clasificadores. Era como el Arca de Noé con animales disecados.

Poster La mar de vida, de Toni Llobet, entregado con la edición impresa de Gaceta Náutica del pasado mes de agosto por cortesía de Marilles.

P: ¿Qué animal disfruta más dibujando?

R: Los más agradecidos son los mamíferos marinos, que son resultones y además con una dificultad limitada. Porque en el otro extremo tienes el puercoespín, que es un infierno. O los leopardos y las zebras, con el patrón de rayas y manchas. La ballena azul, que tiene unas aguas muy bonitas, o el narval son muy chulos de dibujar. En este trabajo siempre tienes la presión de que cada dibujo tiene que ser lo más perfecto posible, porque si no te vienen los expertos a corregir. Eso me ha hecho un friqui de la precisión, con poco margen de maniobra artística o para la inventiva.

P: Para dibujar hábitats, combina la fotografía y la ilustración.

R: Ilustrar no implica imperativamente dibujar, sino mostrar gráficamente de manera comprensible y precisa. En un momento dado pensé: si yo hago las fotografías y dibujo encima, ¿por qué me tengo que matar a hacer todas las hojas de la posidonia? Puedo ahorrar tiempo de estudio y ser igualmente informativo. Las fotos no tienen que ser necesariamente muy buenas, han de ser las partes de un collage que después compones. Es muy bonito. Implica ir con expertos en cada hábitat e informarte. Entras a un gran nivel de detalle. Aprendes mucho y es muy gratificante.

P: ¿Es el resultado más real que con una foto única?

R: Con Kike Ballesteros, ecólogo marino fallecido hace un año, decíamos en broma que estas panorámicas eran un poco el Jardín del Edén. Todo lo que tendría que estar en una sola imagen. Se trata de construir una realidad idealizada que es la suma de muchas experiencias.

P: ¿Qué aporta el dibujo digital desde el punto de vista de la productividad?

R: El hecho de poder hacer control z te permite asumir unos riesgos que a mano no te atreverías. Puedes ser más productivo y aprender más por hora vivida. Pero este discurso ha quedado un poco anticuado. Ahora hasta los viejos dinosaurios van con una tableta.

P: ¿Y a nivel creativo?

R: Los límites se expanden, por ejemplo, trabajando con fotografía o formatos audiovisuales. Los nativos digitales no son conscientes de hasta qué punto tenemos una herramienta ultrapoderosa, que nos permite avanzar y aprender más.

P: ¿Qué cree que aporta la divulgación y la educación a la conservación de la naturaleza?

R: Yo al principio pintaba cuadros. Un día vendí uno por 600 euros a un ricacho constructor. Y comprendí que, si me iba bien, acabaría trabajando para gente con mucha pasta. Lo que yo quería hacer eran libros de educación ambiental. Y me he dedicado a miniguías de bolsillo muy baratas, que hacen accesible el conocimiento de la naturaleza. Lo que más me satisface de mi trabajo es ver a gente normal que se compra una guía de mariposas, setas o fauna marina. Es la manera de abrir la puerta al conocimiento de una cosa que en el fondo a todo el mundo le atrae. Una herramienta de alfabetización naturalista. Si para ti en el mar todo son peces, es que no sabes interpretar el mundo a tu alrededor, y esto es extensible a todos los hábitats.

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