La mayor red de narcotráfico de Baleares tenía un ‘infiltrado’ en el puerto de Palma
Un agente contratado temporalmente en la Policía Portuaria era el hombre de confianza del líder serbio de la organización, para quien realizaba labores de logística, contravigilancia y planificación. Estuvo destinado en el Dique del Oeste y el Muelle de Peraires. El día de la redada policial abandonó su puesto de trabajo alegando “motivos familiares”

Un agente contratado temporalmente en la Policía Portuaria era el hombre de confianza del líder serbio de la organización, para quien realizaba labores de logística, contravigilancia y planificación. Estuvo destinado en el Dique del Oeste y el Muelle de Peraires. El día de la redada policial abandonó su puesto de trabajo alegando “motivos familiares”

La red internacional de tráfico de drogas y armas desmantelada por la Guardia Civil y la Policía Nacional en Mallorca tuvo a un ‘infiltrado’ en la Policía Portuaria durante varios días. La investigación atribuye a este individuo, identificado como Ángel. L.L. y destinado el pasado julio en el puerto de Palma para cubrir una vacante, un rol muy destacado en la organización. Era, de hecho, uno de los “hombres de confianza” del cabecilla de la banda, el luchador serbio de MMA Stefan Milojevic, al que, según informes policiales a los que ha podido acceder este periódico, acompañaba en operaciones y viajes clave destinados a planificar la introducción de importantes cantidades de hachís y cocaína en Mallorca e Ibiza, y con quien mantenía conversaciones regulares acerca de aspectos logísticos y operativos de la organización.  

Los investigadores han recabado numeroso material incriminatorio contra Ángel L.L., entre el que se encuentran diversos pinchazos de conversaciones telefónicas u obtenidas a través micros ocultos. En ellas, el sospechoso contratado temporalmente como agente portuario habla con Milojevic sobre tráfico de armas, introducción de drogas, reparto de beneficios, medidas de contravigilancia e incluso decisiones estratégicas de la propia red.  

Contravigilancia

Un portavoz de la Guardia Civil explicó el pasado 6 de noviembre, durante la rueda de prensa para presentar los resultados de la operación policial desarrollada a lo largo de los dos últimos años, que los investigados utilizaban sistemas de vigilancia y seguridad “nunca vistos hasta la fecha”. Angel L.L. se ocupaba, entre otras funciones, de controlar puntos de encuentro, observar vehículos, analizar matrículas y alertar sobre presencia policial. En uno de los numerosos atestados de los que consta la causa judicial se afirma que advirtió a Milojevic de que su calle estaba vigilada por “la secreta”. También se le relaciona con planes sobre cómo actuar si algún miembro de la red era interceptado con armas de fuego o qué medidas de presión o represalias adoptar contra personas que fallaran a la organización.

La operación, denominada ‘Enroque-Manso’, es una de las mayores investigaciones policiales realizadas en Baleares contra el crimen organizado. La labor conjunta y coordinada de Policía Nacional y Guardia Civil se saldó el pasado mes de agosto con la detención de más de 70 personas y la incautación de 687 kilos de cocaína, 2.600 de hachís, diversas armas de fuego y 1,5 millones de euros. Las pesquisas han revelado que se trataba de una red “transnacional” vinculada a diversas mafias, entre ellas el temido clan montenegrino Kavac, conocido por la extrema violencia de sus ajustes de cuentas. En una conversación interceptada, el cabecilla de la trama, Stefan Milojevic, advierte a su interlocutor que no puede “jugar” con estas personas porque “le cocinarían”. La Guardia Civil recalca en este punto de sus diligencias que, a raíz del citado pinchazo, queda “meridianamente claro” que un gran cargamento destinado a Ibiza era propiedad de la banda montenegrina. Y añade a continuación: “Es sabido que el clan Kavac posee la fama de triturar y cocinar a las personas que le fallan o a sus enemigos”.  

Vigilancia de los muelles comerciales

El ‘infiltrado’ en los muelles comerciales de Palma tenía, en su condición de agente portuario eventual, “acceso a todos los edificios y zonas de gestión directa de la Autoridad Portuaria, con excepción de edificio sede y el centro de control de emergencias”, según informó la propia APB a requerimiento de los investigadores.

Ángel L.L. se encontraba de servicio en la zona del puerto de Palma conocida como “check point” el pasado 11 de agosto, día en que la Guardia Civil y la Policía Nacional, en coordinación con el Juzgado de Instrucción número 7 de Palma, decidieron iniciar las detenciones y registros de la operación ‘Enroque-Manso’. Uno de sus compañeros ese día ha declarado que Ángel abandonó su puesto visiblemente alterado tras comunicar que debía marcharse “por motivos familiares”. Otro agente del puerto especifica en una “nota interna” que el sospechoso recibió una llamada pasada las siete de la mañana en la que un vecino le informó de que la policía estaba en la puerta de su casa. “Dijo que tenía que irse y ocupé su lugar”, añade.

Ángel L.L. fue contratado a finales de julio como trabajador eventual “por circunstancias de producción y para cubrir vacaciones”. Su relación laboral con la APB expiró el 19 de agosto y no fue renovada “al no superar el periodo de prueba”, razón por la que no llegó a incoarse contra él expediente por abandono del servicio. En este corto periodo de tiempo, de apenas 20 días, realizó labores de control en el Dique del Oeste (31 de julio y 9 de agosto) y en el Muelle de Pelaires (1, 2, 3, 4, 10 y 11 de agosto).

Las pesquisas policiales han revelado también la presunta participación en la trama de un inspector del Cuerpo Nacional de Policía. Se trata de Faustino N.G., ex jefe del Grupo Segundo de Estupefacientes y quien estaba destinado en el Grupo de Seguridad Ciudadana en el momento de su detención. Los atestados de la operación revelan evidencias sobre la relación estrecha que este funcionario mantenía con Stefan Milojevic, con el que se comunicaba a menudo por teléfono y llegó a mantener reuniones en locales de ocio. Las conversaciones intervenidas prueban que hablaban de operativos y procedimientos policiales, así como que en una ocasión conversaron sobre armas, precios y procedencias en un tono que los investigadores consideran “impropio de un funcionario”. La Unidad de Asuntos Internos le atribuye filtraciones a la trama, que a su vez pretendía “usarlo” para reclutar a otros policías corruptos.

Modus operandi en el mar

La organización utilizaba sistemas clásicos de drop and pick en alta mar: las embarcaciones que transportaban la droga desde Marruecos o desde redes balcánicas se aproximaban a puntos previamente acordados lejos de la costa, donde dejaban los fardos en el agua o los transferían a lanchas más pequeñas. Desde allí, los equipos de Stefan recogían el cargamento y lo trasladaban discretamente a Ibiza o Mallorca para evitar los controles en puertos. Este método aparece reflejado en una operación cerca de Ses Salines, donde la Guardia Civil describe la “recuperación de paquetes en alta mar”, o en la introducción de hachís y cocaína destinada a Ibiza.

La logística incluía vigilancias previas, comprobación de matrículas sospechosas en tierra y comunicaciones constantes para ajustar los tiempos de recogida, ya que un retraso podía hacer que los fardos se perdieran por deriva o fueran localizados por otra embarcación. En el caso del cargamento de cocaína atribuido al clan montenegrino Kavac, los investigadores concluyen que la droga llegó a Ibiza mediante una operativa marítima similar, con la organización local actuando como estructura de apoyo para la recepción y posterior traslado.

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