El último borrador del Ministerio de Agricultura sobre la declaración de capturas de pesca recreativa ha dejado a los aficionados entre la risa, la incredulidad y la sospecha. No por lo que aclara, que es más bien poco, sino por lo que insinúa: la llegada de una suerte de Gran Hermano náutico dispuesto a geolocalizar a cualquiera que tenga una licencia, pesque o no pesque, lance el anzuelo o se limite a darse un baño.
La idea, según se desprende del documento, es equiparar al pescador recreativo con un buque. Sí, un buque. Como si la neumática de 5 metros del vecino fuera primo hermano de un pesquero de altura noruego. Y claro, si a un “buque” le corresponde llevar una caja azul, pues habrá que instalársela también al jubilado que sale tres días en toda la temporada del raor. Total, ¿qué puede fallar?
La caja azul -un sistema de seguimiento vía satélite que se activa al arrancar el motor- permitiría saber en tiempo real si usted está pescando, fondeando para ver la puesta de sol o llevando a sus hijos a una cala para que se tiren desde las rocas. Todo ello justificado en nombre de la “gestión”, la “transposición de normas europeas” y otros grandes conceptos que siempre esconden una cosa: más control.
Y lo más irónico es que buena parte de quienes tienen licencia ni siquiera la usan. Pero da igual: llevar un papel en el bolsillo podría obligarte a viajar con un espía electrónico a bordo.
Mientras tanto, seguimos hablando de libertad en la náutica recreativa. Libertad, dicen. Pero con geolocalización obligatoria. Libertad monitorizada. Libertad vigilada. Una libertad muy del siglo XXI.
Gran Hermano pesca contigo. Aunque tú no pesques.


