Las compañías navieras que operan entre la Península y Baleares continúan incrementando el precio del transporte de mercancías para hacer frente al coste de las normativas medioambientales europeas vinculadas a la Agenda 2030. Trasmed, del Grupo Grimaldi, ha comunicado a sus clientes que a partir del 1 de enero de 2026 el recargo asociado al sistema europeo de derechos de emisión (EU ETS) será de 8,76 euros por metro lineal en viajes de ida y vuelta con origen o destino en Mallorca, aplicable a toda la mercancía excepto vehículos.
En una carta firmada por su directora comercial de carga, la naviera recuerda que desde 2024 está obligada a adquirir derechos de emisión de CO2 en el mercado regulado europeo para compensar la contaminación generada por sus buques. La normativa establece una implantación gradual, de modo que las navieras deben compensar el 40% de las emisiones generadas desde 2024, el 70% a partir de 2025 y el 100% desde 2026, cuando el reglamento alcanzará su plena aplicación.
Este sistema fue, precisamente, el motivo del anterior aumento aplicado por Trasmed el pasado 1 de junio, cuando la compañía se vio “obligada a repercutir la parte del coste que no había podido mitigar”, según explicó entonces a sus clientes su dirección comercial. Aquella subida, sumada a la de principio de año (de unos 6 euros por metro lineal) elevó el precio del metro de carga en nueve euros en apenas cinco meses, a los que ahora se suman los 8,76 del próximo enero.
La decisión de Trasmed se produce poco después de que Baleària, el 5 de noviembre, implantase también un nuevo incremento de casi 6 euros por metro lineal por el mismo motivo: compensar el coste del EU ETS en las rutas con Baleares.
La carga de la Agenda 2030 sobre una economía dependiente del mar
Estos recargos se suman a la entrada en vigor, el pasado 1 de mayo, de la declaración de todo el Mediterráneo como zona SECA, que obliga al uso de combustibles con menos del 0,1% de azufre o con emisiones equivalentes. Trasmed explicó entonces que trabaja en medidas de eficiencia para reducir los óxidos de azufre, “intentando minimizar el impacto económico, que a pesar de los esfuerzos es importante”.
El nuevo coste se está trasladando inicialmente a transportistas e intermediarios, pero la cadena es corta: “No tardará en llegar, si es que no lo ha hecho ya, a las estanterías de los supermercados y al conjunto de productos que llegan a Baleares, que son casi todos”, señalaba en junio uno de los clientes de la naviera, que admitía su cansancio por la “puñetera excusa de las emisiones”.
Las empresas del sector llevan años advirtiendo de la falta de alternativas tecnológicas realistas que permitan cumplir las exigencias impuestas por Bruselas. Las mejoras se han limitado a la implantación de motores duales, pero el coste del GNL se ha disparado y las reservas globales han disminuido. El barco mercante eléctrico sigue siendo, según reconocen fuentes del sector, poco menos que una utopía.
Un sector presionado por objetivos difíciles de alcanzar
El presidente del Clúster Marítimo Español, Javier Garat, calificó en febrero estos objetivos de “imposibles de cumplir”, señalando que generan una “sensación de fracaso continuo”. También alertó sobre el efecto indirecto de estas políticas: “La UE está exportando la deuda ambiental; todo lo que dejamos de producir vamos a tener que traerlo de terceros países y saldremos perdiendo en todos los ámbitos”.


