Las cafeterías del puerto de Palma apenas despiertan interés empresarial
El concurso de la APB para gestionar el Varadero queda desierto y el del antiguo Can Blanc solo recibe una oferta

El concurso de la APB para gestionar el Varadero queda desierto y el del antiguo Can Blanc solo recibe una oferta

El atractivo de los negocios de restauración en la zona portuaria de Palma parece agotarse. Así lo ponen de manifiesto dos concursos públicos convocados por la Autoridad Portuaria de Baleares (APB) para la gestión de sendos establecimientos con vistas al mar: uno ha quedado desierto y el otro solo ha recibido una oferta.

La mesa de licitación se reunió el pasado miércoles para abrir las propuestas presentadas para la explotación de ambos locales. El primero de ellos, el Varadero, situado al final del camí de la Escollera, no ha despertado el interés de ningún licitador. El segundo, el antiguo bar Can Blanc, ubicado en la desembocadura del torrente de Sant Magí, solo ha contado con una empresa aspirante.

El Varadero, actualmente gestionado por el Grupo Cabrera, dispone de un edificio principal, una terraza anexa y una zona ajardinada, que suman una superficie total cercana a los 1.000 metros cuadrados. En este caso, la APB optó por sacar a concurso una concesión de corta duración, seis años, debido a su intención de recuperar el histórico paseo de la Riba. Este horizonte temporal reducido podría haber disuadido a los posibles interesados, al considerar insuficiente el plazo para amortizar la inversión necesaria en el acondicionamiento del local. Ante la falta de ofertas, la mesa de licitación ha propuesto la caducidad del expediente.

El segundo establecimiento se localiza en la desembocadura del torrente de Sant Magí. El bar, que operaba bajo la marca comercial Can Blanc, cerró durante las obras de reforma del Paseo Marítimo. Se trata de un edificio con terraza y una superficie superior a los 700 metros cuadrados. La única oferta presentada corresponde a la empresa Diloreto Consulting SL, propiedad del empresario Marco Di Loreto, que ya ha gestionado otras concesiones como Anima Beach o el Gastrobar del Casal Solleric.

A este limitado interés empresarial se suma el fracaso reiterado del concurso público para la explotación del bar-restaurante del edificio Port Centre, la sede institucional de la APB en el puerto de Palma. Desde 2019, el ente portuario ha convocado hasta tres licitaciones sin éxito para adjudicar este espacio, a pesar de sus privilegiadas vistas sobre la bahía de Palma y la Catedral.

En conjunto, la Autoridad Portuaria tiene concesionados alrededor de una quincena de restaurantes y cafeterías en el ámbito portuario, la mayoría de ellos en el puerto de Palma. Se trata de una actividad altamente rentable para el organismo público, que ingresa más de 1,6 millones de euros anuales en concepto de cánones por la ocupación de estos espacios. A esta cifra se suma un porcentaje adicional vinculado al volumen de negocio de los concesionarios, lo que eleva los ingresos por encima de los dos millones de euros por ejercicio.

Algunos de estos locales prestan servicio a las estaciones marítimas, aunque otros se encuentran en enclaves de primera línea de mar o en faros, sin relación directa con la actividad portuaria y, precisamente por ello, los más codiciados. Un ejemplo es el Anssia Gastrobeach Club, situado en primera línea del Portitxol, con mesas sobre la playa y la gestión de una zona de hamacas y sombrillas. Este establecimiento abona a la APB más de 600.000 euros anuales en concepto de concesión. En el extremo opuesto se sitúan las cafeterías de las estaciones marítimas, cuyos cánones oscilan entre los 6.000 y los 10.000 euros al año.

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