¿Han visto la inauguración de los JJOO de invierno en Milano/Cortina? Yo no, la verdad, me he quedado con unos recortes en redes sociales: espectacular Mongolia, sosísima España, super comercial USA. De hecho, alguien alabó la trenca que llevaban los atletas diciendo que estaba fetén y era muy americana; no sólo no lo es, sino que, además, tiene un origen bastante alejado de la montaña.
Una trenca es una prenda de abrigo de paño de lana -ahora volveremos a este punto-, forro interior, capucha, dos bolsillos de parche con solapa, solapa en los hombros y cuatro cierres de presilla y broches de madera o cuerno. Tres cuartos y holgada, nada de slim ni tonterías modernas. El tejido es de lana grueso que le confiere capacidades impermeables y cortavientos, esta tela se conoce como duffle por el pueblo belga donde se fabricaba. Y, sí, es el mismo material y procedencia que el de las Duffel bags de las que ya les hablamos aquí.
El origen comercial de la trenca es de mediados del siglo XIX cuando John Partridge vendió las primeras muestras a la marina británica. No fue un invento suyo, se basó en unas levitas polacas usadas por ese ejército a principios de siglo. Debió ser un éxito porque el Almirantazgo encargó varias partidas. Fue ampliamente usada tanto en la primera como en la segunda guerra mundial donde mutaron de nombre: fueron los convoy coats ya que los vestían los marineros de los barcos que navegaban juntos de un puerto a otro y también se conocieron como los Monty coat por el uso indiscriminado y fuera de toda uniformidad que hacía el mariscal de campo Bernard Montgomery. Fue tan popular que la RAE reconoce las palabras montgomery y mongómeri para referirse a la trenca que, a su vez, podría venir de “trench”, que significa trinchera aunque en ellas se usaban gabardinas, como señalan García Mouton y Grijelmo.
Al acabar la guerra pasó a tener un uso civil y la marca que convirtió la trenca en moda fue Gloverall, que sigue teniendo un catálogo que es una maravilla, pero hay distintos fabricantes. Creo que no están de moda ahora, yo mismo tengo una que compre hace 20 años y me veo –o eso creo– tan pintón como los Oasis en la portada de Roll with it. ¿Volverá a estar de moda? Seguramente, pero no creo que la veamos a bordo nunca más: ya no se navega como antes.


