Tras 17 años al frente del Sistema de Observación y Predicción Costero de Baleares (SOCIB), el oceanógrafo Joaquín Tintoré cierra una etapa marcada por tres grandes hitos: la creación desde cero de una infraestructura científica de referencia internacional, el desarrollo de modelos avanzados de predicción oceánica, incluidos los futuros «gemelos digitales» del mar Balear, y la transferencia de ese conocimiento a la sociedad para afrontar retos como el cambio climático, la erosión de las playas y la contaminación por plásticos.
Pregunta.– Hasta el pasado mes de septiembre estuvo al frente del SOCIB. ¿Qué ha motivado su salida de esta institución?
Respuesta.– Después de 17 años al frente, me voy satisfecho por todo lo que hemos construido. SOCIB partió de cero y hoy cuenta con una estructura sólida, un equipo altamente cualificado y un reconocimiento internacional relevante. Creo que era el momento de abrir una nueva etapa y permitir que el proyecto siga avanzando con nuevos impulsos. El relevo es parte natural de cualquier institución que aspira a perdurar más allá de las personas.
P.– ¿Qué significa SOCIB dentro del mapa científico nacional?
R.– SOCIB es una Infraestructura Científico–Técnica Singular (ICTS), como los grandes telescopios o los buques oceanográficos. Cuando lo impulsamos desde el IMEDEA y el CSIC, Baleares no disponía de ninguna instalación de este tipo. Nuestro objetivo fue crear una infraestructura que permitiera observar y modelizar el océano de forma integrada: combinando datos de satélite, plataformas autónomas y modelos numéricos, tanto para la investigación básica como para ofrecer servicios útiles a la sociedad.
P.– ¿De qué logros se siente especialmente orgulloso?
R.– Destacaría la estrecha colaboración con SASEMAR basada en la aportación de datos de observación de corrientes y modelos de predicción que permitido optimizar, por ejemplo, en la búsqueda de náufragos. Otro de los logros más relevantes ha sido el proyecto internacional Calypso, desarrollado desde 2019 y financiado con cerca de 30 millones de euros. Investigadores estadounidenses y europeos eligieron Baleares como laboratorio natural para estudiar los intercambios verticales en el océano, un fenómeno clave para comprender cómo el mar absorbe el calor y el CO2 de la atmósfera. Gracias al SOCIB y al IMEDEA hemos podido demostrar que estos movimientos son mucho más intensos de lo que se pensaba.
P.– ¿En qué se traduce ese descubrimiento?
R.– Hasta ahora se creía que los movimientos verticales en el mar eran relativamente limitados. Sin embargo, hemos contribuido a medir ascensos y descensos de hasta 2.000 metros por día en remolinos, que son estructuras pequeñas de una o dos millas de diámetro. Esto cambia por completo nuestra visión de la dinámica oceánica y tiene implicaciones directas en la circulación del calor, los nutrientes y el carbono en el Mediterráneo.
P.– Más allá de la investigación, SOCIB ha trabajado para dar respuestas a la sociedad.
R.– Esa ha sido siempre nuestra filosofía. Publicar es importante, pero no suficiente. SOCIB nació con la vocación de ofrecer datos y servicios que ayuden a comprender y gestionar fenómenos que afectan a la vida diaria: olas de calor marinas, temporales extremos, erosión de playas o interacción entre la atmósfera y el océano. Lo hemos hecho, además, promoviendo equipos multidisciplinares y evitando compartimentos estancos entre investigadores.
P.– ¿Seguirá vinculado a la institución?
R.– Sí. Seguiré colaborando en aquellos proyectos que lo requieran. La nueva directora será Emma Heslop, una profesional con amplia experiencia internacional y gran conocimiento de SOCIB. Además, desde el IMEDEA continúo desarrollando investigaciones relacionadas con el cambio climático y los fenómenos extremos, tanto en el Mediterráneo como en regiones polares.
P.– Las previsiones sobre subida del nivel del mar y aumento de temperaturas son cada vez más alarmantes. ¿Son realistas?
R.– Son absolutamente reales y la situación es preocupante. Las olas de calor son más frecuentes, más intensas y más tempranas. Lo estamos viviendo cada verano. Y en invierno los temporales extremos son cada vez más destructivos. Como sociedad no estamos preparados para este cambio en la magnitud de los fenómenos.
P.– ¿A qué horizonte temporal nos referimos?
R.– No estamos hablando de un futuro lejano. Nuestros hijos ya viven en un planeta distinto al que conocimos. Los cambios son visibles hoy y se intensificarán en las próximas décadas.
P.– ¿Qué se puede hacer a nivel ciudadano y gubernamental?
R.– Primero, adaptarnos: reforzar y mantener infraestructuras y concienciar sobre los riesgos. Y, en paralelo, cambiar el modelo productivo. No podemos seguir consumiendo de la misma forma. Por ejemplo, renunciar a un viaje que no es necesario. Hace falta liderazgo político y social capaz de entender la complejidad del problema. La sostenibilidad debe basarse en el equilibrio entre los tres pilares: ambiental, económico y social.
P.– ¿Qué consecuencias tendrá el cambio climático en el litoral balear?
R.– Las playas son un sistema dinámico. Los temporales desplazan la arena mar adentro y el buen tiempo la devuelve progresivamente. Si estos fenómenos extremos se intensifican y no protegemos ecosistemas como la posidonia o las dunas, fundamentales para evitar la pérdida de arena, Baleares afrontará un grave problema económico y social.
P.– Otra gran amenaza para el océano son los plásticos. ¿Cuál es la situación en Baleares?
R.– En 2020 iniciamos un programa de monitorización de microplásticos en los canales de Ibiza y Mallorca. Ese año, marcado por la ausencia de actividad económica debido a la pandemia, nos permitió establecer una línea de base. Hoy contamos con cinco años de datos que nos ayudan a evaluar la evolución de este problema y su impacto sobre la biodiversidad y la salud humana.
P.– En la nueva sede de SOCIB se habla de implantar un «gemelo digital» del mar Balear. ¿En qué consiste?
R.– Es una réplica numérica de un entorno real que permite simular distintos escenarios. En el ámbito oceánico es una herramienta pionera: combina observación, predicción y datos para anticipar cómo responderán las costas, las corrientes o los ecosistemas ante el cambio climático.
P.– ¿Cuándo estará operativo?
R.– La planificación es que en 2030 dispongamos de una primera versión funcional del gemelo digital del mar Balear, alineada con los sistemas europeos de observación marina Copernicus.
P.– Tras décadas dedicadas a la oceanografía, ¿cómo valora su evolución?
R.– Ha sido enorme. Hoy contamos con herramientas y modelos impensables hace solo unos años. Baleares ha logrado consolidar un ecosistema científico de primer nivel: la UIB es actualmente la universidad española mejor posicionada en ciencias marinas y una de las primeras del mundo. Invertir en investigación genera conocimiento, capacidad, empleo y confianza.


