Las redes fantasma son las artes de pesca que quedan abandonadas enredadas en las rocas o suspendidas en el agua. En Baleares, como en cualquier zona con pesca, también hay. De hecho la Direcció General de Pesca i Medi Marí del Govern balear presentó en agosto de 2018 un proyecto para que se retiraran las redes que ya están localizadas. Ese proyecto se aprobó y se destinaron 350.000 euros para su ejecución. Sin embargo, la iniciativa pasó al cajón del olvido con la llegada de la pandemia. Como no se había llegado a formalizar ningún contrato ni ningún gasto de los comprometidos, pasó a alinearse en la fila de los proyectos aplazados sine die como consecuencia de la crisis sanitaria.
El proyecto, que incluía también un estudio del coral rojo en las aguas interiores del norte de Mallorca, se presentó para ser financiado con cargo a los fondos autonómicos destinados a favorecer el turismo sostenible, la recaudación del Impuesto de Turismo Sostenible, ITS, antes conocido popularmente como ecotasa. Tenía un plazo de ejecución de tres años y el presupuesto global era de 550.000 euros, 350.000, como ya hemos precisado, para las redes fantasma y 200.000 para el coral rojo. Esta última faceta de la propuesta ha conseguido sacarse adelante por otros medios, pero las redes fantasma siguen donde estaban y ahí permanecerán si los responsables de repartir los fondos autonómicos no hallan la manera de recuperar la financiación que ya habían destinado a tal fin.
El problema de las redes fantasma es un tema polémico pues todos coinciden en que no deberían estar ahí y hay que sacarlas del fondo. Sin embargo, no hay ni mucho menos acuerdo sobre la extensión del problema o sobre en qué grado afecta a la fauna marina. Mientras entidades como Stop Falsas Reservas aseguran que siguen matando hasta que se pudren, desde la Direcció General de Pesca aseguran que pierden su función pesquera rápidamente, pero afirman que sí son un problema para el bentos, la comunidad formada por los organismos que habitan el fondo marino, afectando en especial a algas y gorgonias, que perecen asfixiadas por las redes.
En una entrevista a Gaceta Náutica, el director general de Pesca i Medi Marí, Joan Mercant, afirmaba que «es cierto que es una basura que hay que sacar del mar, pero no es verdad que sigan matando eternamente. Las redes de trasmallo tienen un hilo muy fino. Por eso se engancha el pescado, pero en poco tiempo, se van cubriendo de vegetación, se vuelven visibles y dejan de cumplir su función. Si es un aparejo de anzuelos, en cuanto pierde la carnada, deja de pescar y al poco se vuelve romo». Según los responsables de la pesca en Baleares las redes fantasma están ubicadas en zonas muy específicas y no se trata de un problema ni mucho menos generalizado.
Sin embargo, Andrés Sureda, portavoz de Stop Falsas Reservas, colectivo que agrupa a representantes de la pesca recreativa tanto de superficie como submarina, asegura que «desde la dirección general quitan importancia al problema porque su función es defender la pesca profesional, pero las redes fantasma siguen pescando hasta que se pudren; incluso pueden atraer y matar a peces o crustáceos que intentan alimentarse de las piezas que han quedado atrapadas». Al fin y al cabo, los pescadores submarinos son los que pueden comprobar de una manera más directa donde están. Se consideran unos auténticos vigilantes del mar que a menudo sienten menospreciada su aportación en este aspecto pues afirman que disponen de una amplia lista de localizaciones en Baleares donde han visto estas artes abandonadas.
El departamento de Biología Evolutiva, Ecología y Ciencias Ambientales de la Universitat de Barcelona ha sacado unas 130 redes del agua en diversas zonas de la costa catalana desde 2007. En opinión de uno de los responsables del proyecto, Bernat Hereu, «hemos visto que las redes pescan durante un tiempo y pescan más eficientemente porque los organismos que quedan enganchados sirven de cebo, pero al cabo de unos meses dejan de pescar y caen al fondo. Depende de la profundidad, del tipo de red… No sabemos con exactitud el efecto sobre las poblaciones. A nivel númérico puede ser poco, puede tener algún impacto, pero es difícil cuantificarlo». Hereu ha registrado en las redes fantasma extraídas en Cataluña ejemplares enganchados de meros, déntols o crustáceos como cigalas y langostas. Aquí en Baleares, se hizo famosa hace no mucho una foto de un cormorán muerto enredado en una de estas mallas abandonadas.
Por un lado existe el problema de extraer las que ya están en el mar, pero por otro, desde la Direcció General de Pesca del Govern balear hacen hincapié sobre todo en la labor preventiva para evitar en lo posible que se den nuevos casos. Antoni Grau, jefe del Servei de Recursos Marins, reconoce que, aunque son excepcionales, se dan casos de pescadores que utilizan redes viejas porque salen a calar en zonas rocosas donde saben que pueden perder el arte. «Eso es lo que hay que evitar», argumenta. Con vistas a este objetivo se ha planteado la posibilidad de prohibir calar redes en zonas específicas que ya son conocidas por sus fondos rocosos proclives a enganchar redes. En concreto, el proyecto de 2018 de la Direcció General de Pesca ya concretaba zonas como Dragonera, Illa del Toro, o los cabos dels Freus, Capdepera y Formentor en Mallorca, Tagomago, ses Formigues, es Vedrà y los islotes de Poniente en Ibiza, s’Espardell en Formentera, y Cabo de Cavalleria, la Llosa del Patró Pere, y la isla de l’Aire, la de Porros, y Bledes en Menorca. «También en este apartado ganaremos mucho con las nuevas cajas verdes que estamos montando este año en las barcas de artes menores», añade Grau, «pues este dispositivo nos permitirá conocer exactamente la localización de cada barca y las zonas en las que faena».

Extracción 'quirúrgica' de una red fantasma en una de las iniciativas del proyecto de la Universitat de Barcelona.
¿Quién deja las redes abandonadas? Es una de las preguntas a las que habría que dar respuesta para saber cómo acabar con el problema. El presidente de la organización de productores de Mallorca, Opmallorcamar, Pedro Mercant, reconoce: «Normalmente el pescador, como las redes no se pueden identificar, no dice nada por dejadez y por no perder horas de trabajo. Creo que se trata de un tema de falta de concienciación». Mercant opina en cualquier caso de que se trata de un problema residual, que sí que podía ser más importante en el pasado cuando se permitían redes de deriva.
No hay una sanción concreta por abandonar redes en el mar pero, según explica Antoni Grau, las multas podrían oscilar entre los 300 y los 30.000 euros como falta grave pues «si se pierde una red hay que comunicarlo y los pescadores están obligados, en teoría, a sacarla del mar por sus propios medios». Sin embargo, hasta ahora no se ha aplicado ninguna sanción por este motivo.
Un sistema ejemplar articulado por la Universitat de Barcelona
Fue en el lejano 2007 cuando los investigadores del Departamento de Biología Evolutiva, Ecología y Ciencias Ambientales de la Universitat de Barcelona se encontraron con el problema de las redes fantasma, En ese momento, estaban realizando un estudio sobre la dinámica de la población de algas en el Parc Natural del Montgrí, Illes Medes i Baix Ter. Desde entonces, han articulado un ejemplar sistema de extracción e incluso reciclaje de redes abandonadas que, aparte de su esfuerzo, contaba con la colaboración voluntaria de buceadores y pescadores para sacar del mar esas artes y otras que encontraban como nasas, trasmallos o palangres.
El investigador Bernat Hereu recalca que no es tan sencillo como arrancarlas, sino que hay que extirparlas quirúrgicamente o se corre el riesgo de exterminar buena parte de las poblaciones coralinas y de otros organismos adheridas a estas artes. A partir de 2017 consiguieron el apoyo de la Direcció General de Pesca de la Generalitat que, desde entonces, ha dado un impulso al proyecto junto con fondos procedentes de la Fundación Biodiversidad del Ministerio de Transición Ecológica. Ahora, los métodos de extracción han dejado atrás el voluntariado y están más profesionalizados y cuentan con la ayuda de agentes rurales y equipos de buceadores de los Mossos d’Esquadra, entre otros.
Opinión: La ecoestafa | Por José Luis Miró


