La ingeniera informática y regatista Elvira Llabrés está ilusionada con regresar a su tierra natal, Mallorca, para trabajar en la base que el equipo Ineos Britannia ha establecido en el puerto de Palma para preparar la próxima edición de la Copa América. El objetivo más inmediato del sindicato liderado por el pentamedallista olímpico Ben Ainslie es terminar de desarrollar el diseño del barco ‘volador’ con el que competirá en aguas de Barcelona. Elvira Llabrés, que ya trabajó en ocasiones anteriores para los proyectos americano, sueco y japonés, forma parte del departamento de análisis de datos.
Pregunta.– ¿Por qué han elegido Palma y qué representará para la ciudad?
Respuesta.– El motivo principal ha sido la Bahía de Palma por sus fantásticas condiciones de viento, tanto en invierno como en verano. Estamos seguros que vamos a poder entrenar muchísimos días y eso es lo que necesitamos para realizar pruebas. Aquí tendremos más días de navegación con poca ola que en el mar abierto de Barcelona, sobre todo en invierno. Creo que será una oportunidad para Palma en cuanto a que siempre se necesitarán profesionales de forma puntual para trabajos especializados en reparación y en el suministro de materiales para el barco, pero también en muchos otros servicios. Se instalarán aquí 100 familias, con todo lo que ello implica para la industria náutica y para la ciudad en general. Será una inyección económica importante.
P.– ¿Cuándo se instalará el equipo en el muelle de San Carlos?
R.– Empezaremos a operar este mes de septiembre y nos quedaremos hasta aproximadamente principios de verano del año que viene, ya que luego tenemos que desplazarnos a la sede de la competición, en Barcelona, con el barco definitivo, según indica el protocolo de la competición.
P.– ¿Cuál es su labor en el Ineos Britannia?
R.– Me encargo de la recopilación y análisis de datos dentro del departamento de rendimiento. Voy a bordo de una lancha de apoyo recogiendo en tiempo real la información que aportan unos 600 sensores [a razón de 50 veces por segundo en algunos casos] instalados en la embarcación y comprobando que todo está calibrado. Podría darse el caso de que reunamos un dato malo de viento y todo el análisis posterior se vaya al traste. Estamos verificando la información constantemente para que todo tenga sentido y garantizar así la calidad de los datos. Esto permite, tomar decisiones en relación al diseño del barco y también a cómo navegar en el campo de regatas. Como yo navego y soy ingeniera informática, que es una gran ventaja, soy el nexo de unión con el barco. En términos generales, más de la mitad de mi trabajo está en el mar delante de un ordenador, analizando datos.
P.– ¿Cuáles son las principales novedades de esta edición?
R.– Todos los proyectos contarán con un equipo de mujeres y otro de jóvenes de menos de 25 años, que navegarán en un barco de 40 pies diseñado por Nueva Zelanda. Harán una Copa América en paralelo a la nuestra y el año que viene también se harán regatas con el grupo de ‘titulares’. Los cambios principalmente están dirigidos a que los barcos, que irán con tres tripulantes menos que en la anterior edición, sean más competitivos y foileen en vientos de rango más ligero. En esta nueva embarcación hay más aspectos que no se pueden modificar, como el paquete de software y el hecho de que a partir de ahora los equipos de espionaje se unificarán en una sola lancha y con un único informe.
P.– ¿Estaba en sus planes profesionales dedicarse al análisis de datos cuando decidó formarse como ingeniera informática?
R.– La verdad es que nunca pensé que trabajaría en esto. Cuando en 2007 se disputó la Copa América en Valencia, decidí unir mi pasión y mi trabajo. Desde entonces no he dejado de trabajar para la industria náutica. Me encanta mi ocupación, aunque a veces es muy absorbente y estás mucho tiempo fuera de tu país, lejos de tu familia y amigos, pero también te permite descubrir culturas y vivir experiencias nuevas. Que te apasione tu oficio es una suerte que no todo el mundo tiene.

P.– ¿Cómo ha evolucionado el análisis de datos en navegación?
R.– Tanto las herramientas de análisis como los sensores y todos nosotros en el equipo hemos tenido que ir evolucionando a medida que los barcos han ido evolucionando. En la copa que se disputó en Valencia en 2007 se permitían dos barcos por equipo para hacer pruebas, y desde entonces ya ha sido solo uno. Y los barcos son bien distintos. Por el camino, hasta hemos pasado por catamaranes…
P.– ¿Están suplantando los datos la intuición de los regatistas?
R.– Creo que se ha avanzado mucho. Hay mucho recorrido en vela ligera, sobre todo en las clases olímpicas. Las sensaciones en el agua no siempre son correctas, ni concuerdan con los datos. Hoy en día no te puedes basar solo en la intuición para tomar decisiones de rendimiento. El análisis de datos es lo que ha hecho evolucionar la vela tanto a nivel de construcción como de diseño. No es algo que haya pasado de un día para otro; llevo trabajando en esto más de 15 años.
P.– Ahora afronta su sexta Copa América, tres en proyectos americanos, uno sueco y uno japonés. ¿Cuál ha sido la mejor y la peor experiencia?
R.– En la campaña del equipo sueco Artemis en San Francisco perdimos a un compañero en el mar. Esto ha sido lo peor que he vivido. Mi mayor alegría fue cuando ganamos la Copa América con el trimarán de Oracle, en Valencia. También ha habido otros momentos muy buenos, como la primera vez que hicimos una virada foileando con el equipo japonés. Ese día parecía que habíamos ganado la Copa de lo contentos que estábamos.
P.– ¿Cómo ha sido la experiencia en la 40ª Copa del Rey?
R.– He ido de navegante a bordo del Swan 42 Pez de Abril, con el que hemos conseguido la tercera plaza, así que contentísima. Esta temporada también hemos quedado terceros en el Mundial de Valencia, ganamos PalmaVela y ahora ponemos rumbo a Porto Cervo.
P.– No hay muchas mujeres en las regatas de cruceros, y todavía es más difícil verlas en puestos tan técnicos como el suyo.
R.– No hay muchas chicas que naveguen y tampoco las hay que trabajen en la parte técnica, es cierto. Hay que darles una oportunidad. Va cambiando poco a poco, pero la evolución es lenta. En mi último equipo de Copa América, en el que trabajábamos 150 personas, había cuatro mujeres, de las cuales solo dos éramos ingenieras.


