Torben Grael (Sao Paulo, 1960) está considerado uno de los mejores regatistas de la historia por su polivalencia tanto en vela olímpica (dos oros en Atlanta y Atenas; una plata en Los Ángeles; dos bronces en Seúl y Sidney) como en regatas de altura y la Copa América (patrón del Ericsson 4, vencedor de la Volvo Ocean Race de 2008-09, y del Luna Rossa, con el que ganó la Copa Louis Vuitton, Grael dedica gran parte de su tiempo al equipo olímpico brasileño, donde ejerce de entrenador jefe, además de seguir compitiendo en el Scud, el barco de época de Patrizio Bertelli con el que participó por primera vez en la pasada edición de la Copa del Rey de Mahón, durante la cual se hizo esta entrevista.
Pregunta.– ¿Le gusta navegar en barcos clásicos?
Respuesta.– La vela es vela. Es navegar con el viento, en el mar y trabajar en equipo. Da igual que el barco sea nuevo o antiguo. El entrenamiento y la preparación de la regata son iguales en todas las embarcaciones. El barco no es importante, lo importante es el conocimiento y la experiencia del regatista. Mahón es un sitio muy hermoso para navegar, la salida y llegada al puerto son espectaculares.
P.– ¿Cómo ha llegado hasta aquí?
R.– Patrizio Bertelli, CEO de Prada Group y con el que llevo trabajando desde hace 20 años, tiene pasión por los barcos clásicos, como yo mismo. Empecé a navegar con mi abuelo en el Ailen, de la clase 6 Metros, con el que Dinamarca consiguió la medalla de plata en los JJOO de Estocolmo en 1912. Mi abuelo danés lo compró en 1935 cuando ya estaba en Brasil, pero no supimos de su historia hasta mucho después. Toda la familia empezó a navegar en este barco. Todavía lo conservamos. También aprendí mucho de mis tíos, que ganaron tres mundiales de Snipe y fueron a dos olimpiadas. Me inicié siendo el proel de estos dos genios. De Axel en el Soling y de Eric en la clase Star. Tenían una sensibilidad extraordinaria para oler el viento.
P.– ¿Qué le parece Barcelona como sede de la Copa América?
R.– Es un campo de regatas donde predominan los vientos ligeros. Será un desafío para estos barcos, que lo tienen más fácil con más viento. Barcelona es una ciudad muy importante, por lo que será bueno para la Copa América. Sin embargo, es difícil entender que los neozelandeses no defiendan la Copa América en su país, porque esto se aleja del espíritu de esta regata, que es un desafío entre naciones.
P.– ¿Ficharía por un equipo de Copa América que no fuera Prada?
R.– Siempre habría que sopesar y valorar lo que podría aportar a ese equipo. Me gustaría formar parte de la Copa América. No como regatista, ya soy viejo para esto, pero creo que sería muy válida mi experiencia. También he de decir que, en la actualidad, la Copa América es muy diferente a la que hacíamos nosotros. Ahora todo es más tecnológico, más ingeniería, arquitectura naval, aunque en la última edición se pudo ver que muchas regatas se decidieron por los regatistas, no por los barcos.
P.– Hace 9 años que está al frente del equipo olímpico brasileño como entrenador jefe ¿Qué le parecen las nuevas clases olímpicas?
R.– Brasil tiene tendencia a hacerlo bien en las nuevas clases. Lo pudimos comprobar en Láser, en 49er y con el FX. Ahora destacamos en Kite Surf y en IQ Foil. Además, hay una regatista brasileña muy buena en Kite Free Style, pero no la hemos convencido para involucrarse en el equipo olímpico porque gana más dinero de la otra forma. El paso de la vela de base a las clases olímpicas es muy complicado porque hay muchas opciones y es muy difícil llegar arriba. En nuestro país también tenemos el hándicap del traslado, por lo que hay que disponer de barco en Brasil, otro en Europa y, cuando hay un mundial en Japón, también allí. Hay buen nivel, pero tenemos poca gente. Me gustaría que hubiera un mayor apoyo a la vela olímpica, que tantas medallas ha conseguido para Brasil, algo que nos llena de orgullo. Me encanta este proyecto que es tan importante para mí, y del que, además, forman parte mis dos hijos.
P.– Su hija, Martine, lleva camino de continuar su estela: una medalla de oro olímpica y también ha destacado en la Volvo Ocean Race.
R.– Si, la verdad es que sí. Es impresionante. Me sorprendió que mi hija quisiera hacer una VOR, porque había navegado poquísimo en crucero. De pequeña incluso se mareaba. La hizo y le gustó mucho. Nunca tuvo mal de mar. En estos barcos se hace evidente la diferencia de fuerza entre hombres y mujeres, aunque ellas pueden ejercer de timonel o como tácticas y navegantes. El problema es que tienen menos oportunidades para coger experiencia en este tipo de competiciones. La regla de la VOR, que dejó la puerta abierta para que dos mujeres se integraran en la tripulación, fue muy buena e inteligente. Cuando yo empecé a participar en los JJOO no había mujeres y hoy se reparten las mismas medallas tanto a hombres como a mujeres. Es perfecto.
P.– ¿Cómo ve la próxima edición de The Ocean Race?
R.– Me encanta esta competición. Habrá dos clases, como en la última edición. Yo he apoyado el IMOCA porque es un barco muy fuerte en vela para solitarios. Si conseguimos que los franceses se unan a esta regata, será bueno, aunque parece complicado porque es una clase para poca gente. En la VOR hay que saber medir bien donde está el límite para no romper el barco y no poner en riesgo a la tripulación. Esto parece fácil pero es difícil para alguien que está acostumbrado a la vela olímpica, en la que tienes que ir a por todas.
P.– Además del equipo olímpico y de seguir regateando en barcos clásicos, ¿qué otros proyectos tiene entre manos?
R.– Ahora cuento con una participación en dos marinas en Brasil y también en dos grandes proyectos de energía fotovoltaica. Y, por supuesto, continúo en el Projeto Grael, una ONG que fundé en 1998 con mi hermano, con el objetivo de democratizar el acceso de los jóvenes al deporte de la vela y, de esta manera, contribuir a la transformación social. Desde entonces, hemos atendido a más de 17.000 jóvenes, en nuestra sede ubicada en la ensenada de Jurujuba, en Niterói, donde yo crecí.
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