El patrimonio naval en España se conserva gracias al esfuerzo de los armadores privados. Por lo general se trata de personas apasionadas que viven por y para sus barcos, y que disfrutan tanto de su cuidado como de navegarlos. Amador Magraner, patrón de altura, profesional de la mar, es uno de ellos. Un día vío como izaban en una grúa un Sparkman & Stephens de 1971 con una vía de agua. Se enamoró de él a primera vista. Hizo averiguaciones y descubrió que había sido construido en los legendarios astilleros Carabela. Lo compró y se lo llevó al jardín de su casa para curarle las heridas y devolverle todo su esplendor. Lo ha logrado.

El Celeste di Mare tras su restauración, listo para competir en las principales regatas de Clásicos del Mediterráneo.


