Los vertidos cero al mar son posibles
No podemos permitirnos seguir envenenando las calas y bahías, el tesoro que ofrecemos al turismo para que vengan a visitarnos.

No podemos permitirnos seguir envenenando las calas y bahías, el tesoro que ofrecemos al turismo para que vengan a visitarnos.

El pasado viernes, 11 de agosto, asistí al acto de presentación del vídeo “Un mar de respeto”, impulsado por FANMED y elaborado en estrecha colaboración y con la financiación de Ports IB. Deberían verlo todos los navegantes.

Presidía el acto el recién nombrado conseller del Mar, Juan Manuel Lafuente. Tras las presentaciones y la proyección, tuve ocasión de dirigir unas palabras al nuevo conseller. Como presidente de la Asociación Mallorquina de Pesca Recreativa Responsable le pedí un mar más limpio. Creo que lo necesitamos todos urgentemente y que debe ser prioritario para una Conselleria del Mar y del Ciclo del Agua. Como dije allí, al mar no debe llegar ni una sola gota de agua a través de los emisarios procedentes de las depuradoras; es un gran desafío, difícil, pero no imposible. No hay que inventar nada, tenemos muchos ejemplos sin salir de Mallorca. Todas las poblaciones del centro de la isla tienen sus depuradoras y no vierten el agua al mar, sino que, una vez tratada, es bombeada a una balsa para riego o al cauce de un torrente, donde las bacterias, insectos y plantas la terminan de depurar. La naturaleza hace su trabajo: al final se acabará filtrando en el subsuelo y a unos pocos kilómetros no quedará rastro visible de la misma. Ha alimentado los acuíferos subterráneos o se ha usado para riego agrícola.

El ejemplo más claro lo tenemos en Pollensa y su puerto. Las aguas residuales se bombean a la depuradora, situada detrás del polígono industrial (solo en el Puerto de Pollensa hay 12 estaciones de bombeo) y, una vez tratadas, se vierten al torrente de Sant Jordi, que desemboca en la costa de la bahía justo antes de la primera rotonda de llegada al puerto. Ya se encargan los responsables de la planta de que el agua salga lo suficientemente limpia y transparente; el cauce es visible en todo su recorrido y cualquier tratamiento defectuoso se vería al momento.

 

Sin movernos de la misma zona podemos ver trabajos pendientes de realizar para que el ciclo sea perfecto. En la zona de Llenaire y cerca de la rotonda central del puerto hay unas conducciones en mal estado que en casos puntuales filtran aguas sucias al mar o agua de mar que entra en las conducciones. La sal mata las bacterias que limpian el agua en la depuradora, pudiendo llegar a inutilizarla. Por ello es preciso acometer urgentemente las obras necesarias para optimizar las canalizaciones.

 

Más difícil de reparar es el problema de todas las construcciones que hay entre la calle conocida popularmente como “Ca’n Dràcula” y la base militar; todas ellas muy antiguas y sin canalizaciones ni de pluviales ni de fecales. Con un subsuelo arenoso ya sabemos dónde termina todo.

Este ejemplo se puede aplicar a todo nuestro litoral. Se deben hacer las conducciones necesarias, reparar las que presentan deficiencias, separar siempre pluviales de la fecales y, ya depurada, ofrecer a los agricultores o campos de golf toda el agua que necesiten, y bombear la sobrante a un torrente aguas arriba donde pueda correr, terminar de limpiarse, recuperar acuíferos y llegar limpia al mar.

Las aguas pluviales de las poblaciones costeras deberían pasar siempre y en su totalidad por unos tanques de decantación y filtración para que los desperdicios de las calles no acaben en el mar.

No podemos permitirnos seguir envenenando las calas y bahías, el tesoro que ofrecemos al turismo para que vengan a visitarnos.

Nunca jamás deberían verterse en las instalaciones portuarias, allí no hay renovación del agua, lo que se vierte allí, allí se queda y los contaminantes que se depositan en el puerto convierten en tóxicos los lodos y arenas del fondo, haciendo muy complicadas las gestiones de tratamiento de los vertidos de las operaciones de dragado.

Esto cuesta mucho dinero, es cierto; como siempre todo es cuestión de marcar prioridades. ¿Qué es lo primero que hace un turista al llegar al hotel o apartamento? Ir al baño a hacer sus necesidades, ducharse, cambiarse, etcétera. Ahí es donde se justifica el Impuesto de turismo Sostenible y donde se debe invertir; si seguimos contaminando las aguas de nuestras costas, dejaremos de ser un destino atractivo y con una economía dependiendo toda ella del turismo solo habrá hambre y miseria, habremos matado la gallina de los huevos de oro.

 Nosotros, los ciudadanos de Baleares, ya llevamos más de 30 años pagando un canon de saneamiento y no sabemos dónde se ha gastado tanto dinero, independientemente de quien haya ostentado el poder.

Actualmente es imposible predecir con certeza como afectará a todo el ecosistema marino, ya vemos cómo nos está afectando estos últimos años; hemos perdido la nacra y la mayoría de bivalvos costeros, la posidonia va perdiendo densidad, peces como el jonquillo, caramel o salmonete van desapareciendo… Las aguas residuales llevan muchos derivados químicos en su composición, hasta medicamentos y drogas que hacen un daño incalculable a las aguas someras, salobres y albuferas; éstas son las incubadoras donde nacen y pasan su primer ciclo de vida multitud de peces, crustáceos y mariscos. Hasta las aves marinas se ven directamente afectadas, todos notamos como sus poblaciones se van reduciendo en cascada alarmante.

Nunca una buena gestión del ciclo agua fue tan vital como ahora. Espero y deseo que no lleguemos demasiado tarde.

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