El último Aifos de la Armada (que no del Rey) ha navegado durante 18 años. Cumplida con creces su misión, ha llegado la hora de que pase a mejor vida o, quizás, a un destino menos exigente. Se trata de un modelo TP52 de primera generación que, como es lógico, ya no puede competir en el circuito profesional de esta clase y que defiende con dificultad su rating (hándicap) en las regatas de tiempo compensado. Si bien su último resultado fue un meritorio segundo puesto en la Copa del Rey MAPFRE, lo cierto es que hace años que el Aifos se quedó obsoleto y dejó de estar al nivel que cabe exigirle al buque insignia de regatas de una institución como la Armada española.
La Delegación de Vela, cuyas raíces se remontan a los años 50 del siglo pasado -época en que fueron creadas las primeras comisiones navales de regatas-, quiere sustituir el TP52 Aifos por un ORC 50 de nueva construcción y ha convocado para ello un concurso abierto a todos los astilleros de la Unión Europea con capacidad para fabricar barcos de competición a vela. Pero lo que debía ser un mero trámite ha derivado en una polémica absurda, al toparse con el oportunismo político y la demagogia del Partido Nacionalista Vasco, que, bajo la falsa premisa de referirse a la embarcación como “el yate del Rey”, ha buscado embarrar, aún más si cabe, la negociación para la investidura del futuro presidente del Gobierno. A consecuencia de esto, la licitación ha sido cobardemente suspendida por el Ministerio de Defensa aduciendo unas inexistentes “cuestiones técnicas”. Todo el mundo sabe con que facilidad se pliegan nuestros indecorosos gobernantes al chantaje de las fuerzas nacionalistas y la impudicia con la que se les confiere la condición de “progresistas”, pese a sus ideologías de raíz supremacista y a la defensa radical que hacen de sus decrépitos fueros .
Pero no nos desviemos y vayamos por partes.
Hablar de “yate” es una tergiversación deliberada. Un velero de regatas (y menos el que pretende adquirir la Armada) no es una embarcación de recreo. Incitar a que la gente crea que el Aifos es un yate destinado al solaz de Felipe VI y compararlo con el viejo Fortuna no parece un ejercicio de buena praxis. Ni política ni periodística. En primer lugar, porque, como ya hemos dicho, no es lo que popular ni técnicamente se conoce como tal. Y, en segundo lugar, porque no pertenece al Rey, sino la Armada. Es patrimonio del Estado.
Habrá quien, dicho esto, considere que la Armada española no está para participar en regatas. Bien, las opiniones son libres. Pero quizás ese ciudadano escéptico y tendente al enojo cambie de opinión si, en lugar de intoxicarlo con medias verdades, se le explica que las comisiones navales fueron creadas para propiciar el hermanamiento de las marinas civiles y militares, y que, gracias a ellas, muchos miembros de las Fuerzas Armadas han podido incorporarse a la vela profesional y representar a nuestro país en competiciones de máximo nivel.
El hombre que más hizo por impulsar ese vínculo fue el contralmirante Marcial Sánchez Barcáiztegui, una de las figuras que mayor admiración ha logrado concitar entre las gentes de la mar en nuestro país. Don Marcial solía terminar su discurso de clausura de la Regata de las Fuerzas Armadas (que cada año reúne a una multitud de barcos en la Bahía de Palma) rememorando la evacuación de cientos de miles de soldados británicos atrapados en Dunkerque gracias a la cooperación de la flota recreativa.
Aquel es el espíritu que en su momento dio origen a las comisiones navales de regatas y que, 70 años después, forman parte no sólo de nuestra tradición marítima, sino de la de muchas otras naciones que, como España, instruyen a sus cadetes a bordo de veleros de competición. No hace ni una semana que la Marina Italiana tomó parte en la Copa del Rey de Barcos de Época de Mahón. Nada raro tiene, pues, que nuestra Armada posea un barco en el que, ocasionalmente, navegue el Rey Felipe, algo que debería entenderse como un honor.
Vayamos ahora al precio.
Les parece suntuoso a nuestros populistas de guardia (siempre tan quisquillosos con los gastos de la Corona, pero tan opacos a la hora de fiscalizar determinados usos de las aeronaves militares) que la Armada invierta 1,5 millones en un barco de regatas. Hagámosles la cuenta, a ver si, como ya hemos conseguido con ese ciudadano confundido por determinados titulares, logramos aflorar la trampa del “coste innecesario para las arcas públicas”. Pongamos que la vida útil de ese nuevo Aifos sea de 18 años, la misma que el anterior. Calculemos un coste anual del 5% sobre el precio de salida. Sumemos ambos y dividamos la cantidad resultante entre 6.750. Resultado: 23,4 euros por día.
Juzguen ustedes mismos.


