La Comisión de Medio Ambiente Baleares quiere limitar al máximo el fondeo de embarcaciones en las Islas porque, según afirma, la sombra que éstas proyectan sobre el fondo marino “disiminuye la luminosidad que llega a la posidonia” y afecta a su proceso de fotosíntesis.
Esta vuelca de tuerca al argumentario contra la náutica de recreo aparece recogida en un informe de impacto ambiental publicado el pasado 16 de diciembre en el Boletín Oficial de las Islas Baleares (BOIB) sobre un proyecto de la empresa Tragsatec para la instalación de un polígono de fondeo con 30 boyas ecológicas en Sa Foradada, en la Sierra de Tramuntana, una zona de protegida adonde suelen acudir a pasar el día con sus barcos numerosos aficionados a la náutica.
El dictamen representa una suerte de enmienda total a los campos de boyas con los que se pretende reducir el impacto de los fondeos mediante anclas y es, por tanto, una evidente declaración de intenciones de la Comisión contra el uso recreativo del litoral balear. Las exigencias “desmesuradas” del informe han causado alarma en el sector, que las interpreta como la antesala de una prohibición de facto del fondeo.
A falta de que las diferentes asociaciones pongan en común su posición, y mientras encajan el golpe, el presidente de FANMED, Gabriel Dols, se ha mostrado “muy sorprendido” por algunas de las apreciaciones del dictamen, en especial la referencia al perjuicio que puede ocasionar la sombra del barco sobre la posidonia: “Esto se podría llegar a comprender si se tratara de una instalación permanente, como un pantalán flotante, pero no de un barco, que cambia constantemente de posición”.
El dictamen, que lleva la rúbrica de la directora general de Coordinación y Armonización Urbanística, María Paz Andrade Barberá (como suplente de la presidencia de la Comisión), cuestiona el sistema de boyas ecológicas debido a que, durante su proceso de instalación, “pueden producir efectos por la contaminación atmosférica y acústica de la maquinaria a utilizar y por la afección del fondo marino a la superficie donde se ubica el anclaje, así como también por la contaminación del medio marino por la turbiez que se produce durante las obras y por las emisiones de las embarcaciones a utilizar”.
Los anclajes de bajo impacto son considerados como la única opción sostenible a las anclas y a los ‘muertos’ de cemento.
Según el informe, los efectos nocivos sobre la posidonia no se producirían únicamente durante la breve fase de instalación, sino también en el transcurso del funcionamiento del fondeadero. “En primer lugar -afirma la Comisión- por el efecto llamada que puede ocasionar la instalación de un campo de boyas que incremente la afluencia de embarcaciones en la zona y también por el efecto de la sombra de las embarcaciones que disminuye la luminosidad que llega a la posidonia, y especialmente por todos los impactos derivados de la utilización del campo de boyas por la estancia de embarcaciones, con el consecuente aumento de la contaminación de las aguas (sentinas, aguas de limpieza, comida, restos de hidrocarburos, de aceites, de pinturas anti-incrustantes, etc.) y la afección a las especies de la zona”.

El polémico fragmento del informe de la Comisión de Medio Ambiente.
Este último párrafo es el que ha generado mayor preocupación en el sector, al contener toda una serie de argumentos genéricos ("efecto llamada" e impactos ajenos al anclaje pero asociados a la actividad derivada del fondeo) que podrían hacerse valer contra cualquier proyecto de instalación de boyas. “Con este tipo de razonamientos se podría proponer no solo la prohibición de que haya barcos, sino los coches y aviones”, ha ironizado José María Jiménez, presidente de la Comisión de Charter Náutico de la patronal de empresas marítimas de Baleares, al tener conocimiento del informe: “Antes eran las anclas, ahora son también las boyas. Que lo digan claro: no quieren barcos ni actividad náutica”.


