Joan Oliver: «Hay que poner un límite al número de barcos»
El histórico director del Club de Vela Port d’Andratx se ha retirado después de 34 años en el cargo. En esta entrevista con la directora de Gaceta Náutica analiza la situación de la entidad y da su punto de vista sobre los principales retos de la náutica de recreo.

El histórico director del Club de Vela Port d’Andratx se ha retirado después de 34 años en el cargo. En esta entrevista con la directora de Gaceta Náutica analiza la situación de la entidad y da su punto de vista sobre los principales retos de la náutica de recreo.

Joan Oliver (Palma, 1955), capitán de la marina mercante, se jubiló el pasado 30 de diciembre como director gerente del Club de Vela Port d’Andratx, cargo que ha ejercido durante los últimos 34 años con los tres únicos presidentes que ha tenido la entidad: Joan Terrassa, Mateu Tomás y Ginés Martínez. Asegura que el mejor momento de su larga etapa profesional llega ahora, con la retirada y el sentimiento del deber cumplido, aunque con la pena de no haber podido ver renovada la concesión del club.

Esta es la segunda entrevista que concede en su vida. «Y no habrá más», sentencia categóricamente Joan Oliver, un hombre que siempre va de frente y que ha sido capaz de dirigir uno de los puertos deportivos más importantes de Baleares sin teléfono móvil ni WhatsApp: «No me ha hecho ninguna falta. Quien me quisiera encontrar sólo tenía que llamar al club». Se va un histórico de la náutica y con él, todo un estilo de hacer las cosas, anteponiendo el sentido común y la lógica a cualquier otra consideración.

Pregunta.– La continuidad del Club de Vela está en entredicho por una sentencia judicial. En este momento, tal y como están las cosas, ¿ve factible que pueda seguir ocupando estas instalaciones?

Respuesta.– El club se encuentra en esta situación, después de que el Tribunal Supremo dictara sentencia hace ya siete años, por la falta de empuje de la administración, que ha sido la que ha creado este problema. Respeto la sentencia del TS pero no la comparto. Da derecho a IP3M a adjudicarse la instalación sin que en realidad el concurso se haya resuelto,  ya que hubo un periodo para alegar jurídica y técnicamente al que se acogieron las  empresas que concurrieron a la licitación, entre ellas el Club de Vela. A fecha de hoy, todavía estamos esperando la respuesta a estas alegaciones. Y voy más allá: quiero ver quién, sea del partido político que sea, se atreve a firmar la concesión a esta empresa.

P.– ¿Por qué razones considera que debería el club conservar su actual concesión?

R.– No tiene nada que ver la gestión de una marina con la de un club, cuya finalidad es la actividad deportiva y social.  Este club, por ejemplo, destina 600.000 euros anuales a deporte y otros 100.000  a actividad social, además del canon por cada año de concesión. La marina ha de ganar dinero, que es un negocio muy lícito, y, por tanto debe sacar el máximo rendimiento con la mínima inversión, mientras que un club  ha de reinvertirlo todo en mantenimiento, personal y servicios.  Esta es la principal diferencia entre ambos y que sitúa a los clubes en precario si se convoca un concurso. Éstos siempre salen perdiendo frente a las marinas si no se tiene en cuenta toda la inversión que realizan tanto en las áreas de deporte y social como en la mejora de las instalaciones. Y es este último punto es donde creo que más falla la administración, puesto que no ejerce el control de las inversiones que se llevan a cabo en los puertos. Los políticos se llenan la boca hablando de los clubes, pero no hacen nada al respecto.

P.– En su opinión, ¿qué cree que se debería haber hecho?

R.– La administración lo ha hecho todo mal desde un principio. Cuando se dio a conocer la sentencia del Tribunal Supremo, automáticamente tendría que haber indemnizado por los gastos ocasionados a las seis empresas que concurrieron y volver a convocar un concurso. Han pasado 7 años y no se ha hecho absolutamente nada. Debían replicar la sentencia del TS por no estar el concurso resuelto, además de no poder cumplir el proyecto propuesto por estar desvirtuada la instalacion.

P.– La concesión anulada es de 2005. Durante este tiempo el Club de Vela ha realizado inversiones que, en el caso de ser desposeído de las instalaciones, le darían derecho a cobrar una indemnización importante. ¿Esto es así o cabe algún matiz?

R.– El club no puede admitir una indemnización. Yo siempre he dicho y he mantenido que el club acabará la concesión aquí por una sencilla razón:  los proyectos son inamovibles y el club, como le he dicho, después de 20 años está totalmente desvirtuado. No tienen nada que ver las actuales instalaciones del club con lo que había en el 2002. Ahora hablan de arreglarlo con estudio de equilibrio económico, pero yo digo que no, no es posible igualarlo. Cuando te presentas a un concurso hay que respetar el informe económico que acompaña al proyecto.

P.– Usted ha tenido contacto diario con los trabajadores y socios del club durante años. ¿Cómo afrontan unos y otros esta situación tan delicada?

R.– Todos intentan llevarlo de la mejor manera posible y con la esperanza de que el club pueda seguir en estas instalaciones. Evidentemente, la preocupación de los trabajadores es mayor que la de los socios ante esta situación.

P.– ¿Sobrevivirá el deporte náutico en Andratx tal y como lo conocemos si el club se ve privado de su concesión?

R.– El club siempre sobrevivirá, aunque pierda su concesión. Y en el caso de que se disolviese, algo que ya le digo que no ocurrirá, su patrimonio económico iría directamente a la Federación de Vela, dado que no puede repartir dividendos entre los socios.

Joan Oliver posa en uno de los pantalanes del Club de Vela Port d’Andratx.

P.– El Club de Vela no es el único que teme por su futuro. ¿Cree que, en el contexto económico, político y legal actual, podrán conservarse los clubes náuticos?

R.– Tal y  como está estipulado hoy en día, es imposible. Todos perderán su concesión. Se han de cambiar las bases de los concursos. Sería tan simple como modificar los tres puntos que permitan equilibrar el canon con las inversiones realizadas tanto en la actividad deportiva y social como en la mejora de las instalaciones y servicios. Un club náutico da más beneficio a la sociedad que las marinas: crean más empleo directo y fijo, que no subcontratado a otras empresas, entre otros aspectos.  También es igualmente fundamental, y esto lo remarco porque es muy importante, que la administración audite los compromisos de inversiones que la empresa adjudicataria presenta en su proyecto y estudio económico.

P.– ¿Cuál es, a su juicio, la estrategia más adecuada para garantizar la supervivencia de los clubes?

R.– Tengo claro que para resolver la actual situación de los clubes solo cabe única y exclusivamente modificar las bases de los concursos. Hay que asumir que, tarde o temprano, todos los clubes acabarán teniendo que presentarse a un concurso si quieren optar a la renovación de sus concesiones.

P.– ¿Qué acciones destacadas se han desarrollado bajo su dirección del club para fomentar su función deportiva y social?

R.– Hemos hecho muchas cosas de las que sentirnos orgullosos. Fuimos pioneros en la creación de una liguilla cruceros que se puso en marcha en 1995 y a fecha de hoy cuenta con la participación de más de 44 embarcaciones, aunque  nuestro fuerte siempre ha sido el fomento de la vela ligera. Hace 25 empezamos un programa para poner a disposición de todos los niños que quieran navegar un Optimist propiedad del club, además del abono de la licencia anual. Y cuando dan el salto a otras clases, como el ILCA, y luego finalizan su etapa deportiva, el club les compra la embarcación, por lo que nunca pierden dinero. Hace 12 años pusimos en marcha la sección de vela adaptada, de la que también somos pioneros a nivel nacional y con muchos éxitos internacionales. No cabe duda de que el Club de Vela ha llevado a cabo una importante labor deportiva.

P.– Cada vez hay más barcos, pero los amarres son los mismos. ¿Considera necesario ampliar puertos o ve como una solución factible el uso compartido o el fomento de los clubes de navegación?

R.– Creo hay que poner un límite. Los inconvenientes aparecen a la hora de fondear. He tenido clientes en que salían a las 8.30 de la mañana para poder encontrar sitio en una cala en pleno mes de julio y agosto. Hay que tener en cuenta que hace 30 años el barco más grande medía 24 metros y hoy en día casi la mitad de la flota está por encima de los 14 metros. Tendremos problemas si no se pone techo al número de embarcaciones. Además, los costes de mantenimiento son cada vez más elevados. Veo positivo compartir, aunque considero una salvajada la posibilidad de que los barcos de la lista séptima puedan alquilarse. Esto sería una auténtica barbaridad.

P.– Uno de los temas más candentes que hay ahora sobre la mesa es la gestión de las boyas de fondeo. Desde su experiencia, ¿cuál cree que es el modelo más adecuado?

R.– En la zona 2 (antepuertos) veo adecuada la instalación de boyas de fondeo por su función reguladora. No así en las calas, porque ¿quién y de qué manera se controla esos amarres? Ejemplos de mala gestión hay unos cuantos, como es el caso de Camp de Mar o Sant Elm.

P.– Usted se ha manifestado públicamente más de una vez en contra del uso del Moll Vell de Palma como área de mantenimiento de yates. ¿Por qué razón no le parece una ubicación idónea y que alternativa propone?

R.– Considero que los servicios complementarios (mantenimiento y reforma de embarcaciones) deben situarse los más alejados de la ciudad. El Moll Vell es la joya de la corona y debería destinarse a zona lúdica, tanto comercial como de restauración, además de concesionar una marina y mantener la estación marítima. Antes podíamos estar orgullosos de contar con el mejor puerto del Mediterráneo, pero el muelle de cruceros lo ha convertido en una auténtica ratonera, con una maniobrabilidad muy complicada. Pienso que se deberían mantener los barcos en las estaciones marítima actuales.

P.– Para terminar, ¿cuál ha sido el mejor momento de su etapa profesional en el Club de Vela, el peor y qué le hubiera gustado hacer pero no ha podido?

R.– El mejor momento llega ahora cuando me retiro con la satisfacción del trabajo bien hecho y el peor ha sido no poder renovar la concesión del club.

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