Las redes, el punto débil en la vigilancia al cerco
Los arrastreros mallorquines vuelven a atrapar atunes podridos a pesar de que cada atunero lleva a bordo un observador que vela por el cumplimiento de la normativa

Los arrastreros mallorquines vuelven a atrapar atunes podridos a pesar de que cada atunero lleva a bordo un observador que vela por el cumplimiento de la normativa

Vuelven los atunes podridos al fondo del mar y vuelven los graves daños a la exigua flota de arrastre balear. Los arrastreros pagan un alto precio, toda una jornada de trabajo y roturas en sus artes, por lo que a todas luces son maniobras fuera de la legalidad por parte de la flota cerquera de atún que se deshace de las piezas inconvenientes de manera subrepticia mandándolas a las profundidades.

El primer caso de la temporada lo registró el 6 de junio al sur de la Bahía de Palma el arrastrero Es Llevant que cogió en sus redes cinco grandes atunes muertos de unos 200 kilos cada uno que dieron al traste con la pesca del día. El martes pasado, el mismo arrastrero volvió a encontrarse con la desagradable sorpresa de trece grandes túnidos enredados en sus artes.

El descarte de atunes por parte de los cerqueros está prohibido. Cada cerquero lleva a bordo un observador habitualmente adscrito al Instituto Español de Oceanografía y contratado por el armador del barco.

¿Cómo es posible entonces que año tras año los arrastreros se encuentren con el mismo problema? Bernadí Alba es el presidente de la Alianza de Pesca Española Recreativa Sostenible, APERS. Además es observador nacional de ICCAT, el organismo internacional que regula la pesca de atún y pez espada entre otras especies.

Alba conoce a la perfección la cuestión y sabe donde está la raíz del problema. Los grandes cerqueros se ocupan de rodear al atún. Cuando está atrapado, estas redes se conectan a las jaulas que transportarán a los atunes a las granjas de engorde en Cartagena y Tarragona. «En ese momento se abre en la red un agujero de 4 x 6 metros con dos cámaras estroboscópicas que filman continuamente la transferencia de atunes de la red a la jaula», explica Alba. 

Los observadores que están en el barco controlan el proceso y es en ese momento cuando se registra el número de atunes que pasa y su peso. A partir de ese momento, ya es cuota contabilizada, pase lo que pase con los atunes una vez están en las jaulas.

«Sin embargo, no hay ningún observador ni obligación de filmar nada de lo que pasa en la red del cerquero», precisa el presidente de APERS. «Si el propietario de la red tiene unos buzos y les dice que no quiere animales mayores de 150 kilos y que los espanten o los maten y se vayan al fondo de la red para luego abrirla y que se vayan al fondo, no hay obligación por parte de ICCAT de controlar esto». «Por eso -se queja Alba- nos encontramos con el disparate de los atunes más grandes muertos en el fondo del mar y nadie sabe cuántos hay porque es imposible cuantificarlo».

El engorde de atún es un negocio que mueve mucho dinero. Son grandes empresas que trabajan en el mercado internacional. Bernadí Alba opina que «algunas son muy serias y otras son muy piratas. Hay de todo pero luego pasan los desastres que pasan».

El año pasado fue una excepción en este desastre ecológico al que en esta ocasión ha sumado su denuncia por primera vez la Fundació Marilles. El motivo de la excepción fue que los cerqueros pescaron en una zona con mucha profundidad al oeste de Ibiza en la que no faenan los arrastreros.

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