“Estaban avisados, no lo puedo entender”. José María Jiménez es el presidente de la asociación balear de alquiler de barcos y propietario de la empresa de chárter Latitud Cero. Atiende a la llamada de Gaceta Náutica a primera hora de la tarde y se declara “exhausto” tras una estresante jornada dedicada a ‘perseguir’ a varios de sus clientes para que buscaran refugio en puerto.
La mayoría de ellos habían hecho las cosas bien y estaban a resguardo. A otros los ha podido contactar por teléfono después de comprobar a través del sistema de localización satelital (AIS) que se encontraban fondeados en diferentes puntos del litoral balear, expuestos la furia del temporal. Uno de los patrones, sin embargo, no le ha contestado. Sin pensárselo, Jiménez ha cogido el coche y se ha ido hasta la Colònia de Sant Jordi (al sur de Mallorca) y de allí a la playa de Es Carbó para advertirle personalmente: “Esto se pone feo, ve inmediatamente a puerto”.
“Los barcos están asegurados a todo riesgo, lo que me preocupa de verdad es la gente que va a bordo. Lo he hoy ha sido muy serio, han soplado más de 100 kilómetros por hora y podría haber ocurrido una desgracia”, afirma el empresario. En varios casos, de hecho, se ha rozado la tragedia; se estima que en Formentera hay más de 40 barcos varados o hundidos, dos personas han sufrido lesiones graves al ser arrastrado su velero contra las rocas de Cala Saona y un pescador profesional ha permanecido desaparecido durante horas en el agua hasta su rescate a cargo de unos voluntarios.
Jiménez remarca que en Baleares hay unos 35.000 barcos navegando en temporada alta para sólo 17.000 amarres. Eso significa que algo más de la mitad de la flota no tiene base en puerto. En circunstancias normales, este hecho no representa ningún problema. En verano suele hacer buen tiempo y la mayoría de los fondeaderos son seguros. La cosa cambia cuando, como ha ocurriódo hoy, se produce una DANA -antes llamada gota fría- y una plácida situación anticiclónica, casi de calma absoluta, se transforma en cuestión de minutos “en un verdadero infierno”, según ha relatado esta mañana un testigo del temporal que ha arrasado la playa de Es Cavall den Borràs, junto al puerto de La Savina, provocando la varada de una decena de barcos, entre ellos un Wally de 30 metros valorado en 4 millones de euros.
“Estos fenómenos son muy violentos, pero su duración suele ser breve, por lo que una opción, si no hay posibilidad de encontrar refugio, es llevar el barco mar adentro, lejos de tierra. El viento es muy duro, pero al ser episodios cortos no da tiempo a que se forme mucha ola si hay profundidad”, señala Jiménez, quien lamenta la escasa “cultura náutica” de muchos usuarios del mar. E insiste: “Esta vez no les ha pillado por sorpresa; la AEMET lleva días advirtiendo de que esto iba a ocurrir. Hoy no era un buen día para estar fondeado”.
Esta clase de tormentas, muy locales, no aparecen reflejadas en muchos modelos meteorológicos que suelen ser fiables y de uso corriente. “La gente mira el parte, ve que el viento general es de una determinada dirección y cree que está a salvo. Pero las gotas frías se forman muy rápido y soplan de todos lados. Hay que estar pendiente de las alertas”, zanja el presidente de las empresas baleares de chárter.


