Informe de la Guardia Civil: todos los detalles del accidente mortal de Cala Bona
Gaceta Náutica accede en exclusiva al contenido íntegro de las diligencias policiales. El patrón del yate, conocido en Porto Cristo por su “conducción negligente”, accedió al barco cuando estaba precintado y regresó a Alemania dos días después en su propio avión privado.

Gaceta Náutica accede en exclusiva al contenido íntegro de las diligencias policiales. El patrón del yate, conocido en Porto Cristo por su “conducción negligente”, accedió al barco cuando estaba precintado y regresó a Alemania dos días después en su propio avión privado.

El Grupo de Homicidios de la Guardia Civil ha concluido que el accidente de Cala Bona, en el que perdió la vida el joven Guillem Comamala tras ser arrollado el bote en el que navegaba por un yate de 20 metros, se debió a una “concurrencia de responsabilidades de ambos patrones”, si bien señala que el grado o porcentaje de la posible culpa “debe ser establecido por juristas que conozcan del presente proceso”, según consta en el atestado presentado ante el Juzgado de Instrucción número 1 de Manacor, a cuyo contenido íntegro ha tenido acceso en exclusiva Gaceta Náutica.

Los investigadores entienden que, aunque “es cierto que la vigilancia debió haber sido mutua” y que la embarcación alcanzada no contaba con la preceptiva luz “todo horizonte”, el accidente pudo evitarse de haber mantenido el yate “una velocidad y vigilancia adecuada”, teniendo en cuenta que el fallecido, de 21 años, quien se encontraba pescando calamares a menos de una milla de tierra junto a su tío y un primo menor de edad, portaba una linterna y la habría utilizado para señalar su posición antes del impacto.

El informe, de más de 150 páginas, narra con todo lujo de detalles lo ocurrido en las horas previas y posteriores al suceso mortal, ocurrido en la noche del 23 de agosto, y revela, entre otras cosas, que los tripulantes del yate, una Riva Ribelle de nombre La Luna, accedieron a la embarcación cuando ésta ya se encontraba precintada en el Club Náutico de Porto Cristo, así como que su patrón era conocido por navegar habitualmente “de forma negligente, con exceso de velocidad a la entrada y salida del puerto”, según el testimonio de un empleado de la instalación.

El atestado también descubre que el ciudadano alemán que se encontraba al mando de la embarcación, Dennis V., regresó a su país dos días después de los hechos, junto a dos amigos, al mando de su propio avión privado, cuando ya estaba al corriente de la investigación policial. Otro dato llamativo de la conducta del patrón y el resto de tripulantes del yate es que la misma noche del suceso estuvieron de copas en la discoteca “Bolero”, de la localidad de Cala Rajada, después de pasar la jornada fondeados en Cala Agulla (Capdepera), donde se les vio consumir alcohol y protagonizaron un altercado con otra embarcación, hecho que fue difundido por los medios locales.

El IMPACTO

El atestado recoge en sus primeras páginas la declaración del tío de la víctima, según cuya versión el yate La Luna les impactó “levemente” en la popa gracias a que consiguieron salir de su trayectoria acelerando la marcha del motor fueraborda de su pequeño bote de 3,20 metros. De acuerdo con esta declaración, él y sus dos sobrinos habían salido a pescar calamares a las 19.00 horas y alrededor de las 21.15 horas decidieron regresar al puerto de Cala Bona, donde tenían su base. Entorno a esa hora, hallándose a una distancia aproximada de 0,6 millas de la costa más cercana, su sobrino menor de edad advirtió que un barco se dirigía hacia ellos a gran velocidad y a rumbo de colisión. El testigo trató en vano de evitar el choque, que arrancó de cuajo el motor Tohatsu de 6CV a pesar de que el bote “apenas sufrió ningún zarandeo”. Lo siguiente que recuerda es haber visto el yate alejarse “a todo gas” y escuchar a su sobrino pequeño gritar en medio de la oscuridad el nombre de su primo, que había caído por la borda. Tras unos minutos de pánico y desconcierto, la luz parpadeante de una linterna les indicó la posición de la víctima. La colisión le había causado lesiones mortales en la cabeza.    

Contrariamente a lo que se creía, Guillem Comamala no se encontraba junto al motor fueraborda, sino en el centro del bote. El tío quiso añadir a su declaración ante la Guardia Civil que, tras haberle dado muchas vueltas a lo ocurrido, llegó a la conclusión de que su malogrado sobrino debió ponerse de pie para hacer señales al barco que se les venía encima con su linterna “y eso propició que fuera el único que acabara en el agua”. El yate, según su estimación, navegaba a una velocidad entre 20 y 25 nudos.

El testimonio del sobrino menor redunda en la incapacidad del bote para eludir la colisión: “No recuerdo las reacciones de mi primo y mi tío; el yate estaba muy cerca, era alto y nosotros tan bajos que ni pude ver a alguien de su tripulación; hizo girar nuestro barco unos 45 grados, no fue mucho. Yo me agarré, pero no llegó a tirarme; el golpe no fue tan fuerte. Cuando me giré, pude ver que mi tío ya estaba en pie. Me preguntó por Guillem y comenzamos a buscarlo. Gritábamos su nombre. Pude ver un destello intermitente de luz en el agua, por la misma parte por la que vino el yate que nos había golpeado. Mi tío me dio su móvil para que llamara a mi (otro) tío, que estaba casi llegando a puerto después de haber estado pescando en la zona, y se tiró al agua para rescatar a mi primo”.

Un informe del Grupo de Actividades Subacuáticas de la Guardia Civil (GEAS) detalla que la embarcación La Luna presentaba señales de impacto en su amura de estribor. Las diligencias no incluyen de momento el informe pericial de los datos del plotter.

Posición estimada del lugar del accidente. La costa más próxima se encuentra a algo más de media milla.

LA UBICACIÓN  

Un familiar de la víctima aportó a la Guardia Civil unas coordenadas de la posición en las que el bote se encontraba pescando calamares, frente al mirador del Cap del Pinar y su perpendicular a tierra. Estás sitúan el lugar hipotético del siniestro a algo más de media milla de la costa más cercana. Se trata de una zona muy frecuentada por navegantes de recreo aficionados a la pesca del calamar. Diversos testimonios apuntan que esa noche había entre una y dos decenas de embarcaciones faenando.

El hermano del patrón del bote expresó en su declaración que no comprendía por qué el yate se había adentrado en la bahía de Cala Bona “y menos en ese barco tan grande”, dado que “ahí hay gente haciendo los calamares y no acceden barcos de estas dimensiones”.  

“Es un sitio -añadió- donde te puedes encontrar kayaks o gente haciendo paddle e incluso buceadores. Es como si entrarán conscientemente para molestar y asustar”.

Botellas de alcohol sin consumir halladas por la Guardia Civil durante la inspección del barco el 24 de agosto.

COMPORTAMIENTO INCÍVICO

Además del testimonio del trabajador del Club Náutico de Porto Cristo sobre la navegación “negligente” de la que Dennis V. ya había dado muestras con anterioridad, diversas declaraciones señalan que, en las horas previas al siniestro, los tripulantes de La Luna habrían consumido una gran cantidad de alcohol y mostrado un comportamiento incívico. El dueño de una embarcación que ese día había estado fondeada en Cala Agulla relató que uno de los amigos de Dennis había embestido a la lancha auxiliar de sus hijos con el dinghy de La Luna. Este hecho se produjo exactamente a las 18:19 horas del 23 de agosto, tres horas antes de la tragedia.

El testigo explica que se dirigió al patrón del yate para afearle la conducta de su amigo y que éste hizo un gesto de extrañeza. “Le dije que hiciera el favor de hablar con su amigo, que le dijera que tuviese más cuidado y que no navegara tan rápido por la bahía; me contestó que así lo haría, yo le dije que disfrutara y me marché”, según consta en las diligencias policiales. Sin embargo, observó cómo “salieron tres veces más con el barco auxiliar con la misma actitud de velocidad y de navegación agresiva”.

La Guardia Civil le preguntó expresamente si Dennis y el resto de tripulantes llevaban vasos en las manos, a lo que el testigo respondió: “Sí, encima de la mesa había muchas bebidas, no puedo afirmar si eran bebidas alcohólicas o no. Sí observé que cuando hablaba con el capitán (con Dennis), éste se encontraba afectado por el alcohol; lo noté en su actitud y por su mirada; seguramente habían tomado otras sustancias que yo no vi, que no era marihuana porque estaban en una actitud nerviosa y espitosa”.  

Una de las chicas que acompañaban a Dennis y sus amigos a bordo de La Luna admitió ante los investigadores que aquella tarde habían estado bebiendo (cava con zumo y vodka con tónica) y que el patrón había bebido, “pero no mucho; los que iban bajo los efectos del alcohol eran sus amigos”.

Esta mujer, que se hallaba a bordo cuando se produjo el accidente junto a Dennis y dos amigos alemanes, afirma que se enteró de lo sucedido al día siguiente; de hecho, esa misma noche, después de atracar en Porto Cristo, regresaron a Cala Rajada para recoger a otras dos chicas “para cenar y seguir de copas”.

Fotografía de inspección del barco donde se aprecia la presencia de vasos con restos de alcohol en el puente de mando.

RESTOS DE ALCOHOL

La Guardia Civil ha podido determinar que el patrón de La Luna tuvo conocimiento de la muerte de Comamala el 24 de agosto, entre las 10.00 y las 11.00 horas, cuando fue informado en persona por la persona encargada del mantenimiento de la embarcación. Este testigo asegura que se desplazó a su casa (la de Dennis) “y le expliqué lo que había sobre las noticias y lo que decían (…) Se sorprendieron mucho, yo sólo hablé con él, pero los amigos también estaban en el domicilio”.

Los investigadores procedieron al precinto de la embarcación a las 10.54 horas del sábado, “a fin de que no se realice ninguna manipulación en el interior y exterior del mismo”. En ese momento se identificó a bordo a la persona que se ocupaba de la limpieza de La Luna, quien tenía por costumbre realizar su trabajo a primera hora de la mañana. La testigo admitió que ese día había observado “algo inusual en el yate”.

“A las 11.20 horas se realiza una inspección ocular, autorizada por el consignatario y en presencia de la operaria de mantenimiento, donde se observan numerosas botellas de bebidas alcohólicas en el interior de uno de los camarotes”, según indica el atestado policial, el cual incluye diversas fotografías con descripciones de los restos de la fiesta celebrada el día anterior a bordo de la embarcación; entre ellas, una muy elocuente donde se observa “la zona de mandos del yate, así como unos vasos con supuesta sustancia alcohólica”.

Las cámaras de seguridad del club náutico registraron el acceso al barco cuando ya se encontraba precintado.

PRECINTO PROFANADO

Las diligencias policiales han podido determinar, sin género de dudas, que Dennis y sus dos amigos accedieron a la embarcación trascurridas 24 horas desde el accidente, cuando ya eran plenamente conscientes de sus consecuencias: la noticia de la trágica muerte de Comamala había salido publicada en los principales medios de comunicación y habían sido informados esa misma mañana por el consignatario. Una de las cámaras de seguridad del Club Náutico de Porto Cristo los grabó accediendo al barco y saliendo poco después, alrededor de las 21.30 horas, “cargados con bolsas”.  

VUELO PRIVADO A ALEMANIA

Al día siguiente, el domigo 25 de agosto, Dennis V. se levantó temprano para preparar el vuelo que le llevaría de regreso a Alemania a bordo de su avión privado, y junto a sus dos amigos, sin haber prestado todavía declaración a la Guardia Civil. Logró adelantar la hora del despegue en dos horas. Una cámara del aeródromo de Son Bonet lo captó accediendo a la terminal a las cuatro de la tarde. Tres días después, según adelantó en primicia Gaceta Náutica, regresó a Mallorca para comparecer ante los investigadores. Al ser informado de que se le imputaba un delito de homicidio imprudente y otro de omisión del deber de socorro, se acogió a su derecho a no declarar, quedando en libertad provisional a la espera de juicio.

ALARMA SOCIAL

La muerte de Guillem Comamala causó una gran conmoción y podría marcar un antes y un después en la seguridad marítima en las costas de Baleares. El conseller del Mar, Juan Manuel Lafuente, avanzó ayer en el Parlament que el anteproyecto de la Ley de Costas y Litoral del archipiélago propone una limitación de 10 nudos a las embarcaciones de 12 o más metros que naveguen a menos de una milla de la costa.

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