El 30 de julio de 1945, el USS Indianapolis fue hundido por dos torpedos japoneses en el Pacífico. Tras una tragedia que se cobró la vida de 879 marineros –un gran número de ellos devorados por tiburones-, el comandante Charles B. McVay III, al mando del buque, fue llevado a juicio y condenado en un consejo de guerra.
El tribunal ignoró el testimonio del comandante japonés Mochitsura Hashimoto, quien afirmó que las maniobras de zigzag que McVay supuestamente omitió no hubieran cambiado el destino del buque, ya que la posición del submarino aseguraba el impacto. En realidad, la falta de escolta y de equipo de sónar condenaron al Indianapolis desde su salida de la isla de Guam (archipiélago de las Marianas) con destino a Leyte (Filipinas).
En 1968, McVay se suicidó de un disparo en el jardín de su casa en Connecticut, víctima de una profunda depresión marcada por la injusticia del proceso y la soledad tras perder a su esposa años antes.
Tres décadas después, el caso captó la atención de un joven estudiante de secundaria, Hunter Scott, quien, a través de entrevistas y la revisión de archivos, sacó a la luz pruebas que exculpaban al comandante McVay.
Scott, que se interesó por el caso tras presenciar la escena de la película Tiburón en la que el capitán Quint narra su terrible experiencia con los escualos durante el naufragio, descubrió que el SOS lanzado por el USS Indianapolis, cuya existencia negó el tribunal, había sido recibido pero ignorado en varias estaciones. También evidenció con pruebas que el buque nunca debió navegar sin escolta debido a la presencia en la zona de al menos tres submarinos japoneses.
El USS Indianapolis había participado antes de su naufragio en una misión de alto secreto: el traslado de los componentes de la bomba atómica que arrasó la ciudad de Hiroshima el 6 de agosto de 1945.
Los sobrevivientes describieron a McVay como un líder justo y un excelente marino, y el trabajo de Scott, que en aquel momento tenía 12 años, logró presionar al Congreso de EEUU para revisar el caso. Finalmente, en el año 2000, bajo la presidencia de Bill Clinton, el honor de McVay fue restaurado oficialmente en un acto multitudinario que contó con supervivientes y familiares.
Hunter Scott entrevistó a casi 150 testigos del hundimiento del USS Indianapolis y revisó 800 documentos con la ayuda de su padre, subdirector del Instituro en el que cursaba estudios de Sexto Grado.
En su testimonio ante el Congreso, el joven Scott declaró: “Esta es la placa de cuando el capitán McVay era cadete en la Academia Naval. Como pueden ver, tiene su huella dactilar en la parte posterior. La llevo como recordatorio de mi trabajo en restitución de la memoria de un hombre que se quitó la vida en 1968. Llevo esta placa de identificación para recordarme que solo en los Estados Unidos una persona puede marcar la diferencia sin importar su edad. Llevo esta placa de identificación para recordarme el privilegio y la responsabilidad que tengo de portar la antorcha del honor que me han cedido los hombres del USS Indianapolis”.


