La Autoridad Portuaria de Baleares (APB) ha formalizado la adjudicación a la empresa Nautic Assets Developers Team, S.L., de la concesión de los amarres del Molinar en el puerto de Palma, poniendo fin a un proceso de más de cuatro años, lleno de incidencias y que ha supuesto la desaparición definitiva del Club Marítimo Molinar de Levante, fundado en 1917, en beneficio de una empresa sin experiencia previa en la gestión portuaria y que cambió de nombre, incluyendo la palabra Nautic, poco antes de que se convocara el concurso.
La empresa adjudicataria, que anteriormente operaba bajo el nombre de Mobile Applications Developers Team, S.L., será la encargada de la gestión de los amarres para embarcaciones menores de hasta ocho metros de eslora, así como de la rehabilitación y explotación de un edificio histórico que albergará un bar-cafetería-restaurante en su planta baja y “actividades sociales y culturales en la primera”. La concesión tendrá una duración de 18 años y requerirá una inversión inicial de 672.000 euros para la colocación de nuevos pantalanes y otras mejoras en las instalaciones.
El cambio de nombre de la empresa responde a su incursión en el sector náutico. Su director es Federico Rodríguez Cerdá, también vinculado a Desarrollos Concesionales Insulares (DECOIN), sociedad de la que formó parte en su momento el actual presidente de la Cámara de Comercio, Eduardo Soriano. La nueva concesionaria invertirá 68.000 euros anuales en concepto de mejora de las tasas de ocupación y actividad, que se suman a los 58.500 euros establecidos en los pliegos del concurso, junto con un 4% adicional sobre el volumen de negocio, según ha informado la Autoridad Portuaria.
Se da la particular circunstancia de que, en el caso del Molinar, las principales obras de mejora y acondicionamiento han sido asumidas por la APB en lugar de por el concesionario, como ocurre en el resto de instalaciones.
El anterior presidente de este organismo, Juan Gual -acusado de varios delitos en una de las piezas separadas del caso Puertos, por los que se enfrenta a una pena de 9 años de prisión-, se comprometió a conservar las dimensiones del puerto tras plegarse a las presiones de una plataforma vecinal llamada Port Petit, que se oponía a la ampliación del Club Marítimo del Molinar. Esta entidad histórica había solicitado una prórroga a cambio de reformar el puerto, pero Gual, siguiendo directrices políticas, rechazó la propuesta, lo que ha terminado derivando en la desaparición del Club Marítimo, una inversión pública inédita de alrededor de cinco millones de euros y la concesión a la empresa de Federico Rodríguez.
Las obras de rehabilitación del edificio de El Molinar, según admite la APB, se han incrementado por encima del presupuesto inicial, alcanzando los 1,2 millones de euros, “debido al mal estado de la estructura original”, que ralentizó los trabajos. La APB concluyó en verano, también con cargo a su presupuesto público, la limpieza de fondo marino en la dársena, extrayendo 1.400 metros cúbicos de roca y arena, recuperando el la profundidad original para garantizar la navegación segura y la entrega de la instalación al concesionario en las condiciones establecidas en el concurso.
El dragado de la dársena comenzó el 20 de mayo de 2024 con una inversión de 217.444 euros. Este trabajo ha sido esencial, ya que el calado anterior de la dársena impedía completamente su operatividad. Los trabajos fueron realizados por la empresa Servicios Profesionales Submarinos (Seprosub) y, como parte del proceso, se realizaron controles medioambientales, como la prospección submarina para detectar especies protegidas y mediciones periódicas de turbidez y materiales contaminantes en el agua.
El proyecto realizado por la APB bajo la presidencia de Gual incluyó asimismo la construcción de un islote artificial cuyo objetivo era impedir la entrada de sedimentos en el puerto y que, según pudo demostrar Gaceta Náutica, ha resultado muy poco efectivo. Antes del dragado, llegó a formarse en el interior de la dársena una pequeña playa de arena.
Con la adjudicación de la concesión a Nautic Assets Developers Team, la APB afirma, no obstante, que ha cumplido su compromiso de mantener las dimensiones de la dársena de El Molinar, conservando la tipología de las embarcaciones y “potenciando su componente social y deportiva, mejorando la integración del puerto con la ciudad”.

