El acuerdo de la UE mantiene la incertidumbre sobre el futuro de la pesca en Baleares
Ratifica la reducción de un 79% de los días de actividad para el arrastre en el Mediterráneo pero incorpora mecanismos todavía confusos para obtener jornales adicionales. Domingo Bonnín: "Es pronto para hacer valoraciones, hay que esperar al reglamento".

Ratifica la reducción de un 79% de los días de actividad para el arrastre en el Mediterráneo pero incorpora mecanismos todavía confusos para obtener jornales adicionales. Domingo Bonnín: «Es pronto para hacer valoraciones, hay que esperar al reglamento».

El reciente acuerdo alcanzado por el Consejo de Ministros de Agricultura y Pesca de la Unión Europea establece un nuevo marco regulador para la pesca en el Mediterráneo en 2025, con medidas que tendrán un impacto directo en el sector pesquero balear. Aunque introduce ciertas flexibilidades, el acuerdo mantiene una reducción significativa del esfuerzo pesquero para la flota de arrastre, lo que compromete seriamente la actividad en los caladeros de Baleares, una región donde la pesca local ya enfrenta retos estructurales y de sostenibilidad económica.

En concreto, se ha acordado reducir un 79% los días de actividad asignados respecto al año anterior, limitando aún más las posibilidades de faena de los arrastreros. Para compensar esta reducción, se han establecido mecanismos que permiten recuperar días adicionales bajo condiciones estrictas, como la adopción de redes de mayor tamaño (45 mm y 50 mm) para minimizar el impacto en especies juveniles, la implementación de vedas temporales y permanentes, y la realización de mejoras técnicas. Sin embargo, estas medidas suponen un desafío económico para los pescadores, que deberán asumir importantes inversiones en tecnología para cumplir con las nuevas exigencias.

La flota de arrastre de Baleares, que representa el 70% de la actividad pesquera regional, ve comprometida su capacidad de mantener la estructura que garantiza la llegada de producto local a los mercados. Esto es especialmente crítico en un contexto en el que solo el 15% del pescado consumido en las islas procede de la flota local, mientras que el resto se importa, generando una huella de carbono significativamente mayor.

El acuerdo también establece una reducción del 10% en el límite de capturas de gamba roja, una especie emblemática para las Baleares, que pasa de 787 a 708,3 toneladas, afectando aún más la rentabilidad de una actividad que ya enfrenta restricciones crecientes.

En este contexto, Domingo Bonnín, presidente de la Federación de Cofradías de Baleares, ha señalado que aún es pronto para valorar el impacto de las medidas, ya que no está claro en cuántos días hábiles de pesca se traducirán las condiciones impuestas por la Unión Europea. “Habrá que esperar a que salga el reglamento el mes de febrero y conocer la letra pequeña para hacer un análisis serio. Parece claro que tendremos más de 27 días para la flota de arrastre, pero no podemos decir cuántos serán. El ministro ha dicho en un momento que se podrán hacer los mismos jornales que el año pasado y en otro que casi los mismos. Este ‘casi’ es lo que nos preocupa”, ha advertido.

Las medidas pactadas intentan equilibrar la sostenibilidad ambiental y la actividad económica, pero desde el sector pesquero balear se perciben como insuficientes para garantizar la supervivencia de una industria clave para la economía y la cultura de las islas. Voces como las de Bonnín y Pedro Mercant, de la Organización de Productores de Pesca de Mallorca, alertan de la incertidumbre que sigue rodeando el futuro del sector y de los retos que plantea en las Islas la adaptación al un modelo de pesca que quiere implantar Bruselas.

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