Por Diego Riera
Hace diez años les hablé, en esta misma columna, de hippies. De los que había en la bahía de Pollença y cómo me maravillaba la vida que llevaban, contemplativa, minimalista, fuera del consumo. Les expliqué que me parecían necesarios porque estos iluminados nos enseñan un camino, el suyo, pero que es factible. Se puede vivir en un velero, ir a Grecia a ver qué tal o navegar hasta Cádiz y ahí decidir si cruzar el Atlántico o remontar hasta Lituania.
Pues mi prima Patricia y Mónica me han hablado casi a la vez -debería presentarlas, congeniarían a la primera- del documental El filósofo del mar de A. Eidhagen (2023), que se puede ver actualmente en Filmin. El reportaje trata sobre los dos intentos de Sven Yrvind de cruzar desde Irlanda hasta Nueva Zelanda en un micro velero. Tan sólo quiere demostrar que la sociedad nos lleva cada vez a barcos más grandes, complejos e innecesarios. Un hippie en toda regla.
Unas líneas de lo que me ha trasmitido este docu. Ocurre en el mar, pero no es una película marítima, va de una persona y su espíritu de superación o de su alegría de vivir, no estoy muy seguro. Podría haber sido un cicloturista que quiere cruzar Mongolia o de un montañero que quiere subir el Chimborazo con el mismo material que usó Humboldt. Aún así los paisajes marítimos son de aúpa. El audiovisual es corto de medios, barato, con poca producción, pero lo es hasta que piensas que representa perfectamente la filosofía de Yrvind, como la última peli de Clint Eastwood, que parece un telefilm de domingo por la tarde hasta que la sencillez es abrumadora y es la vía de expresión. El personaje es un hippie de los pies a la cabeza que además está loco con papeles, lo explica el mismo. Podrías llegar a pensar que es un actor, pero el mundo es muy pequeño y una amiga de Mónica coincidió con él en Martinica. Ni seis grados de separación. Los dos barcos son minúsculos, no sé dónde mete los víveres y si pensaba beber un vaso de agua al día, imposible que un radar lo detecte y con un horizonte visual de tres millas, para él y para las luces de navegación si es que lleva.
Y aquí viene lo importante: la historia. El héroe y el antihéroe. En la misma persona está el que va a cruzar el Atlántico de norte a sur y todo el Índico, los secundarios que nos explican el personaje, el que cruzó hasta América con Yrvind y las vicisitudes que pasaron y, al mismo tiempo, el señor de ochenta y pico años que le tiemblan las manos cuando ha de sacar algo de la cartera y lo pasa mal cuando hacen una prueba de vuelco del EXLEX. Es una tragedia griega, Aristóteles contándonos que la virtud está en el punto medio, la temeridad y la cobardía franquean a la valentía. Este documental nos plantea un dilema y somos nosotros los que debemos dar una respuesta. Los hippies nos iluminan el camino, pueden ser oráculos, pero no tienen por qué respondernos claramente.


