“Nos vemos obligados a repercutir la parte del coste que no hemos podido mitigar, no por falta de voluntad, sino por la ausencia de alternativas tecnológicas viables o por nuevas normas ambientales como las que han aprobado los puertos de Baleares o Barcelona”. Este fragmento de la carta enviada por el director comercial de carga de la compañía Trasmed a sus clientes resume de forma elocuente la situación a la que está conduciendo la aplicación de los inviables objetivos medioambientales de la Agenda 2030 en el transporte marítimo, una actividad de la que depende por completo la economía insular.
A partir del 1 de junio, el precio de las mercancías se verá incrementado en 3,03 euros por metro lineal en las líneas de Trasmed que operan entre la Península y Baleares, y viceversa. Este aumento de las tarifas se suma al que ya entró en vigor a principios de este año para compensar los derechos de emisión de la UE, un impuesto ‘verde’ que, de momento, no está generando ningún beneficio para el medio ambiente, pero sí está disparando los precios de los productos que llegan a las Islas. En aquella ocasión, el encarecimiento del metro lineal fue de unos 6 euros de media (con pequeñas diferencias entre las compañías). Con el nuevo recargo, el metro de carga se ha visto incrementado en 9 euros en solo cinco meses.
El pasado 1 de mayo entró en vigor la declaración de todo el Mediterráneo como “zona especial de bajas emisiones de azufre (zona SECA)”, lo que implica la utilización obligatoria de combustibles “con menos del 0,1% de azufre o emisiones equivalentes a las de usar este tipo de combustibles”, según explica Trasmed en el comunicado a sus clientes. “Nuestra naviera –añade– está trabajando en medidas de eficiencia para reducir las emisiones de óxidos de azufre (SOx), intentando minimizar el impacto económico que, a pesar de los esfuerzos, es importante”.
El nuevo “recargo SECA”, como lo denomina la naviera del Grupo Grimaldi, se ha repercutido de momento a los intermediarios y transportistas, pero “no tardará en llegar, si es que no lo ha hecho ya, a las estanterías de los supermercados y al conjunto de productos que llegan a Baleares por vía marítima, que son casi todos”, explica uno de los clientes de Trasmed que ha recibido la carta y no puede evitar quejarse espontáneamente de la “puñetera excusa de las emisiones”.
Las compañías navieras llevan años advirtiendo de la falta de alternativas tecnológicas viables que permitan cumplir las exigencias medioambientales de la Unión Europea. Los avances en materia de descarbonización se han limitado, por el momento, a la instalación en algunos casos de propulsores duales, que pueden funcionar tanto con el tradicional fuel-oil, con un alto contenido en azufre, como con gas natural licuado, un tipo de combustiblede menor impacto que, si¡n embargo, se ha venido encareciendo debido a la mayor demanda global (especialmente europea y asiática) y a una alarmante disminución de las reservas. El mercante eléctrico es una quimera en la que no creen ni los más optimistas.
El presidente del Clúster Marítimo Español, Javier Garat, se muestra especialmente crítico con la imposición de metas utópicas por parte de las autoridades europeas. En una entrevista concedida a Gaceta Náutica Radio el pasado mes de febrero, manifestó que “los objetivos de la Agenda 2030 son imposibles de cumplir y esto nos lleva a una sensación de fracaso continuo”. También advirtió del efecto perverso de estas políticas en apariencia bien intencionadas: “La UE está exportando la deuda ambiental: todo lo que dejamos de producir vamos a tener que traerlo de terceros países y saldremos perdiendo en todos los ámbitos”.


