Los pescadores recreativos venimos observando desde hace tiempo cambios en el Mar Balear. Los comentamos entre nosotros tras las salidas de pesca y pensamos que puede ser útil que las autoridades los conozcan para que, con el apoyo de la ciencia, se integren en la gestión pesquera y ambiental.
Este verano, marcado por un calentamiento del agua superior a lo habitual y por la escasez de lluvias, las corrientes han mantenido zonas con agua algo más fría en capas superficiales. Esto ha favorecido el crecimiento de crías, pero de un tamaño mucho menor al esperado en estas fechas.
También hemos detectado una presencia muy reducida de medusas en el litoral, cuando en esta época del año solían ser mucho más abundantes.
El cambio más llamativo ha sido la escasa aparición de mantas y rayas en la costa. Antes era habitual ver grandes mantelinas en los arenales, pero este año apenas se han localizado algunos ejemplares pequeños. Curiosamente, tenemos constancia de que en la costa norte de Catalunya se han producido numerosos avistamientos, algo poco común en esas latitudes.
Por otro lado, hemos visto muchos meros, de varias especies y, en especial, de mero blanco, la mayoría de pequeño tamaño. Esta abundancia es una buena noticia y sugiere que el mero puede ser una de las especies más favorecidas por el cambio climático en nuestras latitudes.
Nos preocupa también la proliferación de redes de todo tipo que se extienden en las bahías, auténticas cortinas que dificultan el movimiento de los peces entre distintas áreas.
Otro aspecto alarmante es la aparición de "manchas" de agua dulce en varios puntos del litoral balear. Sospechamos que proceden de emisarios encubiertos o ilegales, que perjudican seriamente la calidad ambiental. Confiamos en que pronto se cumplan los nuevos estándares de la Unión Europea en materia de aguas residuales, aunque tenemos la impresión de que en algunos lugares ni siquiera se respetan las normativas antiguas.
Ante todos estos cambios, la respuesta de la administración ha sido ampliar las Reservas Marinas de Interés Pesquero, lo que nosotros denominamos falsas reservas. Cuando se presentan al sector profesional, se argumenta que estas reservas se crean para favorecer su actividad, reduciendo la competencia de otros tipos de pesca; cuando se presentan al público general, se presentan como áreas de protección de la vida marina. Es difícil conciliar ambos planteamientos, pero los políticos parecen hacerlo con facilidad, al menos sobre el papel y sin temor a rendir cuentas.
Desde nuestro punto de vista, lo que hace falta es una regulación más justa y sostenible, que contemple por igual a pescadores recreativos y profesionales. El modelo actual de Reservas Marinas de Interés Pesquero no lo consigue, y discrimina especialmente a los pescadores submarinos. Parece como si un pez fuera sostenible si se captura con caña o red, pero dejara de serlo si se pesca con un fusil.
La fragmentación del mar balear que se está llevando a cabo no apunta hacia una mayor sostenibilidad, sino hacia la explotación intensiva de cada metro cuadrado. Y todo ello, además, como si se quisiera apartar a los pescadores recreativos, en especial a quienes buscamos un pez desde dentro del agua, por ser incómodos testigos de lo que ocurre.


