La operativa marítima de la mayor red de tráfico de drogas y armas desarticuladas en Baleares ha quedado al descubierto gracias a la operación Enroque–Manso, desarrollada de forma conjunta por el Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil. Gaceta Náutica ha tenido acceso a las diligencias policiales del caso, donde se detalla con todo lujo de detalles cómo la organización liderada por el ciudadano serbio Stephan Milojevic introducía grandes cantidades hachís y cocaína en el archipiélago a través de la costa y los puertos comerciales.
La documentación revela la penetración de la banda en la Policía Nacional y la Policía Portuaria, donde contaban con informantes, así como la existencia de vínculos con peligrosas organizaciones internacionales balcánicas –entre ellas, el temido clan de montenegrino de los Kavac– y el uso combinado de lanchas planeadoras, ferris y camiones para transportar armas y estupefacientes.
Las diligencias describen que el tráfico de la droga se realizaba fundamentalmente por dos métodos. El primero, mediante embarcaciones neumáticas de gran potencia, conocidas en el argot delincuencial como «gomas», procedentes del norte de África. El segundo, a través de contenedores llegados de América del Sur, donde la cocaína se camuflaba entre partidas de mercancía legal. A estos métodos se pretendía sumar un plan en fase de desarrollo: según las conversaciones intervenidas a uno de los hombres de confianza de Milojevic, la organización estaba en negociaciones para llevar a cabo, en un corto periodo de tiempo, introducciones directas en Mallorca de hasta 3.000 kilos de hachís mediante planeadoras. Este plan fue abortado el pasado 11 de agosto, fecha en que la Policía y la Guardia Civil decidieron poner en marcha una macroredada que se saldó con más de 70 detenidos –de los que una cuarentena fueron ingresados en prisión provisional, entre ellos un inspector de la Policía Nacional y un ex agente de la Policía Portuaria– y el decomiso de 687 kilos de cocaína, 2.600 de hachís, diversas armas de fuego y 1,5 millones de euros.
Entre los episodios más ilustrativos del modus operandi de la organización desmantelada destaca la aprehensión de 200 kilos de hachís a principios de septiembre en una operación del Servicio Marítimo de la Guardia Civil. Las diligencias describen cómo una embarcación semirrígida de aproximadamente seis metros de eslora fue detectada por un helicóptero HELIMER cuando navegaba hacia Mallorca. Al advertir la presencia policial aérea, el patrón comenzó a lanzar al mar cinco bolsas de viaje negras que contenían la droga. La embarcación fue abordada posteriormente y el patrón detenido, mientras que las cinco bolsas fueron recuperadas, cada una con unos cuarenta kilos de polen de hachís. Este alijo perdido generó una importante deuda y una fuerte tensión dentro de la organización, según se desprende de una serie de intervenciones telefónicas incluidas en las diligencias consultadas por GN. Se estima que los narcos consiguieron realizar con éxito hasta 43 de estos transportes.
La isla de Ibiza actuaba como base de entrada y primera capa logística. Una vez introducidas en la isla, las sustancias estupefacientes se movían hacia Mallorca. Para este tránsito interinsular, la organización mallorquina aportaba la infraestructura necesaria, incluyendo camiones y vehículos registrados a nombre de terceros que eran utilizados para ocultar, transportar y mover la droga en ferris. Las diligencias acreditan que el grupo adquirió camiones para adaptarlos con dobles fondos diseñados para esconder la cocaína y el hachís durante los desplazamientos, eludiendo los controles portuarios. La estructura operativa contaba además con vehículos «lanzadera», utilizados como apoyo y para dar seguridad en las descargas. Estos coches eran asegurados por días y puestos a nombre de testaferros.
El trabajo de campo en Ibiza recaía en un equipo de colaboradores habituales encargados de la descarga y primeros movimientos de los fardos. Este grupo actuaba en coordinación con la facción mallorquina y con una organización albanesa asentada en Ibiza, Barcelona, Valencia y Zaragoza. De acuerdo siempre con la investigación policial, el bloque albanés, pieza estratégica en el circuito de narcotráfico internacional, aportaba conexiones, contactos y estructuras logísticas para introducir cocaína, hachís y armas en territorio español. Actuaba a la vez como proveedor e intermediario.
Al frente de todo el entramado balear figuraba Stefan Milojevic, luchador de MMA, conocido por ser el hijo de un conocido futbolista del Mallorca de los años 90 y presunto responsable de las negociaciones para la adquisición y entrada de la droga en las islas. Las diligencias acreditan que buscaba ampliar la red reclutando a un transportista o patrón totalmente fiable. Stefan llegó a prometerle que lo haría «millonario» si aceptaba trabajar para las dos organizaciones asociadas –la mallorquina y la albanesa– garantizando así un canal marítimo estable.
La red, según sostienen los investigadores, había profesionalizado como nunca la contravigilancia y el tráfico de drogas en el Mar Balear. El sumario señala que el uso de embarcaciones rápidas, el apoyo de organizaciones extranjeras y la logística interinsular habían convertido a Ibiza y Mallorca en una especie de hub para la entrada y redistribución de drogas en Europa.
La mano derecha del líder estuvo en la Policía Portuaria
INFILTRADO. La red liderada por Milojevic tuvo a un ‘infiltrado’ en la Policía Portuaria durante varios días. La investigación atribuye a este individuo, identificado como Ángel. L.L. y destinado el pasado julio en el puerto de Palma para cubrir una vacante, un rol muy destacado en la organización. Era uno de los «hombres de confianza» del cabecilla de la banda, al que, según los informes policiales a los que ha podido acceder este periódico, acompañaba en operaciones y viajes clave destinados a planificar la introducción de importantes cantidades de hachís y cocaína en Mallorca e Ibiza, y con quien mantenía conversaciones regulares acerca de aspectos logísticos y operativos de la organización.
CONVERSACIONES INTERVENIDAS. Los investigadores han recabado numeroso material incriminatorio contra Ángel L.L., entre el que se encuentran diversos pinchazos de conversaciones telefónicas u obtenidas a través micros ocultos. En ellas, el sospechoso contratado temporalmente como agente portuario habla con Milojevic sobre tráfico de armas, introducción de drogas, reparto de beneficios, medidas de contravigilancia e incluso decisiones estratégicas de la propia red.
TRITURADORES DE CARNE. Las pesquisas han revelado que la red mantenía vínculos con diversas mafias, entre ellas el temido clan montenegrino Kavac, conocido por la extrema violencia de sus ajustes de cuentas. En una conversación interceptada, Milojevic advierte a su interlocutor que no puede «jugar» con los miembros de esta organización porque «le cocinarían». La Guardia Civil recalca en este punto que, a raíz del citado pinchazo, queda «meridianamente claro» que un gran cargamento destinado a Ibiza era propiedad de la banda montenegrina. Y añade a continuación: «Es sabido que el clan Kavac posee la fama de triturar y cocinar a las personas que le fallan o a sus enemigos».
POLICÍA CORRUPTO. Entre los detenidos y encarcelados en la operación Enroque-Manso se encuentra el ex jefe del Grupo II de Estupefecientes, Faustino N.G., al que se atribuye también un estrecha relación con Milojevic.


