Las aguas de Baleares dan cobijo a todos los cetáceos que son comunes en el Mediterráneo. Delfines, calderones, la ballena de cuvier, el rorcual común… Pero tal vez el más espectacular de todos sea el cachalote. Su cabeza enorme, su boca dentada, su capacidad de explorar las profundidades a miles de metros de profundidad y toda una serie de historias, libros y películas lo convierten sin duda en un animal de leyenda.
Ahora, además, los científicos han revelado un nuevo dato sorprendente: los cachalotes emiten sonidos que son diferentes según la población a la cual pertenecen. En el caso concreto del Mediterráneo, estos grandes animales generan unos «patrones de clics estereotipados» o «codas» que siguen un ritmo de 3+1. Exactamente el mismo ritmo que tienen muchas músicas de raíz del área mediterránea.
«Es un taranto o tiento. Muchas músicas marroquíes, turcas, tunecinas y griegas tienen esta base», asegura Txema Brotons, biólogo y alma máter de Tursiops, la asociación líder en el estudio de los cetáceos en Baleares. «En el Mediterráneo se ha dado una convergencia cultural interespecífica: un animal y las personas hemos llegado al mismo ritmo», añade.
Por poner un ejemplo famoso, el 3+1 sería el ritmo que ejecutan las palmas en el comienzo de Pájaros de barro, la popular canción del compositor y cantante Manolo García. En su caso, los cachalotes emiten el patrón gracias al enorme poder fónico de su cabeza. El objetivo del sonido es capturar presas (habitualmente calamares) o socializar.

Impresionante imagen de un gran cachalote a un metro de la superficie.
HIDRÓFONO
Las codas son también de vital importancia para poder observar y estudiar a estos animales. Los cachalotes pasan mucho tiempo sumergidos (pueden permanecer bajo el agua 50 minutos o más), y por lo tanto su localización a simple vista es muy complicada. Para poder hallarlos, se utiliza un hidrófono de arrastre, un micrófono sumergible que capta un espectro de frecuencias mucho más amplio que el oído humano. «Navegamos con el hidrófono colgando, y vamos haciendo escuchas, y cuando encontramos un animal, lo seguimos para poder estar al lado cuando sale a la superficie», relata Txema Brotons. Una vez fuera, el animal es localizado a través de los soplidos que hace por el espiráculo, una especie de surtidor que puede alcanzar los 15 metros sobre el nivel del mar.
Tursiops ha constatado la presencia de cachalotes en numerosos puntos del Mar Balear. Sin embargo, uno de ellos es especial. Se encuentra al norte de Menorca. Allí sobre todo hay hembras y crías, y la presencia de machos es muy residual. Esto ha llevado a Tursiops a deducir que el norte de Menorca es una «guardería de cachalotes». Es decir, un lugar al cual estos animales se trasladan para criar a sus pequeños.
«Los cachalotes tienen una estructura social muy compleja. Se segregan por sexos. Los machos adultos son solitarios y las hembras forman grupos sociales con las crías», explica Brotons.
El cachalote del Mediterráneo es exactamente igual que el que surca las aguas de todo el planeta, solo que más pequeño. De nombre científico Physeter macrocephalus, en los grandes océanos los machos pueden alcanzar los 20 metros de longitud, mientras que en el Mediterráneo llegan a los 14 metros.
EL ESPERMACETI
El órgano más distintivo del cachalote es la cabeza, que en el caso de los machos constituye un tercio de su longitud total, y en el de las hembras, una quinta parte. En la frente, se localiza una enorme cavidad repleta de una especie de aceite o cera. Este líquido es conocido como espermaceti, y tiene la facultad de solidificarse para facilitar al cachalote la inmersión hasta grandes profundidades (que pueden alcanzar en algunos casos los 2.000 metros), y de licuarse para, igualmente, posibilitar su regreso a la superficie.
El espermaceti fue, precisamente, el principal responsable de la caza masiva de estos animales entre el siglo XVIII y los años 80 del siglo XX. Gracias a sus características, era muy útil como combustible para lámparas de aceite, impermeabilizante para el cuero y también como lubricante. Además, se usaba para fabricar velas, jabón, cosméticos y lápices.
A finales del XVIII, los puertos de Massachusets, New Cork, Connecticut y Rhode Island producían 45.000 barriles anuales de aceite de cachalote. El animal era capturado en el Atlántico, el Pacífico, el Índico, Japón, las costas de Arabia, Australia… Se calcula que la caza comercial redujo el número de animales hasta un tercio de la población inicial. Actualmente, pese a que el cachalote está protegido desde 1985, la UICN sigue considerándolo como una especie en peligro de extinción.
Hoy en día, la causa más habitual de mortalidad en los cachalotes en el Mediterráneo son las colisiones con embarcaciones. Por ello, Tursiops trabaja en la implantación de cámaras en grandes barcos, con el objetivo de evitar estos choques. Igualmente, otro de sus proyectos es un mapa que identifique las áreas más frecuentadas por cachalotes, para poder hacer reducciones de velocidad o desvíos de rumbo quirúrgicos.
EN LA LITERATURA
El cachalote y su universo han dado lugar a grandes obras de la literatura. La más famosa es sin duda Moby Dick, de Herman Melville (1851). La novela parte de dos hechos reales: el mito de Mocha Dick, la gigantesca ballena blanca que según la leyenda vivía frente a las costas de Chile, y el hundimiento del barco ballenero Essex, embestido por uno de estos animales. El capitán Ahab, obsesionado con dar caza al animal, el narrador, Ismael, y la frase «¡Por allí resopla!» forman parte del imaginario colectivo.
Narración de Arthur Gordon Pym, de Edgar Allan Poe, narra la historia de un hombre que se embarca clandestinamente en un barco ballenero. Motines, naufragios, canibalismo, guerras con nativos… Una de las obras más controvertidas, extrañas y enigmáticas de su autor.
En el corazón del mar (2015), de Nathaniel Philbrick, narra qué sucedió a los supervivientes del Essex después del hundimiento. Se trata de una crónica trágica y emocionante, la de unos hombres al borde del horror cuyo coraje y lucha por sobrevivir fueron más allá de cualquier límite imaginable.
Leviatán o la ballena, premio BBC Samuel Johnson al mejor libro de no ficción en 2009, combina historia, biología y literatura. Philip Hoare explora en esta «obra imprescindible’, en palabras de Fernando Savater, la tormentosa relación del hombre con las ballenas y traza una historia cultural para intentar comprender el secreto de la fascinación que estos animales ejercen sobre nosotros.


