El puerto de Palma penetra en la ciudad
El Plan Marco de la APB prevé la mayor transformación de la instalación desde la creación del Dique del Oeste a través de un concurso internacional

El Plan Marco de la APB prevé la mayor transformación de la instalación desde la creación del Dique del Oeste a través de un concurso internacional

El Puerto de Palma se prepara para una de las intervenciones más importantes desde la construcción del Dique del Oeste a mediados del siglo pasado. En esta ocasión, sin embargo,  la transformación no está encaminada a mejorar el abrigo del espejo de agua, sino a derribar las barreras que históricamente han impedido la unión del puerto con la ciudad que lo acoge y le da nombre. El proyecto de futuro de la Autoridad Portuaria de Baleares (APB) para el conjunto de la instalación, presentado el pasado 19 de diciembre bajo la denominación de Plan Marco, establece unas férreas directrices cuyo fin principal es, una vez garantizada la operativa portuaria y el abastecimiento de la isla, integrar el Moll Vell en la ciudad, desplazando la industria del mantenimiento de yates al extremo occidental del puerto, lejos de la zona urbana. 

El plan, presentado oficialmente el pasado 19 de diciembre en la sede de la APB por el presidente de este organismo, Javier Sanz, y el alcalde de Palma, Jaime Martínez, contempla una inversión pública de unos 240 millones de euros, a la que se cabe sumar las aportaciones privadas derivadas de las concesiones portuarias (como es el caso de los clubes náuticos de Palma y el Portitxol, o en su día del Club de Mar), y propone la convocatoria de un concurso de ideas internacional para definir el desarrollo urbanístico y arquitectónico del Moll Vell y de otros espacios colindantes, como el muelle de Pescadores y las actuales instalaciones de Astilleros de Mallorca.

Los equipos que concurran a la licitación deberán plantear una solución integral basada en los usos del Plan Marco. Entre las actuaciones previstas se incluyen la creación de una escuela municipal de vela y piragüismo frente a la Catedral (con la posibilidad de que albergue también un centro de alto rendimiento gestionado por la Real Federación Española de Vela), el nuevo edificio del centro de formación profesional náutico-pesquero, un polo marino (formado por el centro oceanográfico, la sede del sistema de observación costera y dos edificios destinados a la innovación náutica), el museo marítimo de Mallorca y la recuperación del histórico Paseo de la Riba, derribado en 1965, con la restitución del faro del mismo nombre en su emplazamiento original.

La APB prevé haber concluido a mediados de mayo la selección de los cinco mejores despachos de arquitectura que muestren interés en el proyecto. Cada uno de ellos recibirá, de entrada, una compensación económica de 80.000 euros, condicionada a que ideas de las propuestas presentadas puedan ser incorporadas, si procede, al proyecto que resulte ganador. La decisión final sobre cuál de estos cinco proyectos resulta elegido para llevar a cabo la obra pública más importante de la década en Baleares corresponderá a una comisión técnica integrada por todas las instituciones implicadas: APB, Govern de les Illes Balears, Consell de Mallorca y Ayuntamiento de Palma. 

El diseño definitivo deberá resolver aspectos relacionados con la conectividad y la movilidad en el entorno portuario y urbano. El extremo del Moll Vell estará destinado al tráfico marítimo de pasajeros y mercancías, de modo que será necesario garantizar el acceso rodado a este punto crucial para la operativa portuaria sin invadir el área lindante de uso recreativo, que constituye la joya de la corona del Plan Sanz.  

El presidente de la APB recalca que el desarrollo del Moll Vell es posible gracias a la reordenación de los usos portuarios y, en particular, al traslado de la actividad de reparación y mantenimiento de grandes yates al dique del Oeste. Sin este movimiento, nada de todo lo demás sería posible. «Estamos planteando –afirma Sanz– un proyecto transformador muy ambicioso y a largo plazo. Hablamos de un cambio muy importante para el puerto y para la ciudad. Estimamos su ejecución final en unos diez años, aunque nos pondremos manos a la obra en 2026».

El Plan Marco, advierte Sanz, establece las pautas, pero su plasmación definitiva puede variar sustancialmente respecto a las recreaciones exhibidas durante la presentación del pasado diciembre, al estar estas supeditadas al concurso internacional de ideas: «El plan marca unas premisas claras, pero queremos que los mejores arquitectos del mundo, apoyados por estudios locales, aporten su experiencia creativa para que los ciudadanos y visitantes de Palma puedan disfrutar en el futuro de uno de los mejores puertos del Mediterráneo».

PULMÓN VERDE

La idea de integrar el Moll Vell en la ciudad de Palma no es nueva, sino que forma parte de un viejo anhelo que se alimenta de la lógica histórica y urbanística. La presencia del polígono de reparación de grandes yates en la explanada situada frente a la Catedral es una anomalía que, con el paso del tiempo, ha terminado por enquistarse. No es fácil trasladar la base operativa de una industria que, por si fuera poco, ha sido calificada de estratégica. Pero a la vez no tiene ningún sentido ofrecer la vista de un mar de plásticos (los cubrimientos de las embarcaciones varadas) a quienes se asoman al balcón de la muralla medieval. Ningún dirigente de la APB se había atrevido hasta el momento a realizar este movimiento en el tablero. Si el Plan Marco llega a buen puerto, nunca mejor dicho, habrá que incluir el mérito principal en el haber de Javier Sanz. 

Una reforma del calado del Plan Marco del Puerto de Palma requiere, además de un amplio consenso que permita su desarrollo, dinero y tiempo. Que las principales instituciones estén alineadas con la APB no deja de responder a la coincidencia en el color político de quienes las gobiernan  en este momento, pero no se puede negar que Sanz y su equipo han buscado recabar el apoyo de la sociedad civil a través de más de 60 reuniones con entidades de todo tipo. En cuanto al dinero, no debería ser problema para la APB, una empresa pública que recauda a manos llenas en forma de tasas y cánones, y que tiene el deber de reinvertir sus beneficios en obra pública y mejores servicios. Seguramente, los 240 millones anunciados se quedarán muy cortos. El tiempo estimado de la obra –10 años– puede parecer mucho, pero ningún proyecto que se autoproclame ambicioso se estará listo en el corto plazo de una legislatura.

La inexistencia hasta el momento de una escuela municipal de vela y piragüismo en el puerto, que podría ejercer también de centro de alto rendimiento, es insólita en una isla que lidera los ránkings nacionales de ambas disciplinas. Su gestión, si nos atenemos de nuevo a la lógica, debería ser asumida por un club náutico con experiencia en la materia.

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